• Diario Digital | Domingo, 23 de Septiembre de 2018
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CRÍTICA DE LIBROS

Cervantes es el único dios y Dostoievski, su profeta

Es bien sabido que Antonio Orejudo (Madrid, 1963) es un escritor divertido, original, ingenioso. Y, claro, no iba a reunir sin más una serie de relatos que ha ido escribiendo a lo largo de sus treinta años de carrera en un volumen que se llamara “Cuentos completos”, pongamos por caso. En la trayectoria de Orejudo hay un desafío constante, un afán por demostrar que es capaz de ir más allá.  Como esos alumnos inteligentes y bromistas que se obligan a hacer reír a la clase cada vez que hablan. Y que lo consiguen.

Cervantes es el único dios y Dostoievski, su profeta

Fabulosas narraciones por historias (1996), su primera novela, sorprendió por sus frescura y descaro. En Ventajas de viajar en tren (2000) mantuvo el tono humorístico y un poco gamberro, pero incorporó puntos de vista disparatados y personajes muy elaborados con mínimas apariciones en la obra. La publicación de Reconstrucción (2005) supuso un hito en su trayectoria: una novela histórica con temas como el fanatismo religioso o el abuso de poder; asuntos de absoluta vigencia ambientados en la Europa del siglo XVI. Un momento de descanso (2011) es una autoficción paródica de la vida universitaria estadounidense y española, con escenas memorables, como la que tiene que ver con el manuscrito del Cantar de Mío Cid en la Biblioteca Nacional. Hace poco más de un año, Orejudo publicó Los cinco y yo, otra autoficción, en este caso con la infancia como hilo argumental de la narración. Esta dilatada trayectoria novelística se caracteriza en lo formal por un estilo siempre preciso, muy ágil, al servicio la anécdota. Los temas más recurrentes tienen que ver con la propia literatura y la vida universitaria. Y el tono casi siempre es humorístico, irónico, no exento de un pesimismo melancólico.

Grandes éxitos​Y ahora llega Grandes éxitos, que comienza así: “Nunca me ha gustado hablar de mí mismo y hasta hace nada estaba convencido de que era imposible escribir en primera persona del singular; pensaba que se podía usar el pronombre y las desinencias verbales, pero que el resultado no era más verdadero ni más sincero ni más auténtico que el de escribir en tercera”. Como era de esperar tras esta introducción lo que hace es precisamente es hablar de él mismo. Y para hacerlo se apoya en una recopilación de relatos que ha ido escribiendo a lo largo del tiempo, muchos de ellos por encargo, y que por una u otra causa se encontraban fuera del alcance de los lectores.

Grande éxitos tiene, pues, dos niveles de lectura entrelazados. Por un lado están los relatos. Y, por otro, los comentarios del autor a su propia obra. Las once narraciones tienen poco en común, más allá de la voz de Antonio Orejudo, siempre irónica y jocosa. La burla o lo burlesco y el juego también tiene una fuerte presencia en cuentos como el dedicado a Javier Marías, a recrear un Mío Cid galáctico o a describir la vida universitaria. El paso del tiempo ha sentado mejor a unas piezas que a otras, pero eso acaba pasando a un segundo término porque lo más sobresaliente de la obra es el “making of”: cómo y de qué manera se escribieron los relatos y, de manera especial, las opiniones de la literatura y la vida universitaria a partir de la doble condición de profesor y escritor del autor. Un profesor que analiza sus propios textos, o al menos que comenta alguno de sus detalles contextuales más importantes.

El pesimismo que se vierte sobre el futuro de la ficción en letra impresa es casi tan apabullante como la desesperanza que recae sobre la vida universitaria. El mundo se ha transformado. Sigue existiendo el consumo de ficción, pero ahora se hace en otros entornos, que han desplazado al libro como soporte esencial para contar historias. Y con ese lastre encima, Orejudo nos muestra su taller, su manera de entender la literatura con una mirada que busca siempre la complicidad del lector. Que nadie espere encontrar sesudas reflexiones sobre el mundo literario. La lectura se podría enmarcar en una charla animada tras una comida en la que el autor rememora en qué condiciones publicó su primera novela o cómo fue su relación con algún amigo del momento.

Para los que ya son seguidores de la literatura de Orejudo, Grandes éxitos es una pequeña joya, un juego metaliterario. Para los que no, una extraordinaria puerta de entrada.

Cuando sonaban por todas partes los acordes de la Movida madrileña, si te dedicabas a escribir eras medio marciano. Antonio Orejudo acabó Filología Hispánica y se marchó a Estados Unidos a hacer el doctorado y a escribir su primera novela. “Fue la época en la que me dio por diseñar mis propias camisetas con motivos literarios y citas de autores. Recuerdo que estampé una con la definición de Filología que daba el Diccionario de Autoridades. […] En otra hice imprimir: CERVANTES ES EL ÚNICO DIOS Y DOSTOIEVSKI, SU PROFETA”. Y remata: “Si Cervantes volviera a la Tierra, volvería a morir del mismo modo, ignorado por la cultura oficial y despreciado en la práctica por los mismos que hoy lo elogian sobre el papel”. Los irónicos grandes éxitos de una persona que a los veintitantos años ya pensaba así bien merecen un momento de disfrute.

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