• Diario Digital | Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
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TODO LO QUE HACEMOS ESTÁ CONDENADO AL FRACASO

Entrevista a Laury Leite, autor de “En la soledad de un cielo muerto”

El escritor mexicano, afincado en Canadá, Laury Leite acaba de publicar en España su primera novela “En la soledad de un cielo muerto”, además ha participado con un relato en la antología “Rulfo. Cien años después”. Para dar a conocer su obra, va a realizar por nuestro país una pequeña gira de presentación de su libro en las ciudades de Salamanca y Madrid. Aprovechando su estancia en nuestra tierra, hemos podido conversar con el joven autor.

Laury Leite
Laury Leite
Entrevista a Laury Leite, autor de “En la soledad de un cielo muerto”

En su novela trata diversos temas actuales como la última crisis económica que ha azotado al planeta, lo que hace al protagonista volver a su tierra, México, para ayudar a su madre. Esta situación le hace reencontrarse con sus orígenes y, a la vez, despliega un mapa perturbador del futuro del hombre del siglo XXI. En la entrevista, nos desvela algunos de los secretos de su novela.

En la soledad de un cielo muerto” trata sobre la última crisis económica. ¿Qué le ha impulsado a escribir sobre este tema?

Bueno, en realidad yo diría que la crisis económica como tal aparece en la novela de forma bastante oblicua. De hecho, no se menciona la crisis en todo el libro, aunque se percibe en el ambiente. Sí me interesaba explorar cómo los movimientos alocados de la Historia influyen en la esfera individual, cómo, por más que nos creemos libres, la Historia tiene un poder enorme para modificar los destinos individuales. En este sentido, para mí, en la novela, la crisis funciona como una aguja que rompió la burbuja ideológica en que flotaban los personajes. Y este proceso de ruptura los empuja a plantearse una serie de reflexiones en torno a su modo de vida. ¿Qué significa ser humano hoy? ¿Hacia dónde se dirige la sociedad? ¿Cómo se incorpora una persona a un aparato social en el que quizá dejó de creer?

¿La crisis económica ha modificado nuestras vidas a nivel personal?

Sí. Sin dudas. Por un lado mostró la fragilidad de un sistema económico que mucha gente creía infalible. Luego, produjo mucha ansiedad, mucho miedo y, sobre todo, rabia. Hay un trayecto muy claro que empieza con la crisis económica y llega hasta la victoria de Donald Trump.  

Con la crisis, el protagonista de su novela, André, regresa a su ciudad de origen, México. ¿Cómo se enfrenta al regreso su protagonista?

Siempre he pensado que en André hay un deseo encubierto en volver al útero materno. En cierto sentido, el regreso de André a la Ciudad de México es un proyecto suicida porque él no busca tanto volver a una ciudad sino a un estado de ánimo. Él busca permanecer dentro de un espacio de protección y alcanzar una plenitud absoluta que solo es posible en la imaginación. Prefiere imaginar el mundo que exponerse a sus ataques.

¿Todo regreso es un fracaso?

Creo que todo regreso es un proyecto utópico. El regreso en sí es imposible. Uno puede volver al espacio en el que transcurrió su vida en un momento determinado, pero no se puede regresar en el tiempo. Entonces, todo regreso está sujeto a un proceso de adaptación a un nuevo flujo temporal. Pienso que si se fracasa o no depende de la capacidad de adaptación al entorno de cada persona.

Usted ha vivido en varios países. ¿Cuál es su experiencia en Canadá?

Maravillosa, la verdad. Es un país lleno de árboles que cambian de color según las estaciones, lleno de espacio, nieve y silencio. La gente es amable. Toronto, la ciudad en la que vivo, desafía esa noción tan corriente en estos días de que las distintas culturas no pueden convivir. Ya casi no hay una cultura hegemónica en la ciudad y eso me parece maravilloso. Hay muchos musulmanes, muchos portugueses, muchos indios, muchos ingleses, muchos chinos, muchos latinoamericanos y todos convivimos en relativa armonía. Creo que al final las personas no somos tan diferentes como quieren hacernos creer. Todos comemos, todos vamos al baño y todos nos vamos a morir. Luego, cada uno es libre de creer en lo que quiera y a mí me parece bien, ya sea la literatura, un dios o la inmortalidad del cangrejo.

¿Se diferencia mucho la vida allí de los países latinos?

Sí, bastante. Yo diría que las diferencias principales son el clima y el silencio. Hay mucho más silencio en Canadá que en los países latinos. Y hace mucho frío casi seis meses al año.

La pérdida es otro tema crucial de su novela. ¿Por qué está interesado en esa cuestión?

Bueno, creo que es un tema fundamental para cualquier persona. Todos estamos expuestos a la pérdida de personas a las que queremos. Es un tema doloroso y en muchos casos incomprensible, pero pienso que la literatura es un buen lugar para explorar esta clase de temas.978841684319

También parece interesado en el fracaso. ¿Puede ayudar a la regeneración de una persona?

Sí, es verdad que el fracaso me interesa mucho como tema. Tengo la impresión de que todo lo que hacemos está condenado al fracaso. Eso no quiere decir que no valga la pena intentar cualquier locura que se nos meta en la cabeza mientras no se dañe a los demás o al planeta. Veo el fracaso como algo muy positivo. Siempre recuerdo la famosa frase de Samuel Beckett, “Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Ahora bien, cuando se habla de “éxito” y “fracaso” refiriéndose a la cantidad de dinero que tenemos en el bolsillo o el coche que manejamos, me parto de risa. Pocas cosas tan ridículas en este mundo como llamar “exitoso” a alguien que se pasa la vida intentando trepar en la escala social. Según esa definición, los fracasados me parecen gente mucho más interesante.

Sus protagonistas son personas desoladas, solitarias. ¿Es la soledad el gran mal de nuestra época?

No sé si podría definir la soledad como un mal ya que yo disfruto muchísimo de la soledad. En mi opinión, nos falta cultivar más la soledad y el silencio. Estamos físicamente solos, es verdad, pero al mismo tiempo estamos interconectados en el mundo virtual, recibiendo y enviando mensajes todo el día por WhatsApp, o Facebook, o Twitter. Tal vez el gran mal de nuestra época es la velocidad con la que intercambiamos información y la transformación de cada experiencia en un espectáculo. Una prueba de esto es el fenómeno de la selfie. Pareciera que no podemos experimentar nada sin transformarlo al instante en un espectáculo para ser consumido por los demás. Me gusta pensar en la soledad como una suspensión del espectáculo, un espacio de reflexión, de contemplación, de diálogo con uno mismo.

La novela está escrita en primera persona. ¿Por qué ha escogido esta fórmula?

Me gusta mucho la primera persona. La primera persona me da la posibilidad de intentar ver el mundo a través del lenguaje de mis personajes. Quería entrar en su subjetividad, en su forma de relacionarse con las palabras, con su manera de pensar.

¿Se encuentra más cómodo escribiendo en primera persona o en tercera?

Creo que escribir en tercera persona es más difícil porque hay que conservar cierta objetividad en el modo de narrar. Pero me gusta como procedimiento para darle un toque de distancia a una narración, o para comentar algún evento que ocurre en una historia. Este efecto de distanciamiento es una técnica que Brecht usó magistralmente en sus obras de teatro. Fassbinder y Godard la usaron mucho en el cine también. Ahora estoy escribiendo “La gran demencia”, mi segunda novela, y estoy intentando poner en práctica ese procedimiento de frenar la acción, hacer una digresión y explicar la conducta de los personajes usando la tercera persona. A ver si me sale.

Hasta ahora, ha publicado una novela y, al menos, un relato, en el libro “Rulfo. Cien años después”. ¿En qué género se desenvuelve más a gusto?

La verdad es que me gusta mucho escribir, independientemente del género. Pero me siento un poco más cómodo escribiendo novela. Algo que disfruto en las novelas es el pensamiento sostenido en el tiempo sobre una serie de personajes y temas. No sólo como escritor, sino como lector también. Uno de momentos más felices de mi vida fue leer los siete volúmenes de “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust. Toma tiempo, pero vale la pena. En un mundo en que la velocidad desempeña un papel cada vez más importante, yo prefiero la lentitud que exigen las novelas.

¿Qué significa para un mexicano la literatura de Rulfo?

Para mí, Juan Rulfo es uno de los escritores más importantes en la historia de la literatura. Pedro Páramo es una de las novelas más geniales que he leído en mi vida. Me asombra su uso del lenguaje, su visión trágica de la vida, su precisión. Es uno de los pocos escritores que escribió dos libros perfectos.

¿Va a seguir alternando ambos estilos?

Yo creo que sí. Siempre escribo cuentos, pero pocas veces me animo a publicarlos. Los escribo más para mí mismo, para explorar con la forma. Y novelas espero que sí, espero seguirlas escribiendo. A veces me canso de todo y pienso que no voy a escribir más, y luego me sale una idea y me encierro a escribir otra vez. Ahora estoy trabajando mi segunda novela y ya tengo una idea para una tercera. Así que al menos esas dos novelas sí las voy a escribir. Luego quién sabe. 

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