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Sebastián Roa
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Sebastián Roa (Foto: Javier Oliaga)

Entrevista a Sebastián Roa, autor de “Las cadenas del destino”

“Ser riguroso vale si el resultado es verosímil”

Con “Las cadenas del destino”, Sebastián Roa concluye su trilogía almohade y la finaliza con la gran victoria cristiana sobre los almohades en “Las Navas de Tolosa”. Este turolense, afincado en Valencia, es abogado y trabaja en el Cuerpo Nacional de Policía pero su verdadera pasión es la historia a la que dedica parte de su tiempo para escribir unas novelas históricas trepidantes y llenas de aventuras.

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Sebastián Roa (Foto: Javier Oliaga)

Su entusiasmo por la historia medieval le ha hecho escribir una completísima trilogía sobre los siglos XII y XIII, en la que cuenta el devenir de los reinos cristianos y las taifas musulmanas. Quien quiera entender esta parte de nuestra historia tendrá que recurrir a sus libros que, además, de entretener enseñan historia de manera rigurosa. En la entrevista que nos ha concedido nos desvela casi todos los secretos de su novela, dejando que el lector los complete con la lectura de su libro, una de las mejores novelas históricassin duda del año que finaliza.

Con “Las cadenas del destino” llega al final de su trilogía almohade. ¿Le da pena concluirla después de trabajar durante tanto tiempo en esa época?
Siento pena, sí. Aunque no negaré que también cierto alivio. Durante estos años almohades han bullido otras posibilidades que siempre había que diferir. Ahora podré explorarlas.

¿Por qué cree que han pasado desapercibidos esos años en lo que ocurrieron tantos acontecimientos históricos de relevancia para nuestra historia?
Porque la Historia es una disciplina casi desterrada de los planes de estudio. Como la Filosofía, que tampoco viene mal para entender aquella. Nuestro pobre bagaje cultural nos presenta la Edad Media como un río sucio que debemos cruzar saltando de piedra en piedra. Esta es la orilla de la antigüedad clásica y al otro lado está el Renacimiento. Crucemos rápido, no nos vayamos a pringar con esta asquerosidad medieval. Una especie de síndrome de lista de los reyes godos: nos conformamos con el dato desnudo, sin entrar a analizarlo. Vale: las Navas de Tolosa son una importantísima batalla de la Reconquista que tuvo lugar en 1212, eso lo sabemos casi todos. Pero pocos se aperciben de que las Navas es, además, el inevitable colofón a un proceso político, social y religioso que empezó un siglo antes en la cordillera del Atlas y que determinó nuestro destino.

La novela comienza con la batalla de Alarcos, el mayor fracaso militar de Alfonso VIII que dio pie a un contraataque almohade. ¿Fueron esos años de venganza por parte de los conquistadores africanos?
Más que contraataque, lo que pasó después fue la continuación de la lógica almohade, que buscaba recuperar toda la Península para el islam. Durante los dos años siguientes a Alarcos, al-Mansur se paseó por delante de los cristianos sin oposición y les ofreció una muestra de lo que les esperaba. Estoy seguro de que todo castellano de 1197 daba por cierto que en poco tiempo tendría que hacerse musulmán o preparar su garganta para el degüello.

¿Cómo se portaron los otros reinos cristianos de la península con Alfonso VIII?
De todo hay en esa viña. Veamos:

Aragón, que había sido muy tibia con Alfonso II, cambió su política con Pedro II y se convirtió en la principal aliada de Castilla. Su ayuda fue fundamental.

León y Navarra, con mucho pleito pendiente, se dedicaron a rapiñar los despojos castellanos o a contemporizar cuando caía una amenaza papal. En el momento crucial, León miró a otro lado e incluso atacó la retaguardia castellana. Y si Sancho el Fuerte se avino a participar en la campaña final, lo hizo con lo justo y por obligación.

Portugal queda un poco aparte, enzarzada en sus problemas dinásticos y en sus diferencias con León; y, por ello, inhabilitada para comparecer en las Navas.

¿Por qué tanta rivalidad entre reyes que tenían intereses semejantes?
Porque esos intereses eran también contrapuestos. Pesaban mucho las ambiciones personales, tanto de los reyes como de los respectivos cuerpos nobiliarios. Pasó con la casa de Castro durante toda la rivalidad con los almohades, y pasó incluso con Diego de Haro, que se desnaturó de Alfonso VIII y llegó a plantarle cara por cierto asunto patrimonial. Qué decir de la ceguera de Alfonso IX de León y de Sancho VII de Navarra, que tal vez pensaban que el fanatismo almohade se contentaría con cortar cuellos castellanos.

¿Hizo bien Alfonso VIII en negociar con los almohades?
No tenía más remedio. Los almohades eran muy superiores militarmente, sobre todo tras la destrucción de las fuerzas castellanas en Alarcos. Además, la motivación africana era mayor por su componente religioso. Si a eso unimos la desunión entre los reinos cristianos, dos más dos son cuatro.

¿Cómo calificaría al califa Yaqub al-Mansur?
Como un líder militar muy competente, incluso en situaciones desesperadas. Fortaleció el ejército almohade, participó personalmente en los enfrentamientos importantes de su califato y jamás fue derrotado. Al-Mansur significa «el Victorioso», y ese apodo no se lo regalaron. Por lo demás, se comportó como se espera de un califa celoso de la Hisba y amante de la yihad. Condenar a Averroes y quemar sus libros es uno de sus baldones llamativos en este sentido. En fin: un fanático de libro.

¿Qué es lo que más destacaría del imperio almohade?
Dos factores. El primero, el fanatismo. Los pilares de los almohades eran la comunidad o Yama'a, la doctrina unitaria o Tawhid y la herramienta básica para imponerse: la yihad. ¿No resulta curioso que el DAESH naciera con el nombre de Yama'a at-Tawhid wal-Yihad?

Lo segundo destacable es su capacidad militar; algo insólito en el Medievo, cuando los reyes y señores contaban con huestes personales y poco más. Los lazos tribales y el rigor religioso permitieron a los almohades crear un ejército numeroso, heterogéneo y fuerte.

Alfonso VIII fue un rey que resurgió de sus cenizas. ¿Cuál fue el papel de su esposa Leonor Plantagenet en el renacer del rey?
Imposible llegar al fondo de ese asunto. Las crónicas medievales glorifican las figuras de los reyes y relegan, por lo general, las de las reinas. Pero Leonor era hija de su madre, por lo que el peso cultural y el fuerte carácter le venían de cuna normanda. Además, queda clara su labor en la apertura castellana a las corrientes literarias norteñas, o el afán favorecedor de los mayores centros culturales de la época: los monasterios. Alfonso VIII es de los pocos reyes medievales a quien no se le conocen infidelidades. Incluso lo de la judía de Toledo no deja de ser una patraña. Algo querrá decir que un rey tan importante se mantuviera pegado a su reina hasta la muerte.

En la novela mezcla personajes históricos con otros ficticios. ¿En qué proporción lo hace? ¿Por qué utiliza a estos personajes ficticios?
No hay proporción fija. La novela es ficción y se sirve de trama y personajes: Para desarrollar las tramas hacen falta recursos que la simple verdad histórica no puede saciar. Y los personajes necesitan una evolución que las crónicas raramente completan. De hecho, incluso los personajes históricos se construyen con gran parte de imaginación, así que a ellos también podemos tildarlos de ficticios en cierto modo. La historia no deja de ser el contexto temporal, y eso lo tienen hasta las novelas de Ciencia-Ficción.

¿Cuál son sus personajes favoritos de la novela?
El novicio Velasco, Leonor Plantagenet, María de Montpellier, la judía Raquel... Hay varios, pero esta vez nombraré a Pedro II, rey de Aragón. Mujeriego, bebedor, valiente e impulsivo. Ingredientes estupendos para diseñar un personaje seductor.

¿Qué personaje le ha costado más pergeñar?
Velasco, por lo complejo de su evolución y por su papel final. Con él he querido hacer un guiño a nuestra cultura.

Su novela tiene una gran rigurosidad histórica. ¿Es conveniente para el género de novela histórica que esta rigurosidad sea palpable para el lector?
Verosimilitud es la palabra clave. Ser riguroso vale si el resultado es verosímil, lo que, contra lo que muchos creen, no siempre sucede. Reconozco que me documento mucho y que trabajo el dramatismo sobre esa documentación, pero mi preferencia es que, en una batalla medieval, el lector reconozca el miedo del guerrero, no lo veraz de su equipamiento militar. Sé que muchos autores discrepan con esto y anteponen la verdad histórica a la verdad literaria. Me parece bien, aunque no es lo mío.

¿Cuánto tiempo ha tardado en documentarse para escribir la novela y qué fuentes principales ha utilizado?
Mi periodo estándar por novela viene a ser de seis meses, aunque es una labor que continúa hasta que se pone el punto y final. Por lo demás, tenía gran parte del trabajo hecho con las otras dos partes de la trilogía, La loba de al-Ándalus y El ejército de Dios. ¿Mis fuentes principales? Las crónicas musulmanas traducidas por Huici Miranda; en esta última novela, además, han resultado esenciales los trabajos de los historiadores García Fitz y Alvira Cabrer, dos grandes expertos en las Navas de Tolosa y sus antecedentes, tanto lejanos como inmediatos.

La novela termina con la Batalla de las Navas de Tolosa. ¿Qué representó para los cristianos esta batalla?
Pregunta que se puede responder de muchas formas. Se puede relativizar su importancia o considerarla tan decisiva que, de haber sido otro el resultado, España sería ahora una especie de Turquía occidental. Es más fácil exponer de forma objetiva lo que ocurrió en los cuarenta años que siguieron a la batalla: el poderoso imperio almohade agonizó hacia la desaparición y los reinos cristianos conquistaron casi todas las ciudades importantes en poder musulmán: Cáceres (1227), Badajoz (1230), Mallorca (1229), Córdoba (1236), Valencia (1238), Murcia (1243), Jaén (1246), Sevilla (1248) y Faro (1249).

¿Por qué cree que pasó desapercibida la celebración de este hito histórico?
Porque nos sojuzga una forma pérfida de censura. En algunos sitios consiste en ocultar el rostro de las mujeres o en disimular la condición sexual. Aquí impide, por ejemplo, que el Ejército esté presente en la Feria de Barcelona o que podamos celebrar el doce de octubre en paz. Se llama corrección política, y pretende moldear ciudadanos ejemplares. Lelos perdidos, pero ejemplares.

¿Estamos los españoles orgullosos de nuestra historia?
Alguno quedará. El problema es que, con el trato que se ha dado a las humanidades, somos muy vulnerables a las falacias escupidas en tuits y titulares. Se nos martillea constantemente con la obligación de avergonzarnos de nuestra historia. Mira: otra vez la corrección política.

Después de esta trilogía almohade, ¿en qué periodo histórico ha puesto sus ojos para escribir sobre él?
Antigüedad clásica. No puedo decir más.

Puedes comprar el libro en:

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