• Diario Digital | Sábado, 26 de Mayo de 2018
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"La idea de la paz perpetua y el pacifismo del pensador", del filósofo alemán Max Scheler

Max Scheler fue un filósofo alemán, de gran importancia en el desarrollo de la fenomenología, la ética y la antropología filosófica, además de ser un clásico dentro de la filosofía de la religión.

"La idea de la paz perpetua y el pacifismo del pensador", del filósofo alemán Max Scheler

En "La idea de la paz perpetua y el pacifismo", Max Scheler se desembaraza de todas las formas ingenuas de pacifismo, entre las que sobresale, en nuestros días y en los de Scheler, la idea de que las estrechas relaciones económicas en el interior de un mismo país o territorio geopolítico son un antídoto inmejorable contra la guerra, como si la prosperidad material fuera sinónimo de arcadia política. Igual que el ser, la guerra se dice de muchas maneras, y la paz económica no prejuzga nada a favor o en contra de la guerra cultural e identitaria, y viceversa. El verdadero pacifismo encuentra que el camino hacia la paz está más bien en el método, siempre y cuando su sentido procedimental arraigue en un cierto espíritu compartido que persigue objetivos comunes.

Así comienza "La idea de la paz perpetua y el pacifismo": "Ser un filósofo de lo absurdo es una cosa bastante insólita. La filosofía se caracteriza por su obcecado intento de comprender las cosas y lo absurdo parece ser precisamente lo que, con la misma obcecación, se resiste a ser comprendido. No hay conciliación posible. Lo cierto es, sin embargo, que no han escaseado los que han merecido este título: Camus, Sartre, Nietzsche, tal vez, incluso, Deleuze y Unamuno.". 

Miguel Oliva Rioboó ha preparado una cuidada edición de la obra, que se completa con una cronología y un índice onomástico que serán de gran utilidad al lector.

MaxSchelerLa obra de Max Scheler (1874-1928) es la de un filósofo total, en la que los conflictos y desgarros de una época particularmente difícil de la historia de Europa no se viven como algo ajeno, como algo que contemple un observador complaciente, sino como una herida que atraviesa al propio filósofo y convierte su vida en una verdadera tormenta, tanto pasional como intelectualmente. Así fue el caso de sus posicionamientos respecto de la Primera Guerra Mundial y el período de Entreguerras, sacudidos siempre por las heridas que veía a su alrededor, y que con el auge del nazismo no hacían presagiar nada bueno.

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