• Diario Digital | Domingo, 22 de Julio de 2018
  • Actualizado 01:08

ENTREVISTA CON EL AUTOR DE “JOAQUÍN SABINA. PERDONEN LA TRISTEZA”

Javier Menéndez Flores: “España es un país muy cabrón con sus artistas”

Joaquín Sabina es un icono de la música española al que nadie ha retratado como lo ha hecho el periodista y escritor Javier Menéndez Flores, quien acaba de reeditar la biografía que escribió hace 18 años, pero actualizándola hasta el presente. Toda una vida.

Javier Menéndez Flores
Javier Menéndez Flores
Javier Menéndez Flores: “España es un país muy cabrón con sus artistas”

Tres son los libros que el periodista madrileño ha dedicado al cantautor de Úbeda, aparte de múltiples entrevistas para diferentes medios de comunicación. El primero de todos es este que ahora se reedita (un título que en su día superó las 20 ediciones), pero recrecido con más de 180 páginas inéditas y muchas fotografías del protagonista, algunas de ellas también inéditas. En estas casi dos décadas, Sabina ha publicado cuatro discos de estudio, dos en directo, varios recopilatorios, tres álbumes con Joan Manuel Serrat y diversos libros, y ha colaborado con distintos músicos (Raphael, Julio Iglesias, Juanes, Dani Martín, Miguel Bosé…). Además, ha superado un episodio depresivo y una crisis creativa. Una nueva vida que Javier Menéndez Flores ha querido reflejar con el mismo estilo con el que lo hizo entonces. La idea era la de hacer un “lifting” al trabajo anterior y continuar un libro al que le faltaban muchos episodios nuevos. Es decir, la misma voluntad enciclopédica que ha movido siempre a este periodista/escritor desde que comenzó a publicar hace un cuarto de siglo.

portada_joaquin-sabina-perdonen-la-tristeza“Uno de los retos a los que me enfrenté cuando decidí poner al día la biografía "Perdonen la tristeza" fue el de mantener el mismo tono que en la primera versión. Y no solo en la parte nueva, también en la primigenia: cuando tuve que reescribir fragmentos, hice todo lo posible para que no se notaran los costurones, lo cual no es nada fácil porque hoy no escribo igual que hace veinte años, tengo más oficio”, afirma Javier Menéndez Flores en una céntrica cafetería cercana a la Puerta de Alcalá. Los nuevos capítulos arrancan a partir de la isquemia cerebral que el cantautor jienense sufrió en 2001 y que desembocó en una depresión que se prolongó hasta el 2005. “La parte actualizada nace en el punto exacto en el que moría la primera edición, esto es, tras la publicación del disco 19 días y 500 noches. A partir de ahí, he analizado todos sus trabajos hasta el presente. Si se reedita un libro biográfico dos décadas después y su protagonista no solo sigue vivo, sino que en ese tiempo no ha parado, como es el caso que nos ocupa, hay que actualizar el contenido a la fuerza, pues lo contrario supondría una estafa para los lectores”, sostiene con firmeza el autor.

Según Menéndez Flores, la asociación con el escritor Benjamín Prado le vino bien a Sabina porque “necesitaba a alguien que tirase de él y lo empujara a trabajar. Salir de casa era y es cada vez más difícil para Joaquín”. El resultado: Vinagre y rosas, que, a juicio del autor de esta biografía, “no es un gran disco porque tiene una excesiva carga de literatura. Está, sí, en exceso lastrado por ese sobrepeso literario y, en general, a las canciones que lo integran les falta pegada y transparencia. No obstante, le sirvió para volver a la carretera después de un largo parón creativo y recuperar la confianza en sí mismo, lo cual no es poco”, señala Menéndez Flores, y añade: “En ese disco, al estar firmadas las canciones de forma conjunta es difícil saber cuánto capital artístico aportó cada uno de los socios. En cualquier caso, lo que es innegable es que la huella digital de Sabina recorre todas las canciones”.

Para la elaboración de esta nueva edición de Perdonen la tristeza, Javier ha consultado montañas de recortes de prensa, ha escuchado, hasta casi gastarlos, sus nuevos discos (Dímelo en la calle, Alivio de luto, Vinagre y rosas y Lo niego todo) y se ha servido de distintas entrevistas que le hizo a Sabina. Un trabajo “titánico” que se refleja en una edición exigente y rigurosa, amén de muy atractiva: tapa dura, letra generosa y tres pliegos de fotografías. Casi podríamos calificarla de biografía definitiva de Sabina, si no fuese porque, casi con toda seguridad, dentro de unos años volverá a seguir rellenando la biografía del artista de Úbeda, aunque madrileño de adopción.

España necesita construir mitos para luego derribarlos.  Nuestros artistas tienen que ser sublimes sin interrupción

El autor de esta biografía cree que “España es un país muy cabrón con sus artistas. Una vez que los encumbra, no deja de exigirles más y más y más. Es igual que un equipo de fútbol, que tiene que ganar la liga todos los años. Solo que el deporte y el mundo del espectáculo no son la misma cosa; no tienen, de hecho, nada que ver. Los españoles somos muy cainitas. En países como Argentina o México, o en la vecina Francia, no ocurre lo mismo. Allí cuesta mucho llegar, pero al que triunfa se le respeta para siempre. En México y Argentina, Sabina es un dios. Nadie ha llenado el Luna Park de Buenos Aires tantas veces como él. En ocasiones, veinte citas casi del tirón. Y eso es algo que no se les olvida”. Hay que recordar que el aforo de ese estadio cubierto supera las 9.000 localidades. “España necesita construir mitos para luego derribarlos. Resulta triste, pero es así. Nuestros artistas tienen que ser sublimes sin interrupción, lo cual es una utopía. A Sabina, en este país, se le exige que cada disco que saca tenga la misma calidad que 19 días y 500 noches, su obra maestra. Por un lado, que los fans quieran que sus ídolos den siempre lo mejor de sí es algo comprensible, solo que en el caso de Sabina (y quien dice Sabina dice Serrat) habría que poner en valor todas las canciones buenas que nos ha dado desde que hace 40 años grabó su primer disco. ¿Treinta? ¿Cuarenta? ¿Medio centenar? Joder, cualquiera de sus colegas mataría porque dijeran eso de ellos”, remacha con firmeza.

En contra de lo que algunos creen, de Joaquín Sabina, sostiene Menéndez Flores, se han escrito pocos libros “porque estamos hablando de un artista de reconocimiento internacional. Aparte de en España, es enormemente querido y respetado en la mayor parte de los países de habla hispana de América, y ese es un territorio inmenso”.

Respecto a sus orígenes e influencias, Joaquín Sabina es un cantante que ha mamado más del rock que de la canción protesta, como señala su biógrafo: “Los siete años que pasó en Londres le formaron musicalmente de una manera decisiva. Sus influencias de esa época van desde David Bowie o los Stones hasta Marc Bolan, el malogrado rey del glam. En cambio, el resto de los cantautores de su generación se formaron en Francia o con influencias francesas, eran muy afrancesados, pero Joaquín se llevó el rock canalla y callejero a la canción de autor e imprimió calidad poética a sus canciones, algo infrecuente hasta entonces en ese género”, cuenta el escritor.

'Perdonen la tristeza' (Sabina y M. Flores)

“Sabina es inagotable”

En opinión de su biógrafo, “Joaquín Sabina es inagotable”, si bien precisa “si él quiere, claro”, y añade: “Nadie escribe canciones en España con la calidad de Sabina. Como escritor, empezó siendo un contador de historias, pero se ha convertido en un poeta del lenguaje; en alguien más interesado en la forma que en el fondo. En sus primeros discos, sus canciones eran pequeñas novelas con planteamiento, nudo y desenlace. El problema ha venido cuando se ha ido literaturizando e intelectualizando en demasía. Sin embargo, con su último disco ha dado un paso hacia atrás. Para bien”.

Según Javier, “Sabina escribe cada vez mejor, pero una cosa es escribir cada vez mejor y otra muy distinta escribir mejores canciones. Una canción debe ser transparente como un vaso de agua: cuanto menos artificiosa y compleja sea, mejor entrará. Joaquín, en discos como Alivio de luto y Vinagre y rosas, había olvidado esa regla básica; se desmelenó y se lio a hacer poesía en forma de canciones, buscando el más difícil todavía en cada verso. No obstante, en su último disco, Lo niego todo, ha retornado el Sabina narrador, lo cual, ya digo, ha sido un acierto”.

Menéndez Flores no solo cree que tenemos Sabina para rato, sino que vaticina que pronto le vendrán nuevos y justos reconocimientos académicos. “Dentro de poco tendremos a Joaquín en la Real Academia Española (RAE)”, nos avanza. Parece ser que tiene un poderoso valedor dentro de la docta casa que quiere abrir esa rancia institución a aires nuevos, Arturo Pérez-Reverte. Y en cuanto al Cervantes, “si Dylan ha sido reconocido con el Nobel de Literatura, ¿por qué Joaquín Sabina no puede ganar el Premio Cervantes?”, se pregunta, retóricamente, su biógrafo.

'Perdonen la tristeza' (8)

Menéndez Flores, escritor ante todo

Javier Menéndez Flores se considera antes que nada escritor. “El periodismo escrito tiene mucho que ver con la faceta de escritor. No es lo mismo ser periodista de televisión o de radio que de un medio escrito. Yo me he ganado y me gano la vida escribiendo y me considero escritor antes que periodista. Y, desde luego, no comparto la opinión de quienes sostienen que en la escritura existen subgéneros: el talento está en cualquier género, igual que la falta de él”, sentencia el autor madrileño.

Asimismo, reconoce que todos los libros que ha escrito son los que ha querido escribir: “Siempre he escrito lo que me pedía el cuerpo, lo que me ha dado la gana, y lo que entendía que me podía aportar algo y aportarles de paso algo a los demás”, subraya. Y hay que decir que como periodista y escritor es un profesional riguroso y perfeccionista. Como señala el periodista cultural Darío Prieto en el texto que ha escrito para el libro: “Javier Menéndez Flores es un chalado que se atreve a ser riguroso, exhaustivo y sistemático en un campo como la música, tan propicio para asociaciones inconexas y lugares comunes”. Aunque, como reconoce el autor del libro, ese exceso de rigor es “algo que, en ocasiones, me mortifica”.

'Perdonen la tristeza' (5)Javier Menéndez Flores, en fin, ha reescrito, mejorado y ampliado una biografía necesaria y demandada. Su esfuerzo en actualizar la primera versión ha sido más que notable y se siente con el deber cumplido. “No estoy engañando a nadie con esta nueva versión”, advierte el escritor. Por supuesto que no. Le agradecemos esta puesta al día de uno de los pocos iconos musicales que quedan en este país de cabrones, y perdonen la osadía.

Javier Menéndez Flores (Madrid, 1969) es autor de catorce libros. Ha cultivado la novela (Los desolados, El adiós de los nuestros y, en colaboración con Melchor Miralles, "El hombre que no fui", basada en el crimen de los marqueses de Urquijo y que ha resultado elegida finalista del Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón 2018), la entrevista (Miénteme mientras me besas, Arte en vena), el ensayo cinematográfico (Guapos de leyenda) y la biografía, con diversos trabajos sobre grandes figuras de la música española. Destacan su trilogía de Sabina ―compuesta de este título, del libro de conversaciones Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca y de "No amanece jamás", un exhaustivo estudio de sus letras y principales ejes temáticos― y las dedicadas a Extremoduro (De profundis) y a Dani Martín (Soñar no es de locos), ambas con la participación de sus protagonistas. 

Puedes comprar el libro en: