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"Gana el partido de tu vida" de Carolina Marín y Fernando Rivas

Descubre el método que la llevará al triunfo en las próximas Olimpiadas

Gana el partido de tu vida
Gana el partido de tu vida

"Gana el partido de tu vida" es el relato de un gran éxito alcanzado desde la modestia y sin abandonar la modestia, un viaje increíble que llevó a Carolina Marín y a Fernando Rivas, su entrenador, de los sueños a los oros mundiales. Una obra que, con la triunfal trayectoria deportiva de Carolina Marín como telón de fondo, nos ofrece las claves para no rendirnos jamás y superar las adversidades

En estas páginas, con el testimonio de la joven campeona, fresco y directo como su juego, y el reflexivo y autocrítico tono del entrenador, el lector descubrirá sus métodos de entrenamiento, sus vivencias, y también encontrará inspiración, porque en Gana el partido de tu vida hay muchas lecciones que valen para el deporte y para la vida: la necesidad de tener un sueño y controlarlo, la diferencia entre pensar «me gustaría» y decirse a uno mismo «puedo».

Y por supuesto la utilidad del trabajo, que si bien no garantiza el éxito, es el ingrediente fundamental para alcanzar nuestras metas. Sin embargo, esa es la obligación de un entrenador de alto rendimiento. Debe existir, eso sí, una relación trascendental que no es la que se da entre amigos. Una confianza absoluta en el trabajo que están llevando a cabo juntos, para cada día estar mas cerca de alcanzar el sueño que con dedicación llevan años construyendo. Eso es necesario para que todos los sacrificios tomen sentido y Carolina se vuelva a alzar en lo más alto del pódium con una medalla de oro colgada al cuello en las próximas olimpiadas.

El sueño
La historia de Carolina como deportista de élite comienza con su llegada al centro de alto rendimiento Blume en Madrid al que viajó desde Huelva con catorce años, como ella misma recuerda sus primeros pasos no estuvieron exentos de problemas. “Me alojé en la residencia vieja, en una habitación compartida, con apenas una mesa, un armario y una cama muy pequeña. Y el baño era comunitario, estaba fuera. Casi parecía una celda, para horror de mi madre y también mío, porque la verdad es que me quedé impresionada”. Pero no todo fueron dificultades, gracias a las facilidades que el IES Ortega y Gasset otorga a los futuros campeones Carolina pudo compaginar los estudios con el deporte. Ahora espera que la competición le de una tregua para comenzar sus estudios de fisioterapeuta.

Por su parte Fernando Rivas también comienza su plan, convertir a España en una potencia mundial en bádminton y ser entrenador en una final olímpica. Su sueño se gesta en paralelo al de Carolina, y ambos desarrollan un plan para lograrlo. Fernando es un entrenador diferente que aplica el modelo neurológico al deporte, algo muy novedoso que no se había utilizado y que hace de Rivas una gran eminencia en su campo. Realizó sus estudios en la UNED, y posteriormente el doctorado después de viajar por diversos países europeos. Su investigación se centraba “en ver qué diferencia había entre los jugadores de bádminton expertos y los novatos en las estrategias de búsqueda visual y la anticipación. Teníamos un aparato que registraba dónde miraban los jugadores, y nos propusimos averiguar cómo esa información que los jugadores obtenían a través de la mirada se traducía en movimiento hacia el volante”, recuerda.

Lograron conclusiones sorprendentes, que serían muy útiles sobre todo en la estrategia de movimientos. En 2004 la federación española confió en él, y viajo a Madrid, dejando el doctorado aparcado y cambiando el sujeto de estudio centrándose ahora es aspectos más tácticos y de análisis del juego.

Fernando Rivas siempre ha tenido claro cual era su objetivo: “lo que quiero es ser el mejor entrenador, quiero que mis jugadores sean los mejores jugadores que puedan llegar a ser”. En el mundo existe una fórmula secreta para el éxito: la perseverancia.

Como entrenador Rivas es consciente del enorme esfuerzo y sacrificio que deben realizar los deportistas que quieran llegar a ser campeones. En su método de trabajo abundan las preguntas a los jugadores para hacerles partícipes del progreso, ya que los
entrenadores deben inducir el camino hacia el sueño no imponerlo.

El proceso
La alta competición es una elección que implica grandes renuncias, pero que conllevan a su vez grandes alegrías. El deporte de élite exige mucho trabajo, talento y sacrificio, pero la pasión que los jugadores y entrenadores sienten lo hace satisfactorio. Cuando tienes clara tu meta no importan los obstáculos que aparezcan por el camino, los superas.

Desde 2009, año en el que Carolina ganó en su primer torneo internacional en Irlanda con dieciséis años, ha ganado todos los campeonatos de España. Ha sido campeona de Europa júnior con dieciocho. Ha ganado internacionales en Chipre, Uganda, Marruecos, España, Suecia y Finlandia, hasta que en 2013, con veinte años, logra el primer Grand Prix en Londres. Ya en 2014 fue campeona de Europa y del mundo, y en 2015, además de repetir campeonato del mundo, ganó el AllEnglandy los abiertos de Malasia, Australia, Francia y Hong Kong. Aunque también ha perdido dos veces la final del internacional de España, y otras finales en Chipre, Italia, Irlanda, Australia, Holanda, Alemania, además de otras muchas derrotas antes de las finales. Según Carolina Marín “el trabajo no asegura el cumplimiento del sueño, pero sin trabajo puedes estar segura que no habrá sueño que valga. Creo que esto vale para el bádminton y cualquier cosa que te dediques en la vida”.

En todos estos años compitiendo Carolina Marín ha aprendido dos cosas fundamentales: que la competición no te da satisfacciones si no cuidas la otra parte, es decir, el entrenamiento, que es el verdadero trabajo. Y la segunda, que a veces juegas mejor y haces más méritos en un partido que pierdes que en otro que ganas.

La preparación mental que Carolina a llevado a cabo a lo largo de estos años ha sido fundamental para poder conseguir sus maravillosos resultados. “Resultó que para jugar un partido no bastaba con salir a la pista hecha una fiera, sacar e intercambiar volantazos con sentido, conocer a la rival y saber qué cara ponerle. A la pista había que salir con un plan de juego, y aplicarlo. Y necesitábamos también un plan B, por si fallaba el primero, además de alguna estrategia para ocultarlos”. Cuando las jornadas son duras, se hacen largas y costosas, Carolina recurre a su fuerza mental y al apoyo de todo el equipo. Porque perder no es una opción para ella. Por su parte la tarea del entrenador engloba distintas disciplinas, la preparación física, medicina deportiva, conocimiento psicológico, o técnicas de coaching. Debe saber como motivar al jugador, que decirle en cada momento y sacar lo mejor de él.

El entorno, la familia y los amigos, tienen gran importancia para un deportista de élite, son la base que tiene que actuar de bálsamo en periodos de estrés. Deben apoyar al jugador en todo momento, sin celebraciones prematuras que hacen que el deportista se conforme y sobre todo ayudarle a mantener al disciplina necesaria para ganar torneos.

El desarrollo
Como afirma Carolina “la jugadora campeona no es la misma que la jugadora aspirante a campeona”, son versiones distintas de la misma persona, que intenta innovar y sorprender en cada nueva competición.

Una de las claves para mantener el sueño vivo es la renovación, ya que lo único constante es el cambio. Nos desarrollamos observando, estudiando, cambiando, imaginando, y una vez imaginadas las cosas se pueden encajar en el esquema, porque cuando nos detenemos estamos empeorando. “Tienes que buscar la excelencia cuando ya eres excelente”, nos recuerda Rivas, y esto es aplicable tanto a un deportista profesional, como a un premio Nobel o a un líder de ventas. Todos esos partidos
imaginados previamente, las decisiones planeadas de antemano, y la planificación exhaustiva de los torneos es lo que ha llevado a este tándem a mantenerse en lo mas alto del bádminton mundial.

El libro recoge uno de los momentos más duros en la carrera deportiva de Carolina Marín. Fue a un mes del mundial de Yakarta en 2015, cuando se rompió el quinto metatarso del pie derecho por estrés debido al intenso entrenamiento al que se había sometido. Afrontar la lesión al principio costó mucho, daba el mundial por perdido, a un mes vista, creía que no llegaría en condiciones óptimas. A pesar de ello Carolina no paraba de entrenar, sentada practicaba el gesto técnico y se imaginaba moviéndose mientras hacía ese gesto en la pista. Debido a la lesión no se redujo el horario de entrenamiento, sino al contrario, se aumentó una hora, con circuitos en la piscina y ejercicios de desplazamientos en apnea y golpeos dentro del agua. Poco a poco introdujeron también visualizaciones tácticas. “Algo como aquello solo puede detenerte o motivarte aún más ante el desafío”, afirma Carolina Marín, que finalmente se alzó con el título de campeona del mundo en ese torneo.

Fernando Rivas afirma que los entrenadores no pueden limitarse a planificar y dirigir el entrenamiento y la competición, sino que deben ir más allá, tiene que crear, inventar e innovar continuamente nuevas técnicas de entrenamiento y de mejora. Él mismo es un gran ejemplo de este pensamiento, “en ocho años ha habido un montón de innovaciones. Quién me iba a decir que el yoga o el taichí podían ser buenos para un deporte tan dinámico como el bádminton. O que, estando lesionada, incapaz de andar y, por lo tanto, de correr y saltar, podría entrenar para ganar fondo gracias a la simulación de una cámara de hipoxia en una bici estática”, recuerda Carolina.

Todo el esfuerzo e investigación realizados ha llevado al equipo a la cumbre. Los éxitos cosechados, y el increíble palmares que Carolina Marín ha conquistado en estos años, han logrado que hoy en día el bádminton mundial hable del “método español”.
¡Enhorabuena!

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