• Diario Digital | Domingo, 23 de Septiembre de 2018
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Entrevista a Antonio Praena, un poeta más que original

Casi con total seguridad Antonio Praena ha vivido uno de los años más especiales de su vida porque como poeta ha ganado nada más y nada menos que tres premios literarios, ya que con su "Historia de un alma" se ha alzado con el XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma al que luego se han sumado tanto el Premio Andalucía de la Crítica como el Premio de la Crítica Valenciana, supongo que todo un sueño ni siquiera imaginado por este autor.

Antonio Praena (foto de Jaime Insa Fernández)
Antonio Praena (foto de Jaime Insa Fernández)
Entrevista a Antonio Praena, un poeta más que original

Podemos decir que con cada poemario has ganado un premio, pero esta vez han sido tres los premios que ha cosechado tu "Historia de un alma", cuéntanos cómo lo has vivido.

Recibir el Gil de Biedma fue ya una auténtica celebración, por la historia del premio, por lo que supone la figura del poeta que le da nombre y porque algunos autores cuya obra he seguido lo obtuvieron en su día. Pero, aun así, fue una sorpresa. En realidad, supe por la prensa la lista de libros finalistas de entre un total de más de 800. Descubrir que el libro era finalista ya fue causa de asombro, pues Historia de un alma es un libro nada convencional de cuya futura recepción por los lectores sólo tenía dudas. Pero ante tal avalancha de obras presentadas prácticamente me olvidé de ello hasta que un día vi que tenía un montón de llamadas perdidas de números desconocidos en el móvil. Lógicamente me alarmé; pensé que algo grave había sucedido. Devolví la llamada, por supuesto. Al otro lado una voz decía que al fin conseguían localizarme. Cuando mi interlocutor señaló que hablaba en nombre del jurado Gil de Biedma, mi tensión dio paso a cierta obnubilación. Ya entonces sólo recuerdo que di las gracias una y otra vez sin darme demasiada cuenta de las personas que se turnaban al teléfono.

Con el Premio Andaluz de la crítica sucedió algo parecido. Al tratarse de libros ya publicados, conocí la lista de finalistas igualmente por la prensa. La noticia ponía el acento en el contraste entre autores más jóvenes y voces muy consagradas, como Luis García Montero, Antonio Carvajal, Mesa Toré…. Evidentemente mi sorpresa y mi júbilo fueron máximos pues, igualmente, pensé que el reconocimiento de los críticos sería para alguna de las obras de estos autores, premios nacionales y con una larga trayectoria a sus espaldas. Así es que cuando recibí la llamada, casi no supe qué decir. Dar las gracias una y otra vez, porque es lo único que me sale en esos momentos.

Entre la concesión del Andalucía de la crítica y la entrega de este conocí igualmente la noticia de la nominación del libro para el Premio de la Crítica Valenciana a través de las redes sociales. En ese momento, al contrario que con el andaluz, di las gracias por el mismo hecho de la nominación, pues me emocionó bastante que, aunque he hecho la mitad de mi vida en Valencia, seleccionaran a un autor no nacido en la Comunidad Valenciana. Me conmovió la generosidad, una hospitalidad que se suma a la que siempre he sentido en Valencia. Y di las gracias señalando que ese hermoso gesto era para mí ya un premio de valor sentimental incalculable. Sinceramente, no esperaba el de la Crítica Valenciana. Me parecía que dos premios a la misma obra eran excesivos; que el hecho de haber recibido el andaluz haría que el jurado valenciano considerara, como yo, que el libro ya estaba suficientemente reconocido. Además, lo confieso, incluso sentía cierto pudor ante la idea de parecer pretencioso, acaparador…, no sé. El destino quiso que, estando en la estación de autobuses de Alicante, donde se detuvo el Blablacar en que viajaba de vuelta a Valencia tras recoger el galardón andaluz, recibiera la llamada de los críticos valencianos. ¿Qué quieres que te diga?: en el trayecto de Alicante a Valencia llamé a algún amigo de los más cercanos para compartir la noticia. Los demás viajeros del coche alucinaban un poco con mi alegría y la conversación que, inevitablemente, escuchaban.

Sólo puedo decir que, como has señalado, ni en un sueño hubiera imaginado una situación como esta. Y que ese pudor ante el hecho de parecer pretencioso sigue presente en mí.

En qué idea te inspiraste para escribir tu poemario Historia de un alma y qué pretendías sobre todo transmitirnos con tus versos.

No suelo calcular qué escribir. No puedo partir de una pretensión o un plan prestablecido, porque mi relación con la poesía es de obediencia, que, etimológicamente, significa “escucha”. Escucho y escribo algo que quiere salir, ser escrito. Puede ser algo interior o puede ser una realidad exterior, sociológica, ambiental… En este libro, concretamente, todo empezó con poemas que hablaban desde un personaje, un personaje a través de cuyas andanzas, pensamientos o situaciones se iba reflejando un mundo, un submundo elitista y de doble moral que representaba ese horizonte de falta de sentido, de falta de compromiso, de ética del placer y la supremacía en el que se incardina la posmodernidad. Los poemas nacían en la boca de ese personaje. Dicen justo lo contrario de lo que yo creo, profeso, siento…. Pero este estilo “documental”, es decir, este estilo en que se siguen los pasos de un tipo como el que protagoniza los versos, sin juicio moral por parte del poeta, reflejaba muy bien el trasfondo que hay detrás de muchas de las contradicciones y de los absurdos de nuestra sociedad y nuestro tiempo.

Intenté ser dócil, seguir ese hilo, dejar expandirse el personaje, el mundo que lo rodea…, como una película en la que la cámara se planta y absorbe una realidad sin manipularla al gusto del artista y sin pretender retocar lo que ocurre con moralina, intenciones políticamente correctas o lirismos. Las situaciones están sacadas de la realidad: conversaciones, tipos que he conocido en la cárcel… Y también se alimenta de literatura y cine, que, con la misma intención, hablan de nuestro tiempo y nuestra sociedad occidental.

Es un libro espátula: descascarilla algo, levanta la pátina para ver mejor lo que no siempre se ve a primera vista, dejándolo suceder en los poemas sin más.

A raíz de los reconocimientos y alguna entrevista he caído en la cuenta de que, en el fondo, es un libro que ajusta cuentas con la pérdida de la inocencia. Cuando era adolescente, solía pasar temporadas en casa de mi tío, en Madrid, en el barro de Salamanca. A partir de los viernes por la tarde, comenzaban a pasar por la calle coches de alta gama, con cristales ahumados, chófer, tipos trajeados…. Paraban, recogían prostitutas de lujo y travestis vestidos únicamente con un abrigo de pieles. Mi atención no reparó tanto en las prostitutas o travestis como en esos tipos elegantes. El adolescente llegado del pueblo se preguntaba: ¿quiénes son? ¿Cómo serán sus vidas? ¿Cómo es que, en estas clases altas, ocurre esto? Seguí el hilo a lo largo de mi vida, sin darme cuenta. Era, quizá, una cuestión pendiente en algún lugar de conciencia. Ello me llevó a darme cuenta de que, detrás de vidas de alta sociedad, detrás de tipos con altas responsabilidades, había, a veces, un trasmundo de droga, sexo, consumismo… Los demás datos vinieron de mi trato con determinadas personas, y de mi trabajo en la cárcel y con enfermos de Sida. Ese darte cuenta de que la realidad esconde realidades es, quizá, el origen de “Historia de un alma”. Una especie no de asombro, sino de perplejidad.

9788498953077_l38_04_hQué tipo de poesía te gusta especialmente leer y con cuál te sueles sentir más identificado.

Leo todo tipo de poesía. Me llegan libros y me interesa todo tipo de poéticas. Desafortunadamente, no puedo comprar muchos, más bien casi ninguno. Pero, me envían, me regalan: la vida suple mi pobreza. Y, de entre ellos, me gustan los poemarios en los que hay verdad. No, no me refiero a sinceridad biográfica. Eso, incluso, puede ser muy engañoso y no aportar nada, más allá de sentimientos facilones. Me refiero a los que despiertan algo auténtico, genuino, nuevo; los que tienen personalidad, los que se meten hasta el fango en la realidad circundante o hasta el dolor en los huesos, los que se elevan sin miedo a lo divino y o los que se empapan de humanidad también. Los que no imitan a otros.

Analizando un poco tu trayectoria poética podemos decir que tu poesía es innovadora, provocadora, transgresora, por qué crees que es así.

Si soy sincero, no es algo pretendido. Creo que la originalidad, si se da, brota precisamente de saberse parte de la tradición y de los clásicos. En los verdaderos poetas nace nuestra voz y del contacto con la verdadera poesía brota la peculiaridad de la propia, si es que la tenemos. Lo demás, es sólo cuestión de no tener miedo, de ser dóciles a la inspiración, de comprender la inspiración como un auténtico inspirar las voces de los otros, lo que ocurre a nuestro alrededor y lo que bulle en nuestro interior. Escuchar -a Dios, el mundo y a nosotros mismos- es la fuente de innovación.

Por otro lado, si los lectores y los críticos ven en mi poesía esa trasgresión e innovación -para qué te voy a mentir: ello me agrada, no quiero ser falsamente humilde- posiblemente también se deba al hecho de que no me gusta publicar hasta que no advierto en los versos y en los libros que voy a sacar a la luz una punzada, un atisbo de asombro. Ya se publica mucha poesía, por lo que considero preferible no sacar nada que no aporte algo más, un plus muchas veces conquistado a mi propio extrañamiento, a mi propio dolor, a mi propio éxtasis o a largas semanas de reflexión.

Vivimos en una sociedad cada vez más deshumanizada, qué valores crees que urge recuperar.

La escucha. No nos escuchamos de verdad, de fondo, de corazón. Vivimos más empeñados en afirmarnos a nosotros mismos que en dejarnos tocar por la verdad, que siempre viene de lo diferente: el yo diferente que llevamos dentro, el otro y la otra diferentes, el Dios siempre vivo y diferente, indomeñable.

Urge recuperar también la senda del humanismo. Se discute mucho, desde Sartre o Heidegger, por ejemplo, sobre qué es humanismo. Pero sería demagogia no reconocer que no existe un horizonte común de humanidad en el que encontrarnos, confluir, seres de ideología, religión, condición, idiosincrasia distinta.

Relacionado con lo anterior, cómo crees que podríamos recuperar esos valores perdidos y contribuir todos nosotros a construir una sociedad mejor.

Sabemos, en discurso, que hay un camino ético. Pero no estamos tan dispuestos a asumir nuestras contradicciones: el hecho de buscar la riqueza, la fama, el poder.

Nos declaramos pacifistas, solidarios; compartimos indignación ante la violencia, el abuso, la discriminación… Pero, cuando toca revisar nuestra propia coherencia, nuestra forma de vida, nuestros objetivos no evidentes, nuestro nivel de consumo, nuestro grado de perdón… no somos tan valientes. Ese creo que es el primer paso: comenzar por nosotros mismos. No podemos cambiar el mundo sin cambiar nuestro corazón, de verdad y radicalmente, primero. Y eso conlleva mirar y mirarnos sin miedo. Algo de esto se intuye en “Historia de un alma”: deja al descubierto ese abismo que hay entre moral pública y moral personal. Nos obliga a desagradarnos a nosotros mismos.

Cuáles son las principales ideas que te gusta recoger en tus versos.

Siento ser insistente, pero no parto de postulados, sino de escucha. Aunque parezca extraño, también para escribir un libro tan social, tan político (políticamente incorrecto), tan urbano, tan (anti-)épico como este, hay que ser muy contemplativo.

Alguien, con toda razón, se ha preguntado cómo es posible que un libro que habla descarnadamente de la posmodernidad, del “fin de la historia”, de la deshumanización, como “Historia de un alma”, haya sido escrito, precisamente, por un fraile. La respuesta es bien sencilla: vivo en el mundo como un contemplativo. Hay que ser un contemplativo y dejarse mover por una mirada mística para ver el ser humano en desnudez y sin ascos.

Aunque parezca extraño, también para escribir un libro tan social, tan político (políticamente incorrecto), tan urbano, tan (anti-)épico como este, hay que ser muy contemplativo.

Tus amigos te describen como una persona culta, cordial, íntegra… y sobre todo como un hombre de su tiempo, qué añadirías a esta enumeración. También dicen de ti que eres un hombre espiritual, pero con los pies bien anclados en la tierra, cómo logras ese equilibrio entre lo humano y lo divino, cuál es el secreto.

Son amigos, me quieren y pasan por alto todos mis defectos y mis límites…: ¡qué regalo de la vida, ¿no?!

No es lo más habitual que poetas hablen bien de poetas. Afortunadamente, percibo cada vez menos enemistades poéticas, más permeabilidad entre tendencias… No puedo añadir nada más. Sólo que, si perciben cultura, cordialidad, incluso aliento místico en mi obra y en mí, no es algo que yo procure conscientemente.

Creo que el verdadero culturalismo y aliento místico es algo que debe brotar por sí sólo si es que realmente forma parte de uno. Me muestro como soy; incluso demasiado: hay veces en que me dicen que debería ponerme más serio, más circunspecto; que una especie de distancia da “pose” y hace que tomen a uno más en serio. Que debería ser un poco menos accesible, como si fuera un poeta importante de verdad… Pero no, prefiero que me tomen por alguien fácil y sencillo - incluso simple- a procurar dar una imagen calculada. La banalidad mayor es ser pretencioso y creerse algo. Hay que bajar muy hondo e incluso cultivar mucho la profundidad para ser realmente normal y simple.

Y nos gustaría que terminases esta entrevista con algún poema que hayas escrito recientemente, por supuesto, el que tú quieras.

Pues aún no tengo un trabajo avanzado. Estos periodos de silencio, búsqueda, viajes y compromisos, vida, en definitiva, son el caudal que engendrará poemas lejanos si es que ha de ocurrir. Pero, por tratarse de algo de lo último que he enviado, aunque lleve algún tiempo escrito, comparto un poema aparecido en una antología homenaje a San Juan de la Cruz.

LA LIBERTAD

La cárcel de Toledo. La ventana

pequeña, inaccesible. Un orificio

para las heces en el suelo. El aire rancio,

lamentos en la noche. Padrenuestro

perdona: queda sólo

mi pobre corazón que da las gracias

-no sé cómo ni a quién-

por las humillaciones recibidas.

       Ya lo veis:

en el cuerpo glorioso y flagelado

de Cristo –esta es la prueba, aquí el hedor

de las heridas y el perfume de las rosas–

yo he sido su mirada, la que sufre,

y, en yéndote mirando y en sufriendo,

quien contempla la gloria.

                                            Si no fuera

por los azotes recibidos

de las manos fraternas, semejantes;

por el agua y el grumo

y hasta un par de sardinas los domingos

comidas con las uñas, de rodillas

ante el hermano carcelero.

          Si no fuera

por la manta enmohecida, el salivazo,

las risas entre dientes,

las fiestas de la Virgen sin más misa;

46 kilos de peso –traduciendo la ofrenda

a cifras de este siglo–.

Si no fuera

por todo lo que ausenta, las palabras

que escupen el desprecio. Si no fuera

porque la libertad es el perdón, y si no fuera

porque este es el sentido y la azucena

que el sentido trasciende y siempre esperan

en parte donde nada parecía,

¿qué hubiera yo sabido del amor?

                                   Antonio Praena

                                   (Homenaje a S. Juan de la Cruz)

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