• Diario Digital | Martes, 20 de Febrero de 2018
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CRÍTICAS LITERARIAS

“Espumas y plomo” de Joaquín Dicenta

A finales del siglo XIX y comienzos del XX hubo una generación de escritores y periodistas que vivían la vida de forma bohemia y exagerada; Joaquín Dicenta fue, quizá, el más representativo de todos ellos.

“Espumas y plomo” de Joaquín Dicenta

Como periodista, poeta y dramaturgo, el éxito le acompañó gran parte de su vida, sin embargo, el olvido se ha cernido sobre él y muy pocos le recuerdan. Como periodista fue director del periódico republicano “El País” y de “Germinal”. En realidad, su pluma trabajó para casi todos los diarios de la capital. Como dramaturgo fue autor de 51 obras dramáticas, la más conocida “Juan José”, en su tiempo fue la obra más representada después de “Don Juan Tenorio”. Como poeta, en las tertulias de los cafés que solía visitar, recitaba sus poemas y se embarcaba en disputas de todo tipo.

espumas-y-plomo​Se podría decir que vivía en los cafés, como muchos de los escritores de la generación del 98, y en las redacciones de los periódicos. Fue un adelantado a la mejor generación de escritores que hemos tenido en nuestro país. Pese a tanta actividad, le dio tiempo a casarse. Fue padre del dramaturgo Joaquín Dicenta Alonso y del actor Manuel Dicenta Alonso. Estirpe que llegará hasta hoy en día con los actores Daniel Dicente, quizá el último bohemio que vivió gran parte de sus últimos años en la calle aunque falleció finalmente en un mísero hostal, y Natalia Dicenta.

La idea de recuperar a genios como Joaquín Dicenta siempre es bien recibida. Cualquier aprendiz de periodista que se precie tiene que conocer su vida y su obra. Como periodista fue uno de los pioneros del nuevo periodismo, tanto su teatro social como sus crónicas sociales son un ejemplo a seguir.

El volumen “Espumas y plomo” se publicó por primera vez en 1903. El libro está dividido en dos partes diferenciadas que se podría ampliar hasta tres. En la primera de ellas recoge siete crónicas marineras de un viaje que realizó en el verano de 1902 desde Barcelona hasta Canarias. De manera pormenorizada cuenta el viaje de modo epistolar a su amigo Miguel Moya. Su escritura es muy periodística pero su alma de poeta hace que muchos pasajes estén compuestos con una prosa poética, vívida y lúcida. Sus reflexiones de lo que se va encontrando en la singladura y lo que deja en un Madrid vacío por el ferragosto son sencillamente antológicas. Sus descripciones de las Islas Afortunadas están llenas de color y aroma marinero.

Radicalmente distintas son las crónicas sociales que realizó en diversas poblaciones mineras de Andalucía y La Mancha. La segunda parte del libro está compuesta de los capítulos Plomo y Otras crónicas sociales. Como se imaginarán la parte titulada Plomo se desarrolla en la localidad jienense de Linares, como sabrán las minas más importantes de este metal estaban en dicha localidad y en la cercana La Carolina. Joaquín Dicenta se muestra en estas crónicas más periodista que literato. Su preocupación por las condiciones de trabajo de los mineros y las condiciones de vida de sus familias ocupan el primer plano de sus narraciones. Crónicas concisas que contienen una dura crítica social y son un fiel reflejo de las condiciones de aquellos mineros que malvivían con su mísero jornal.

Se completa esta parte del libro con otras crónicas sociales que se desarrollan en la localidad minera de Almadén, el mercurio era el metal que se extraía en esas minas y que eran fuente de diversas enfermedades para los trabajadores de las minas. El grisú de las minas provocó muchas muertes entre ese colectivo tan castigado por la miseria. Dicenta se pone siempre del lado del más débil, del minero que ha enfermado con su trabajo. Estas crónicas tienen un tono de rebeldía de aquel que se rebela contra las injusticias y las condiciones de trabajo que había en los comienzos del pasado siglo.

La prosa de Joaquín Dicenta es un dechado de realismo social al que une una retórica poética y subyugante, son crónicas que no se pueden dejar de leer y que están escritas con una perfección periodística que ya quisiésemos leer en la actualidad. Además, el libro contiene un artículo introductorio de José Ramón Trujillo que ayuda a entender el marco social de aquellos tiempos. Una obra recomendable para todo el mundo pero, sobre todo, para los estudiantes de periodismo.

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