• Diario Digital | Martes, 21 de Noviembre de 2017
  • Actualizado 10:45

Entrevista a Susana Rodríguez Lezaun, autora de “Deudas del frío”

“Las deudas exigen un pago, no desaparecen, sino que nos persiguen siempre”

Susana Rodríguez Lezaun es una periodista y escritora navarra que ahora publica su segunda novela negra “Deudas del frío”. Aunque la trama es totalmente nueva, quedaron algunos flecos personales sin resolver en "Sin retorno" que en esta nueva novela se van haciendo cada vez más grandes. "Deudas del frío" es una novela policiaca que retrata a la perfección la crisis económica que estamos viviendo y sus consecuencias.

Entrevista a Susana Rodríguez Lezaun, autora de “Deudas del frío”

El protagonista de esta novela es el inspector David Vázquez, al que ya conocíamos de “Sin retorno”. En esta ocasión se tiene que enfrentar al asesinato de un prohombre de la banca española. En la entrevista, Susana Rodríguez Lezaun nos desvela algunos de los secretos de la obra y nos explica sus motivaciones para escribirla.

Deudas del frío” es su segunda novela con el inspector David Vázquez. ¿Tiene pensado hacer una trilogía o saga con él como protagonista?

A pesar de que las trilogías parecen estar de moda, o precisamente por eso, no me planteo mis novelas como parte de una serie de tres, sino más bien como una historia fraccionada en varios libros. Quizá salgan cuatro, quizá cinco… Mientras los personajes sigan teniendo algo que contar y su evolución sea atractiva, seguiré adelante con los casos el inspector Vázquez.

¿Cómo definiría a su protagonista?

Me gusta definirlo como un hombre normal. A diferencia de otros investigadores de novela, que se presentan ante el lector desde el principio con una profunda carga vital y con cicatrices sin cerrar, David Vázquez llega “blanco”, como un hombre normal, un policía serio y concienzudo al que comienzan a pasarle cosas que, inevitablemente, le marcarán y determinarán su devenir en el futuro. Es un hombre bastante introspectivo, poco dado a las fiestas y a las grandes reuniones sociales, al que lo que más le gusta después de trabajar es estar con su pareja, Irene Ochoa, la otra protagonista de la novela.

¿Su nombre tiene que ver con algún homenaje a un escritor?

Sin duda. Su apellido es un sincero homenaje a Manuel Vázquez Montalbán, en agradecimiento a todo lo que sus libros me han aportado, y siguen haciéndolo. Camilleri se me adelantó al bautizar a su protagonista como Montalbano, así que yo me he quedado con el Vázquez. Quiero pensar que el gran escritor se sentiría honrado.

¿Se puede leer esta novela sin haber leído “Sin retorno”?

Sí, sin ningún problema. Por supuesto, lo ideal es leer primero “Sin retorno” y después “Deudas del frío”, y de hecho la editorial ha presentado una edición especial de la primera novela por menos de diez euros, pero lo cierto es que he intentado explicar y dejar clara cualquier situación que tuviera relación con el primer libro para que pueda leerse de manera independiente.

La novela discurre en los meses de invierno en una ciudad como Pamplona. ¿El título alude a ello o a la relación del inspector con Irene Ochoa?

El título es intencionadamente ambiguo. Frío es el clima del norte peninsular, pero también hace mucho frío en la casa de una familia que no puede pagar la calefacción, o en el corazón de Irene, que ve cómo su felicidad se desmorona. Y en cuanto a las deudas, por un lado, la novela propone una trama con el mundo financiero como protagonista, y por otro lado no podemos olvidar las deudas que algunos personajes traen del pasado. Las deudas exigen un pago, no desaparecen, sino que nos persiguen siempre.

El libro comienza con el asesinato de Jorge Viamonte, presidente del Banco Hispano-Francés. Las sospechas recaen sobre su hermano, con el que había quedado. ¿Le gusta jugar con equívocos a la hora de desarrollar una investigación policial?

Lo que me gusta es mostrar al lector todas las posibilidades que se le plantean al investigador. No me guardo ningún as en la manga, no oculto pruebas, y por eso planteo el juego descubrir al asesino, porque creo que eso es lo que hace la policía. Y además, tengo que admitir que yo he crecido leyendo a Agatha Christie, y ella era una maestra del equívoco.

¿Ha contado con asesoramiento de algún profesional de la policía?

La verdad es que sí, afortunadamente, porque estamos tan acostumbrados a las series americanas que damos por hecho que lo que sucede en esas tramas es también válido para nosotros, y nuestro sistema policial y judicial no tiene nada que ver con el estadounidense. Desde mi primera novela he contado con el asesoramiento de una inspectora y una oficial de la Policía Nacional que me han ayudado muchísimo, han corregido mis errores y me han mostrado cómo se desarrolla una investigación por asesinato en la vida real. Creo que eso enriquece mucho mis libros.

¿Son los banqueros los privilegiados del poder político?

Yo diría que los banqueros son los privilegiados, y punto. Lo son en todos los sentidos. Estoy convencida de que el devenir de un país, al menos del nuestro, se decide en los despachos de las grandes entidades financieras y de las grandes empresas. Manejan la política y a los políticos, y todavía nadie me ha podido convencer de lo contrario.

La novela discurre en un tiempo actual donde la crisis económica ha afectado a todo el mundo. ¿Ha querido reflejar en la novela lo que estamos viviendo en cuanto a desahucios y corrupción política?

Me atrevo a decir que no he tenido más remedio que hacerlo. Esta novela comenzó a fraguarse en los años duros de la crisis, cuando cada día decenas de personas eran desahuciadas de sus casas y había padres de familia que saltaban por la ventana, desesperados. Desde el principio tuve la firme y clara intención de mostrar una parte de esa realidad que hemos vivido y que todavía muchos siguen padeciendo. Sin la crisis, no existiría “Deudas del frío”.

¿Cómo definiría su estilo de novela policiaca?

Creo que es una novela muy pegada a la realidad. Soy periodista, y como tal casi llego a obsesionarme con la necesidad de documentarme y dotar de realismo a mis libros. Quiero que sean lo más verosímiles posible, aunque todo lo que cuento sea ficción, como de hecho es. Además, me gusta que mis novelas tengan tensión, que el lector quiera saber qué va a pasar después. Y por supuesto, que disfrute del relato. Si la narrativa es mala, por muy buena que sea la historia, el lector no conectará con la obra.

¿En qué escritores se fija como referentes?

Son muchos, muchísimos. He leído desde que aprendí a hacerlo, sin parar, y leo de todo, aunque reconozco que lo que más me gusta es la novela negra y el realismo mágico sudamericano. Como he dicho, le debo mucho a Vázquez Montalbán, pero también a Gabriel García Márquez, a Antonio Gala, a Kafka, a Agatha Christie, a Gorki, a Umberto Eco… ¡Podría seguir así un buen rato!

Con tanto frío que hace en su tierra. ¿Cree que se asemeja su estilo a la novela nórdica aunque con menos cadáveres?

¡Yo creo que no! En la novela nórdica los paisajes son durísimos, los pueblos muy pequeños y los personajes, sumamente introvertidos y bastante traumatizados. En Navarra hace frío en invierno, pero en primavera y verano gozamos de un clima fabuloso, y nos gusta mucho salir y estar con otra gente. Creo que los personajes de mi novela son bastante parecidos a cualquiera de nosotros y muy alejados del estereotipo nórdico. Y también hay menos cadáveres…

Sí hemos notado que la novela transpira una violencia muy contenida. ¿Vivimos en un mundo violento? Sin duda. Estamos rodeados de violencia, aunque afortunadamente la mayoría de nosotros estamos lo bastante “amaestrados” como para vivir en sociedad sin ser un peligro. ¿Quién no ha tenido alguna vez un acceso de violencia? Al volante, en la calle, en casa, durante alguna discusión… La violencia es el recurso fácil, el que primero nos sale de dentro. Ser civilizado consiste en dominar esa violencia y solucionar los problemas de otra manera. Cuando no lo hacemos, pasa lo que sucede en mi novela…

Hablemos de la pareja del inspector Vázquez, Irene Ochoa. Es el personaje más desequilibrante de la novela. Asesina en su primer libro, ¿cómo no se da cuenta el inspector de con quién está compartiendo su vida?

¡Porque todos confiamos ciegamente en la persona que amamos! Nadie imagina ni siquiera por un segundo que quien duerme a su lado pueda ser una asesina, o un ladrón, ni siquiera algo menos agresivo, como un timador. La confianza y el amor nos ciega, y por eso David Vázquez no se da cuenta de que Irene es una asesina, porque ni siquiera se lo plantea.

¿Cómo definiría a Irene?

Como bien ha dicho antes, es una mujer desequilibrante, y desequilibrada. Ha sufrido mucho en la vida: perdió a sus padres siendo muy joven, y después se vio inmersa en un desgraciado matrimonio en el que su marido la maltrataba. Cuando decidió acabar con la vida de su marido abrió una puerta que no ha sabido cerrar, y cada paso que da la conduce directamente por una senda de violencia y destrucción que no es capaz de parar. Creo que es un personaje apasionante, una mujer muy inteligente y audaz, pero que utiliza su mente para el mal. A pesar de todo, he encontrado lectores que justifican y comprenden la actitud de Irene.

¿Necesitaremos otra novela para ver el desenlace de esta espiral de muerte que protagoniza Irene?

Así es. Hay una tercera novela, que ya está en manos de la editorial y en proceso de edición, en la que se atarán muchos cabos y se solucionarán algunas de las incógnitas que sobrevuelan la trama. Aunque insisto en que no es una trilogía, entiendo que hay que resolver la tensión, darle fin. No se puede mantener al lector en vilo eternamente.

Periodista de profesión, para estar especializada en información educativa, ¿cómo se ha interesado en este género literario?

Además de gran lectora de novela negra, durante mi época como periodista trabajé en distintas secciones del periódico, aunque la última década la dediqué a temas educativos. Hubo unos años en los que me tocó cubrir la información de tribunales, y aquello fue una escuela de primer orden para una escritora de novela negra en potencia como yo. Los juicios, las declaraciones, los testimonios, las pruebas… Era un mundo apasionante que seguí con intensidad y del que reconozco que aprendí mucho.

Su novela está escrita en tercera persona. ¿Por qué escogió esta forma en vez de la primera, siendo el protagonista el inspector Vázquez?

En mis novelas aparece un número importante de personajes. Narrar la historia en tercera persona me permite adentrarme en los pensamientos, las situaciones y las vivencias de cada uno de ellos, algo que no podría haber hecho con una narración en primera persona. En la actualidad, sin embargo, estoy escribiendo una novela en primera persona, un libro que no tiene nada que ver con lo que he hecho hasta el momento, pero que me permite adentrarme y descubrir nuevas posibilidades narrativas sumamente interesantes.

¿Qué cree que aporta como novedad su novela?

Creo que el hecho de abordar la crisis económica desde el punto de vista de las víctimas, el hecho de desarrollarse en una ciudad pequeña, en el norte de España, y los sucesos que se desarrollan a lo largo de las páginas la hacen un poco diferente a las demás, pero son detalles. La relación entre los personajes, especialmente entre David e Irene, el hecho de que el policía conviva con una asesina, la duda de qué hará cuando lo descubra, la incógnita de quién asesinó al banquero… Nunca me planteé escribir una novela única. Quería una obra con tensión, emocionante, con intriga, que mantenga al lector pegado al libro. El lector dirá si lo he conseguido.

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