• Diario Digital | Miércoles, 23 de Mayo de 2018
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ENTREVISTA AL AUTOR DE “EL DOLOR DE LOS DEMÁS”

Miguel Ángel Hernández: “A veces enfrentarse a un trauma no sirve para cerrarlo sino para proyectarlo”

El dolor de los demás” es la tercera novela del escritor murciano Miguel Ángel Hernández, la siguiente después de haber sido finalista del Premio Herralde y donde rompe, en cierta manera, con anterior narrativa.

Miguel Ángel Hernández: “A veces enfrentarse a un trauma no sirve para cerrarlo sino para proyectarlo”

Su nueva novela es, desde luego, inclasificable. La editorial apunta en la faja que es un thriller, algunos piensan que es una novela negra sobre un acontecimiento más de la España profunda y algunos libreros la han colocado en los estantes de autoayuda. Creo que ninguno acierta. Es el propio autor, más huertano que nunca, el que acierta más en la clasificación: “es una crónica de lo que aconteció hace veinte años, donde incorporo mi propia biografía, sin ser autobiografía, contada con las convecciones de una novela”.

El autor fue amigo de la infancia del protagonista de un luctuoso hecho que ocurrió en la Nochebuena de 1995, Nicolás asesinó a su hermana y, posteriormente, se suicidó arrojándose por un barranco en el Cabezo, lugar al que solían ir con sus bicicletas en sus excursiones adolescentes. Nicolás tenía 18 años cuando ocurrió eso, pese a las pruebas, su madre nunca se creyó que hubiesen ocurrido los acontecimientos como contaba todo el mundo. Miguel Ángel Hernández vivió aquellos días con sentimientos encontrados. No podía creerse que su mejor amigo hubiese hecho lo que los periódicos escribían y los vecinos decían.

La sensación al terminar el libro fue de frustración, como experiencia no me ha servido

“A veces enfrentarse a un trauma no sirve para cerrarlo sino para proyectarlo”, dice el autor nada más comenzar la entrevista que mantuvimos en un rincón de la librería La Central de Callao a donde había llegado para cargarse de libros que llevar a su cas. Aquella experiencia le abrió las carnes y según transcurría el tiempo, se le abrieron mucho más. “Necesitaba escribir, necesitaba liberarme y enfrentarme a todo lo que tenía escondido desde hace tanto tiempo, pero la sensación al terminar el libro fue de frustración, como experiencia no me ha servido, ya que creía que iba a ser curativo y no lo ha sido”, explica con su característico tono confidencial. En ocasiones, enfrentarse a los recuerdos no es tan sanador como algunos terapeutas dicen.

Por el contrario, la experiencia que está teniendo con los lectores es mucho más positiva y agradable. “La escritura no me ha salvado, pero las impresiones que me transmiten los lectores son un bálsamo para mí”, subraya con convicción. Quizá, enfrentarse con sus propios demonios, con sus recuerdos le hayan servido para reconciliarse con ellos. “Es la novela que más me ha dolido escribir. Lo he pasado fatal haciéndolo”, reconoce Miguel Ángel durante la charla.

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“La literatura es un acto de diálogo”

 

Ese feedback con sus lectores le ha servido para sentirse mejor. “Me han comprendido mejor que yo mismo. La literatura es un acto de diálogo”, afirma sin titubeos y continúa diciendo “lo que quiero es contar historias, comunicarme con la gente, abrir un canal de comunicación”. Desde luego que lo ha conseguido y así lo reflejan los resultados de su primera semana de venta. Su editorial, ha apostado fuerte por él.

En el libro, ha querido contestar a dos preguntas que llevaba tiempo haciéndose sobre esa historia que conoció de primera mano. “La primera pregunta es ética, ¿por qué escribir el libro? Y la segunda es técnica, ¿cómo hacerlo? De ahí que haya querido plantearlo con dos voces. Por un lado, en primera persona, mi propia voz que va contando el proceso de recuerdo de los acontecimientos, la recolección de la documentación y el transcurso de la escritura y, por el otro, una voz ajena, escrita en segunda persona, que relata lo que sucedió en ese día y medio aciago”, expone con desenvoltura este profesor de arte.

“La voz en segunda persona cuenta los acontecimientos del pasado, pero lo hace en presente. Esta fue una decisión muy meditada y consciente ya que creo que la memoria emocional debe estar siempre en presente. Es una proyección instantánea en imágenes del pasado como si de una pantalla cinematográfica se tratase”, desgrana con lucidez ya que cuando evocamos recuerdos lo hacemos en presente y muchos de éstos se deforman con el tiempo, quedando el recuerdo vivido. En la amígdala cerebral se opera siempre en presente”, recalca el novelista murciano.

Hernández-V​Sus dos anteriores novelas habían versado sobre el mundo del arte moderno que tan bien conoce. “Los dos protagonistas de “Intento de escapada” y “El instante de peligro” tenían cosas de mí sin ser yo, como un 25%, aquí soy yo al 100%”, apunta Miguel Ángel Hernández, que también nos confiesa que todos los protagonistas de la novela son reales pero que los ha cambiado los nombres. “Por si acaso me denuncian, aunque yo creo que lo que ha quedado en una novela de ficción”, declara pícaro.

La novela tiene momentos álgidos y emotivos. “Mis capítulos favoritos son los de mi madre y los de la casa. No deja de ser una elegía al pasado. En este sentido en un libro de memorias y, también un libro de duelo donde he registrado todo lo que recordaba”, expone con sentimiento. El mismo que aflora cuando recuerdo el origen del libro. “Fue Sergio del Molino el que me sugirió que en esa historia había una novela”, reconoce. El autor radicado en Zaragoza tuvo una experiencia traumática con la muerte de su hijo que reflejo en “La hora violeta”.

También, señala que “hay otros autores que me han influido como Delphine de Vigan, Capote, Piglia, Cercas… y, especialmente, Emmanuel Carrère”, especifica. Pero, creo, su novela va un poco más allá de lo que conocemos como novela basada en hechos reales, ya que “El dolor de los demás” le ha servido como catarsis para encontrarse con un episodio de su pasado que no había cerrado. Un episodio que quien lo vive le puede cambiar su destino definitivamente. “La mente de una persona no está preparada para asumir un episodio así. De hecho, hubo personas de su entorno que no lo reconocieron nunca”, concluye Miguel Ángel Hernández.

Su novela no da una solución definitiva de lo que realmente ocurrió, pero nos deja espacio a la imaginación para que reflexionemos con ese acontecimiento del siglo pasado que, si hubiese ocurrido en éste, el relato hubiese sido totalmente diferente. Esa es la magia de la literatura y el embrujo que tienen estas páginas del autor.

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