• Diario Digital | Domingo, 21 de Enero de 2018
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"Mantras para bailar" de Álvaro Hernando

Pandora Lobo Estepario Press, Chicago, 2016

Álvaro Hernando (1971), madrileño afincado en Woodstock, Illinois, donde ejerce la docencia desde 2013, publica su primer poemario, "Mantras para bailar", editado por Pandora Lobo Estepario Press de Miguel López Lemus, que desde su sede en Chicago mantiene una voz independiente que contribuye a la promoción de autores latinoamericanos en el Midwest estadounidense.

"Mantras para bailar" de Álvaro Hernando

Lo primero que llama la atención es lo original del título, que toma la idea de mantra -palabra sánscrita que se refiere a sonidos que, según algunas creencias, poseen algún poder espiritual- que aplicada al lenguaje poético puede ayudar a meditar tanto sobre cuestiones cotidianas como sobre los grandes temas universales, como el amor y la muerte, pero también la esperanza que se tiende entre ambas. Completan el epígrafe las dos citas iniciales, de Isadora Duncan y Ruth St. Denis, sobre el baile como acción mística y cíclica.

El poemario se abre con un prólogo firmado por Manuel de la Fuente Vidal, que bajo el significativo título “Bailar la libertad” presenta el texto y a su autor desde la amistad y el agradecimiento, con humor y sinceridad mediante citas cinéfilas y notas rockanroleras.

“Bailamos como cantamos” escribe Manuel de la Fuente y tal vez sea ésta la tesis de un libro compuesto mayoritariamente por poemas de juventud donde la danza y la poesía dialogan en armonía porque la lírica no es más, ni menos, que arte en movimiento.

Álvaro Hernando nos invita a bailar contra el dolor, “contra la salvedad/ y la excepción” porque cada paso es un poema “que sólo puede ser leído/ con los ojos cerrados”.

Veintinueve poemas, sin división en partes, componen este libro donde el autor emplea muy diversas formas, así entre las breves composiciones “Poema de ida” y “VI”, salida y llegada, principio y final de un camino “entre pasos y personas”, podemos hallar el poema en prosa “Vademécum del alma”, y el poema-río “Pacto”, pero también los vanguardistas “Decir”, donde afirma que “es sencillamente lo que queda después de exhalar tiempo”, “Acertijo”, donde se plantea una lectura alternativa a través de glosas tachadas, o “Bailemos, bailemos”, donde una sucesión de verbos clave entre guiones desemboca en el más infausto: “-Olvidar-”. Pero si hay un poema verdaderamente significativo, y emotivo, ese es “Legado”, donde evoca la figura del padre y sus consejos: “Bailar es volver a ser feliz”.

Una variedad de formas, sin alardes ni ornamentos superfluos, que hace de este poemario una lectura tan amena como estimulante, donde se advierte a un autor que, sin duda, tiene mucho que decir y mucho que bailar.

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