• Diario Digital | Domingo, 23 de Septiembre de 2018
  • Actualizado 18:09

Entrevista a María Ángeles Chavarría: una mujer excepcional

María Ángeles Chavarría es una escritora talentosa cuya capacidad de trabajo asombra.  Curiosa e inquieta no es de extrañar que haya publicado tres libros en un solo año y además de esto haya recibido de manos de la Universidad Europea de Valencia una mención especial a la Mejor Labor Docente de Postgrado. De todo ello nos hablará hoy en esta entrevista.

María Ángeles Chavarría
María Ángeles Chavarría
Entrevista a María Ángeles Chavarría: una mujer excepcional

Supongo que te habrá hecho muchísima ilusión recibir de manos de la Universidad Europea de Valencia una mención especial a la Mejor Labor Docente de Postgrado, cuéntanos qué ha significado para ti esta distinción.

Así es, Isabel. Un reconocimiento no te hace mejor profesional, pero sí te anima y te motiva, sobre todo teniendo en cuenta que esta valoración procede de las encuestas de los alumnos y, al fin y al cabo, ellos son el foco de nuestra atención. Al menos, así pienso que debería ser. Fue muy especial recibir muestras de cariño por parte del colectivo académico (rectora, compañeros y alumnado) y, sobre todo, sentir el orgullo de mi familia. Hay que atesorar momentos inolvidables. Y ese, sin duda, lo ha sido.

Este año han visto la luz tres de tus obras. Está claro que ha sido un año muy productivo. Preséntanos un poco a tus tres criaturas.

Son cosas inesperadas que pasan. Estaba previsto que uno de esos tres libros se editara el año pasado, en el que solo se publicó mi tesis doctoral. Por circunstancias, se retrasó. Por otro lado, envié el manuscrito de otro pensando que iban a responder en meses para, en caso de que les interesara, publicarlo más adelante; pero les gustó mucho y, para mi sorpresa, se editó en unos meses. Y todavía queda alguna novedad este último trimestre.

En cuanto a los tres libros que me comentas, cada uno tiene su porqué. Cómo enfocar los cambios: Qué te mueve (Editorial ESIC) es un ensayo muy práctico sobre lo que nos mueve a cambiar, las razones que nos lo impiden y aquello que está en nuestra mano para ser quienes deseamos ser. Los bolsillos de mi abuelo (Editorial ACEN) se mueve entre la novela breve y el relato, puesto que es una historia repleta de vivencias, a modo de relatos cortos, que se pueden leer de forma independiente. Cuenta la relación de abuelo y nieta en los años 70. Te puedes imaginar que tiene mucho de autobiográfico, aunque esté muy literaturizado. Cada día, una greguería (Unaria Ediciones) es un libro muy diferente a los que he escrito hasta ahora. Tiene un formato especial y ha sido un lujo contar con las ilustraciones de Lluna Llunera.

Me interesa sobre todo uno de tus últimos libros, CADA DÍA, UNA GREGUERÍA, ¿cómo y cuándo se te ocurrió escribirlo?

En el año 2000 ya aparecieron 25 greguerías en un poema de Sintiendo el silencio. Lo titulé “Retales de pensamientos” porque se convirtieron en una especie de trocitos perdidos que me apeteció compartir porque conjugaban bien con el contenido de ese poemario. Aun así, me quedé con ganas de escribir más. Durante los años siguientes reuní bastantes sobre diferentes temas y las trabajé para elaborar un libro exclusivo sobre greguerías. Me faltaba darle una estructura hasta que se me ocurrió que girasen alrededor de los días del año. Entonces descarté algunas de ellas y escribí otras que se ajustaran al tema, las agrupé por meses y este es el resultado.

Eres una escritora muy prolífica, ¿cuántos son ya los títulos publicados?, ¿lo sabes?, ¿los has contado?

Conté que eran más de 30 cuando tuve que recopilar las portadas, aunque ya no llevo la cuenta de los libros en los que soy coautora o de las antologías en las que he participado.

¿Cuéntanos cómo organizas tu tiempo para que éste dé tanto de sí?

Desde pequeña he aprendido a planificarme muy bien. Nadie me decía que lo hiciera, pero me ha gustado hacerlo. Sentía que sacaba mejor partido de mi tiempo y podía hacer muchas más cosas (no solo relacionadas con el estudio o el trabajo). Es un hábito. Diseño mi propia planificación, con colores, aunque una vez realizada no necesito mirarla. Tengo una semanal, donde hay actividades que se repiten y dejo espacio para imprevistos, y otra de proyectos a medio y largo plazo, donde incluyo cómo voy a organizarme para cumplir lo que me propongo, con nadie más que conmigo misma. En la escritura y en la enseñanza somos un poco autónomos. Cada trimestre suelo revisar las planificaciones. Hay temporadas de imprevistos en los que toca rehacerlo todo. Aun así, prefiero cambiar la planificación que ir a trompicones. Eso me da seguridad. Además de estos cuadrantes más fijos, en papel, utilizo herramientas informáticas como Calendar, Symbaloo o Trello.

¿Qué horas del día son tus preferidas para dedicarlas a la escritura?

Por la mañana, sin dudarlo; aunque hay temporadas en las que, por razones familiares, he cambiado los hábitos y me vuelto nocturna. Me gusta levantarme temprano y aprovechar el día, incluso cuando estoy de vacaciones. Entonces todavía más porque dispongo de un “tiempo de silencio”, exclusivamente mío, hasta que comience el bullicio. De todos modos, también puedo escribir por la tarde si las circunstancias lo permiten.

Escribo para conocerme mejor y para acercarme a otras formas de sentir a través de personajes diferentes a mí.

Me llama también la atención mucho que posees un blog “Mirar con palabras”, ¿cómo  empezó esta andadura digital?

Lo inicié a raíz de una conversación con nuestro querido amigo Ricardo Llopesa, que nos ha dejado hace poco y a quien le debo tantos buenos consejos. Él insistía en que yo hacía más cosas de las que mostraba. Es verdad que vivo más hacia dentro que hacia fuera y es curioso que él, a quien ayudé a crear una cuenta de google o con temas informáticos, me animara a mí a mostrar mi obra y mis actividades literarias y pedagógicas en medios digitales. Me sugirió una web profesional, aunque yo me decanté por un blog más sencillo. Siempre le estuve agradecida por animarme a publicar, por presentar mi primera novela a un certamen, sin avisarme, y por subir mi autoestima cada vez que volvía a mi costumbre de replegarme en mí misma. El blog ha sido una forma de compartir mi trabajo con las personas que quieran conocerme mejor.

Respóndeme a estas tres cuestiones, sin duda, tan importantes en la vida de cualquier escritor: Escribimos para….  Escribimos por….   Escribimos porque…

A ver. No me gustaría sonar muy trascendental porque, para mí es tan gratificante escribir que podría extenderme demasiado en esta pregunta. En cualquier caso, se reduce a que me siento bien y me sienta bien. Aun así, voy a tratar de responder de forma breve a tus preguntas:

Escribo para conocerme mejor y para acercarme a otras formas de sentir a través de personajes diferentes a mí.

Escribo por necesidad expresiva.

Escribo porque es la mejor manera que conozco de ser yo misma.

Además de leer  y escribir, ¿qué otras cosas son las que te hacen disfrutar cada día?

Siempre me ha gustado mucho el cine, sobre todo el clásico en el que predominan los buenos diálogos y una trama consistente, aunque ahora voy menos que antes y me adapto a los gustos de mis hijos. También me gusta hacer excursiones en familia, bailar, escuchar música, pasear por la orilla de la playa, compartir una buena conversación... En fin, cosas sencillas. El poema “Pequeñeces”, de mi primer libro publicado, habla de todo eso. Cito solo la primera estrofa:

Me gusta acurrucarme las mañanas heladas

y sentir que el viento habla tras los cristales;

escuchar viejas canciones,

desayunar muy despacio,

compartir mis pensamientos

con una taza de café

y agitar el alma al compás de sábanas tibias.

He cambiado en muchas cosas, pero sigo identificándome con esos versos.

Despídete, por favor, con una de tus greguerías.

Me decanto por la que aparece en la contraportada, correspondiente al 1 de abril: “Los libros son el hogar de los que nunca mueren”.

Gracias, María Ángeles. Ha sido todo un placer.

Mil gracias a ti, Isabel.

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