• Diario Digital | Lunes, 18 de Diciembre de 2017
  • Actualizado 13:58

Entrevista a Irene Gracia, autora de “Ondina o la ira del fuego”

“Vivimos una época de narcisismo y estupidez”

El año pasado se conmemoró el segundo centenario del esteno de la opera “Ondina” del literato y compositor musical E. T. A. Hoffmann. En nuestro país dicha celebración pasó con más pena y olvido que gloria, menos mal que Irene Gracia con su nueva novela “Ondina o la ira del fuego” viene a salvar del olvido aquella magistral ópera con su enternecedora novela que pone de actualidad una de las obras cruciales del género operístico.

Irene Gracia
Irene Gracia
Entrevista a Irene Gracia, autora de “Ondina o la ira del fuego”

E. T. A. Hoffman ha tenido más reconocimiento como escritor que como compositor aunque compuso música religiosa o para obras de teatro, sinfonías y ballets. La partitura de la ópera “Ondina” se basó en un libreto de Friedrich de la Motte Fouqué que la había escrito en 1811, en pleno auge de las narraciones fantásticas. La ópera se estrenó el 3 de agosto de 1816 en Berlín y se representó hasta que un incendio destruyó el teatro. Esta es la historia que nos cuenta Irene Gracia en su apasionante novela.

“La historia encumbró a Hoffmann como escritor y lo renegó como músico”, nos dice Irene Gracia nada más comenzar la entrevista que tuvo lugar en la sede de Ediciones Siruela. “Sin embargo, la gran vocación de Hoffmann fue la música. Yo llegué a su música por la veneración que tenía a sus cuentos”, reconoce la escritora madrileña.

Para la autora, la efeméride ha pasado desapercibida en casi todo el mundo. “Vivimos una época de narcisismo y estupidez que no sabe reconocer las artes”, afirma la escritora contundentemente dentro de su fragilidad. En aquella época sucedía algo parecido “A Hoffmann no se le perdonaba su éxito con escritor, quizá por eso no tuvieron tanto éxito sus composiciones, además si unimos que el incendio del teatro destruyó parte de las partituras de su ópera, ese incidente coadyuvó a que su obra, durante muchos años, no fuese representada”, expone la autora de "Ondina o la ira del fuego".

“Hoffman tenía mucho ingenio. Llenaba las representaciones de su ópera todas las noches, pero la crítica le denostaba pese al apoyo incondicional de Richard Wagner, que le hizo una buena reseña aunque luego trató de denostarlo. Era como matar al maestro, ya que el compositor bebió en las fuentes de Hoffmann”, recuerda la escritora madrileña.

Para Irene Gracia, “el esqueleto de mi novela es ante todo histórico. Hay que tener mucho cuidado con el esqueleto de la obra porque si se te cae la estructura de la misma, se cae toda la novela. También es un reconocimiento a la maravillosa labor de Hoffmann, aunque no he pretendido hacerle un homenaje, ya que lo que ha pasado con Ondina es un pecado”.

En su opinión, “lo que tiene mucha vida genera vida y la obra de Hoffmann la tiene a raudales. Sus obras destilan un instinto de superación increíble, un camino de perfección para todos los que se interesen por su obra”. También destaca la honestidad que el escritor prusiano destilaba en todas y cada una de sus obras, sean tanto literarias como musicales.

Los tiempos que vivimos no se tienen ningún respeto por las artes. “Tanto en la pintura, como en la escultura o en la literatura no se tiene ningún respeto por el oficio”, opina la escritora. Lo mismo podríamos decir del periodismo y de tantas otras ocupaciones. “Todo proceso de creación tiene tres fases, el primero de construcción, el segundo de destrucción y un último estadio de resurrección. Yo para escribir necesito un estado de conciencia y Hoffmann me lo ha dado”, analiza con convicción.

Irene Gracia se siente muy cómoda escribiendo en primera persona. “Me cuesta muy poco ponerme en la mente de los personajes ya que eso me ayuda a descubrir la parte oscura de mi propio ser”. Quiere ser ante todo una persona ética y sus novelas reflejan a la perfección ese deseo que tiene de querer redimirse. “La redención solo la superas cuando la asumes”, subraya.

Además, en la novela, describe un tiempo en el que las tertulias eran el eje primordial para la creación artística e intelectual. “Había unas tertulias increíbles donde se hablaba de lo divino y de lo humano. En ocasiones, los científicos son más osados que los poetas y en las tertulias que describe mi narradora lo podemos contatar”, señala. Para terminar, nos deja una reflexión sobre su personalidad, que lo dice todo: “Soy una agnóstica desesperada por creer”. ¡Cuántas personas están en su posición y no se atreven a decirlo!

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