• Diario Digital | Martes, 21 de Noviembre de 2017
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Entrevista a José C. Vales, autor de “Celeste 65”

"La novelística es un arte en el tiempo, fluctúa en el tiempo"

José C. Vales ha dedicado toda su vida a la literatura y a la traducción. Su conocimiento, sobre todo, de los autores británicos es espectacular. Y mucho de esos grandes escritores victorianos del siglo XIX están reflejados en su forma de entender y hacer la literatura. Quien piense que el autor zamorano es un novelista frívolo, puede que tenga razón o no, bueno, no sé, ah… El tiempo lo diría pero, de momento, es mejor que vayan leyendo su nueva novela “Celeste 65” para formar su opinión.

Entrevista a José C. Vales, autor de “Celeste 65”

Desde que hace dos años y medio ganase el Premio Nadal, José C. Vales se ha convertido en un escritor popular y con miles de seguidores. Sin embargo, el éxito no sólo no le ha cambiado sino que sigue siendo esa persona tímida, simpática y cercana que ha cambiado su imagen para mejor. La barba le da un aire más bohemio y literario. “Me divierte mucho escribir. Hacerlo como sufrimiento –que ahora está tan de moda- ni lo entiendo ni lo comparto. La idea de que el dolor vende mucho no es para mí. Yo escribo desde un punto de vista horaciano. Deleitar e instruir, pero siempre con humor”, explica durante la conversación que mantuvimos en la cafetería del hotel de siempre.

El año que ha escogido sobre el que escribir es, precisamente el año de su nacimiento, después de darnos una lección sobre los años 20. “Fue un año esencial en la revolución pop. The Beatles actuaron ese año en España y, por supuesto, en Niza. Esa revolución que comenzó en The Cavern en el 62 duró hasta el 68, hasta mayo, precisamente, cuando estalló la revolución hippie”, cuenta con pasión de revolucionario de mayo del 68, aunque tuviese sólo tres años. Y no me extraña porque esas dos revoluciones han sido las más significativas del siglo XX, si exceptuamos la Revolución Rusa.

“El mundo pop me interesa porque es la primera vez que la sociedad occidental genera en la gente algo que comienza con los grupos de rock. En aquellos años, la juventud hervía, se comienza a apartar de la cultura académica –algo que se merecían esos serios académicos- pero cogiendo elementos intelectuales pero que fuese asimilables por la sociedad”, expone el autor de "Celeste 65" y agrega “para que algo sea cultura tiene que influir en la sociedad y el pop de The Beatles lo fue, aunque Paul McCartney dijese que sólo hacían música para bailar y divertirse. Todo un genio el amigo Paul”.

La vida que describe José C. Vales en su novela parece muy frívola pero hay varias capas que el lector irá descubriendo poco a poco. “La vida es así de ridícula”, sostiene con humor. En la novela hay una trama de unos asesinatos, de espías, de falsificaciones del mundo del arte, de nazis reconvertidos en científicos honorables y todo contado por Nigel, una persona que parece tonta y, realmente, lo es. Pero que hace análisis sobre los acontecimientos que ocurren de manera lúcida.

De ahí que cuente la historia de una forma muy original y divertida. “El narrador está contando una cosa pero el lector sabe que está ocurriendo otra. Algo que ya hacía Jane Austen. Lo importante es que el lector se entere”, apunta divertido y continúa hablando sin poder pararle “la protagonista que tiene personalidad es Celeste. Nigel tiene otro tipo de rasgos y asume su impericia en casi todas las cuestiones”. Menos en la entomología, donde es un genio o en la astronomía que comienza a aprender y se convierte en una especie de sabio distraído. “Su estupidez la tiene asumida porque se lo han dicho miles de veces”, subraya, pero quizá no sea tanto.

Para José C. Vales, “la novelística es un arte en el tiempo, fluctúa en el tiempo”. Pero también es un arte de la imitación. Todos los escritores se miran en los textos de sus autores favoritos. Quizá por eso, imite a varios de sus escritores más queridos. “El personaje de Tirpitz, el asqueroso, apesta a Quevedo. También hago referencias al cuento gótico y, por supuesto, a uno de mis autores favoritos, Arnold Bennett, un gran escritor londinense maltratado por la crítica por su enfrentamiento con Virginia Woolf", señala con lucidez.

“Para una novela, el paisaje y el decorado son muy importantes”, afirma sin ningún género de dudas. ¡Y qué mejor paisaje que el que ofrece Niza! La cuna de la sofisticación donde aristócratas, estrellas de cine, escritores y millonarios compartían unos escenarios de película. Muchas de las peripecias de James Bond se desarrollan en esa ciudad francesa y en las cercanas. Sin olvidar, Montecarlo, que tiene un papel importante en la trama de la novela. Como ven toda la Costa Azul en su esplendor.

En opinión del escritor zamorano, “los modos habituales de lectura están cambiando. Ya lo dijo hace bastantes años Miguel Delibes, fue el primero. Vamos hacia un tipo de escritura más conciso y concentrado. Precisamente, por eso, he querido hacer una novela más larga. Para que disfruten mis seguidores y se fastidien mis detractores”, confiesa con una sonrisa en los labios.

Su estilo tiene cuatro características fundamentales. “A nivel sintáctico estoy influenciado por Anthony Trollope, escritor británico del siglo XIX; a nivel de concepción de la novela es Arnold Bennett mi maestro; a nivel de mentalidad son The Beatles y la música pop; y a nivel de resolución de la novela, los hermanos Coen y, sobre todo, su película y serie Fargo”, disecciona el escritor. No se puede olvidar que el fantasma de Charles Dickens está presente en su narrativa.

Para finalizar nos hace una confesión que quizá no tendría que habernos hecho. “Yo tengo muchas cosas de Nigel, sobre todo en lo de la timidez y la actitud con las mujeres. Muchos hombres pensamos que hay chicas que nunca se enamorarían de nosotros y por eso nunca intentamos ligarlas, lo cual es un error”. Ese rasgo no sólo Nigel y José lo tienen, hay millones de hombres que lo comparten. No así las mujeres y sino que se lo digan a Celeste. La persona por la que Nigel es capaz de aprender astronomía. Yo también lo hubiese aprendido.

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