Se presenta la novela "El asesino hipocondriaco"
Por Felipe Velasco
Ayer se presentó en la FNAC de Callao la primera novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel, El asesino hipocondriaco, la historia de una asesino profesional que lleva una vida de fracaso tras fracaso en su trabajo debido a las inoportunas enfermedades que le asaltan a cada momento cada vez que intenta cumplir con el trabajo que le han encargado. Esta novela, además, ha sido finalista del Premio Clarín. La novela ha sido publicada por Plaza & Janés.
Pese a que esta sea la primera novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel, éste no es un escritor novel y porta en su haber una gran cantidad de publicaciones y premios en otros géneros como los cuentos o relatos cortos, entre ellos premios como el Ignotus o el Setenil.
En primer lugar, hay que destacar que es muy importante la formación del autor como filósofo, lo que le ha permitido introducir en la novela a alguno de estos célebres pensadores caracterizados de la mejor forma posible. De este modo, aunque podamos pensar que los filósofos son raros, nos podemos dar cuenta de que también pueden ser graciosos y nos pueden contagiar las ganas de leer.
El estilo de la novela es certero y preciso y, a su vez un poco calórico, ya que engordamos en conocimiento al aprender mucho de los grandes intelectuales y pensadores. Además, la adicción a la novela no sólo viene dada por estas reminiscencias a la filosofía, sino sobre todo por el protagonista. El señor Y nos engancha hasta llegar a un momento en el que podemos sentir lástima, pero también nos puede fascinar y puede incluso transmitirnos parte de su hipocondría (pero no sus instintos asesinos, afortunadamente).
En cuanto a la trama de la novela, no puedo dejar de mencionar que ya desde la antigüedad se sabe de la relación estrecha entre enfermedad y literatura y se ha considerado a los escritores como unos enfermos particulares, ya que se pasan la mayor parte del tiempo con personas imaginarias y no con personas reales. Así vemos cómo Platón, en La República, quería expulsar a los poetas de la sociedad.
Por otro lado, la investigación policíaca también se relaciona con la enfermedad: tanto los detectives como los médicos tratan de averiguar algo, ya sea quién es el culpable de un asesinato o cuál es la causa de una enfermedad. Así, encontramos un vínculo entre enfermedad, investigación y literatura que en esta novela se lleva a sus últimas consecuencias.

Así, una de las dudas que puede plantear el leer este libro es si es una novela policiaca o una novela psicológica que trata de cómo siente una persona que cree tener todas las enfermedades a la vez. Por tanto, vamos a adentrarnos en la obsesión de un hombre por un trabajo de asesinato, que se ve dificultado por las enfermedades que le asaltan. Por tanto, viajaremos entre la enfermedad y la locura, entre su voluntad y la imposibilidad de llevar a cabo su tarea al intentar matar a un hombre, quien se terminará convirtiendo en su único vínculo con el mundo real.
También hacemos un viaje al pasado, lo que da lugar a un tratado de enfermedad literaria en el que vemos cómo las enfermedades de los grandes escritores y pensadores han dado lugar a los signos de las obras que nos han apasionado a lo largo de varios siglos.
Por otro lado, el humor aparece a lo largo de la novela de modo sutil e inteligente. Nunca deja de estar presente, ya que vemos cómo el protagonista va de una situación ridícula a otra hasta que logra conmover a los lectores.
Pero lo más importante de El asesino hipocondriaco es que es una novela contada desde la mente de alguien, todo depende de la percepción de ese narrador en primera persona, narrador que se va humanizando poco a poco a base de escuchar o ver en su víctima cómo es una relación humana de verdad, escuchar música...
A su vez, vemos cómo este narrador está afectado por una gran cantidad de enfermedades y cómo en un inicio se deja llevar por todas sus enfermedades imaginarias, pero luego termina dándose cuenta de que la realidad es diferente a cómo la ha estructurado en su mente. Está tan solo que necesita amigos, que él ha encontrado en sus libros. Sus amigos son esos filósofos y esos autores (a los que él denomina espíritus sensibles) que le han influido debido a que tienen las mismas enfermedades que él. También le une a ellos su mala suerte, que no les abandonó en ningún momento de sus vidas.
También vemos en esta novela el fenómeno de las enfermedades contagiadas por el papel: el gran acceso del público a todos los síntomas de las enfermedades hace que a alguno nos coincida alguno de los tantos signos que podemos leer con nuestro estado actual. Esto nos lleva a un estado de paranoia en el que nos autosugestionamos de que tenemos alguna de estas enfermedades, pero en la realidad todo está en nuestra mente.
Finalmente, hay que destacar que, pese a su hipocondría, el protagonista busca siempre una excusa que se apoya en un fundamento legal para que pueda exculparlo en caso de que le pillen. De este modo, vemos que el protagonista es un asesino que nunca ha estado en la cárcel por asesinato, pero sí por un homicidio involuntario, por llevar en el bolsillo de su chaqueta un picahielos que causó “casualmente” la muerte a una persona.
En definitiva, estamos ante una novela de gran talla en la que un solo personaje es capaz de crear una historia que fluctúa entre la investigación, la enfermedad, el humor y la filosofía.
Actualidad literaria
Entrevista a Muñoz Rengel
Puedes comprar el libro en:

Ayer se presentó en la FNAC de Callao la primera novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel, El asesino hipocondriaco, la historia de una asesino profesional que lleva una vida de fracaso tras fracaso en su trabajo debido a las inoportunas enfermedades que le asaltan a cada momento cada vez que intenta cumplir con el trabajo que le han encargado. Esta novela, además, ha sido finalista del Premio Clarín. La novela ha sido publicada por Plaza & Janés.
Pese a que esta sea la primera novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel, éste no es un escritor novel y porta en su haber una gran cantidad de publicaciones y premios en otros géneros como los cuentos o relatos cortos, entre ellos premios como el Ignotus o el Setenil.
En primer lugar, hay que destacar que es muy importante la formación del autor como filósofo, lo que le ha permitido introducir en la novela a alguno de estos célebres pensadores caracterizados de la mejor forma posible. De este modo, aunque podamos pensar que los filósofos son raros, nos podemos dar cuenta de que también pueden ser graciosos y nos pueden contagiar las ganas de leer.
El estilo de la novela es certero y preciso y, a su vez un poco calórico, ya que engordamos en conocimiento al aprender mucho de los grandes intelectuales y pensadores. Además, la adicción a la novela no sólo viene dada por estas reminiscencias a la filosofía, sino sobre todo por el protagonista. El señor Y nos engancha hasta llegar a un momento en el que podemos sentir lástima, pero también nos puede fascinar y puede incluso transmitirnos parte de su hipocondría (pero no sus instintos asesinos, afortunadamente).
En cuanto a la trama de la novela, no puedo dejar de mencionar que ya desde la antigüedad se sabe de la relación estrecha entre enfermedad y literatura y se ha considerado a los escritores como unos enfermos particulares, ya que se pasan la mayor parte del tiempo con personas imaginarias y no con personas reales. Así vemos cómo Platón, en La República, quería expulsar a los poetas de la sociedad.
Por otro lado, la investigación policíaca también se relaciona con la enfermedad: tanto los detectives como los médicos tratan de averiguar algo, ya sea quién es el culpable de un asesinato o cuál es la causa de una enfermedad. Así, encontramos un vínculo entre enfermedad, investigación y literatura que en esta novela se lleva a sus últimas consecuencias.

Así, una de las dudas que puede plantear el leer este libro es si es una novela policiaca o una novela psicológica que trata de cómo siente una persona que cree tener todas las enfermedades a la vez. Por tanto, vamos a adentrarnos en la obsesión de un hombre por un trabajo de asesinato, que se ve dificultado por las enfermedades que le asaltan. Por tanto, viajaremos entre la enfermedad y la locura, entre su voluntad y la imposibilidad de llevar a cabo su tarea al intentar matar a un hombre, quien se terminará convirtiendo en su único vínculo con el mundo real.
También hacemos un viaje al pasado, lo que da lugar a un tratado de enfermedad literaria en el que vemos cómo las enfermedades de los grandes escritores y pensadores han dado lugar a los signos de las obras que nos han apasionado a lo largo de varios siglos.
Por otro lado, el humor aparece a lo largo de la novela de modo sutil e inteligente. Nunca deja de estar presente, ya que vemos cómo el protagonista va de una situación ridícula a otra hasta que logra conmover a los lectores.
Pero lo más importante de El asesino hipocondriaco es que es una novela contada desde la mente de alguien, todo depende de la percepción de ese narrador en primera persona, narrador que se va humanizando poco a poco a base de escuchar o ver en su víctima cómo es una relación humana de verdad, escuchar música...
A su vez, vemos cómo este narrador está afectado por una gran cantidad de enfermedades y cómo en un inicio se deja llevar por todas sus enfermedades imaginarias, pero luego termina dándose cuenta de que la realidad es diferente a cómo la ha estructurado en su mente. Está tan solo que necesita amigos, que él ha encontrado en sus libros. Sus amigos son esos filósofos y esos autores (a los que él denomina espíritus sensibles) que le han influido debido a que tienen las mismas enfermedades que él. También le une a ellos su mala suerte, que no les abandonó en ningún momento de sus vidas.
También vemos en esta novela el fenómeno de las enfermedades contagiadas por el papel: el gran acceso del público a todos los síntomas de las enfermedades hace que a alguno nos coincida alguno de los tantos signos que podemos leer con nuestro estado actual. Esto nos lleva a un estado de paranoia en el que nos autosugestionamos de que tenemos alguna de estas enfermedades, pero en la realidad todo está en nuestra mente.
Finalmente, hay que destacar que, pese a su hipocondría, el protagonista busca siempre una excusa que se apoya en un fundamento legal para que pueda exculparlo en caso de que le pillen. De este modo, vemos que el protagonista es un asesino que nunca ha estado en la cárcel por asesinato, pero sí por un homicidio involuntario, por llevar en el bolsillo de su chaqueta un picahielos que causó “casualmente” la muerte a una persona.
En definitiva, estamos ante una novela de gran talla en la que un solo personaje es capaz de crear una historia que fluctúa entre la investigación, la enfermedad, el humor y la filosofía.
Actualidad literaria
Entrevista a Muñoz Rengel
Puedes comprar el libro en:





