• Diario Digital | Lunes, 18 de Diciembre de 2017
  • Actualizado 13:57

Entrevista a Xavier Güell, autor de “Los prisioneros del paraíso”

“Soy un compositor de novelas”

El músico y director de orquesta Xavier Güell repite en el mundo de la literatura con su segundo libro “Los prisioneros del paraíso”, un inmenso cuadro sobre la lucha del arte por sobrevivir al genocidio más grande que se haya cometido en el mundo. En la novela cuenta la lucha de un puñado de artistas judíos en el campo de concentración de Theresienstadt por sobrevivir a la crueldad nazi con la única arma que tenían: su arte.

Entrevista a Xavier Güell, autor de “Los prisioneros del paraíso”

En el campo de concentración de Theresienstadt fueron confinados más de 140.000 judíos, muchos de ellos artistas y músicos, de los que sobrevivieron apenas 19.000 personas. Sobre la tragedia de algunas de esas personas va la historia de “Los prisioneros del paraíso”, un enorme muestrario de pasiones humanas, de desdichas y miserias, de crueldad y barbarie pero, también, de genio y superación. Este grupo de personas supieron llevar momentos de alegría a los 15.000 niños confinados entre alambradas y, también, a sus mayores.

Xavier Güell es un escritor excesivo que, como el mismo dice, compone novelas, "la música quedó atrás ahora toca contar historias”. Y lo hace como si de una sinfonía se tratase. Cuando habla, sus explicaciones son claras y acertadas y no para de mover las manos, como si estuviese dirigiendo uno de esas orquestas que conducía en un pasado cercano pero ya olvidado.

Los prisioneros del paraíso” es la historia de esas personas que, confinadas en el campo de concentración, lucharon por dignificar unas vidas que sólo recibían humillaciones y violencia. En ese brutal contexto, Xavier Güell ha sabido extraer lo mejor de esas personas sometidas por la barbarie. Su receta es muy clara: “el amor es lo único que puede ayudar a entender el mundo. Mientras hay amor, hay esperanza”. Y entre esa maraña de iniquidades surge una bonita historia de amor.

“Mi libro aunque trate sucesos históricos, no se puede decir que sea una novela histórica. La protagonista principal, Elisabeth von Leuenberg, es un personaje de ficción que se mueve entre personajes reales y en un marco histórico. La supervivencia de unas personas a las condiciones más duras que jamás se hayan visto. Para sobrevivir a esas condiciones se inventan un festival de música que les ayude a sobrellevar las penas. “Tuvieron que vivir con pasión y compasión para aguantar unas condiciones de vida miserables”, señala el autor barcelonés.

La novela está construida desde un punto de vista muy musical. “Me siento muy cómodo haciéndolo así. Yo escribo como lo haría un músico al componer una sinfonía de cuatro movimientos. Distintas tramas que confluyan en un final apoteósico”, explica con pasión. Para eso, “tengo que crear imágenes que perturben al lector. Utilizo descripciones minuciosas para que sientan lo que leen, que lo vean, de ahí que cree imágenes potentes. Todo tiene que ser muy visual, pero no sólo eso, también han de participar en las descripciones los otros sentidos, el gusto o el tacto, por ejemplo, para que el lector lo sienta más real”, apunta.

“Me interesa mucho la imagen pero, también, el ritmo. La narración ha de llevar una progresión rítmica, tener un tempo, marcar un pulso. Utilizo los in crescendo o los di minuendos de manera que dosifique el ritmo de la narración”, expone de manera muy musical, subrayando con su voz los pasajes a los que quiere realzar. Por eso, enfatiza sobremanera el nombre de la protagonista. “Es una mujer que sólo ha conocido el régimen nazi. Su padre ayudó a que Hitler alcanzase el poder y, luego, se arrepintió de ello, como lo hicieron muchos alemanes de bien”, subraya y añade “yo lo sé bien, estoy casado con una alemana y cuando hablas con ellos sobre estos temas, todavía siente vergüenza por lo que hicieron sus padres o abuelos. Es como un pecado original que tienen todavía que pagar por él”. El cómo pudieron llegar hasta ese punto de barbarie es lo que intenta explicar el libro. “Fue algo imperdonable”, subraya.

“Escribí una historia límite. Por eso, aparece Josef Mengele como amante de Elisabeth”, cuenta sin querer desvelar mucho de la trama. “Su aparición refleja la crueldad del personaje, es una persona absolutamente brutal”, describe con tino. Por la otra parte, aparece un puñado de compositores, encabezados por Hans Krasa que son el otro lado de la condición humana. “Krassa, Ullmann y Haas fueron unos compositores geniales que compusieron muchas obras en cautividad, desgraciadamente la mayoría de ellas se perdieron, aunque aún podemos disfrutar con la ópera Brundibár de Krassa que interpretaron los niños del campo de concentración”, recuerda el autor de "La música de la memoria".

Estos compositores y artistas checos pudieron dedicarse a componer porque los alemanes querían que la Cruz Roja no viese la auténtica crueldad de sus campos de concentración, fue una manera de acallar a los rumores y a que los aliados no diesen crédito a lo que todo el mundo sospechaba y, de hecho, sabía. Para ello, llegaron a hacer auténticos festivales de música, cosa que ni siquiera en Salzburgo pudieron hacer durante la guerra.

“En estos tiempos de ruido y de aturdimiento, yo he querido hacer una novela que contenga una melodía interior. Algo que favorezca la reflexión del lector. He querido conjugar la armonía propia del lector con la armonía universal, algo que está latente en la naturaleza del mundo. De ahí, la lucha interior de la protagonista en la búsqueda del sentido de la vida, aunque se juegue su propia vida”, reflexiona con fogosidad.

Xavier Güell tiene claro que su destino es seguir escribiendo. La música, para él, ha quedado atrás, aunque va a escribir como un músico. “Los músicos escribimos de manera diferente. Para nosotros, la palabra tiene que sonar. El sonido de las frases es fundamental, por eso, yo corrijo leyendo en voz alta”, confiesa. “Mi objetivo es contar historias que perturben al lector. Mi próximo trabajo no quiero que tenga nada que ver con la música. Quiero demostrar que puedo escribir sin hablar de música”, concluye este escritor que sólo tiene palabras de alabanza para su editor, Joan Tarrida. “Me ha ayudado mucho, he compartido con él mis inquietudes. Hemos viajado juntos a Theresienstadt para palpar la atmósfera de aquel campo. Me ha recordado al protagonista de la película El editor de libros”, concluye. Algo de lo que, nosotros y usted querido lector, sabemos mucho.

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