• Diario Digital | Martes, 24 de Abril de 2018
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"El jardín de los instantes", de Pepi Bobis Reinoso, reparto de tensiones

Los dos polos de tensión corresponden a la vida y a la literatura. A lo largo de los tiempos, la escritura, y más concretamente, la poética, se ha ocupado en combinar ambos. Efectivamente, el poema forja una tracción de fuerzas entre signo y experiencia. En la poesía se encuentran en tensión el acto de vivir y de escribir (o leer). En un libro de poemas se revela una combinación de experiencias vitales y de hallazgos lingüísticos. Percibimos, como lectores, ambos elementos contrapesados y explicados.

"El jardín de los instantes", de Pepi Bobis Reinoso, reparto de tensiones

El primer libro de poemas de Pepi Bobis Reinoso, El jardín de los instantes (Noctiluca, 2017) conforma una dialéctica de tensiones: tanto desde el punto de vista temático entre la memoria y el amor, cuyo epicentro es el tiempo; como desde la óptica poética entre el verso y la línea. Ese enfrentamiento engrandece a la autora sevillana, pues, a través de la simbología que revela el título, los lectores esperábamos encontrar un tono amable y azul, y, en su lugar, nos deja con interrogantes irresolubles o en vías de resolución si aplicamos mucha sesera. Nada fácil resulta, de este modo puede leerse en el poema de cierre:

Pepi Robis Reinoso

confesé una mentira

y para guardar mi identidad,

seguí nadando a brazas

hasta llegar a un lugar seguro.

En este primer libro de Bobis Reinoso la contemplación no es gratuita. Los instantes que andaban sueltos, superpuestos, son seleccionados para andar ahora un nuevo camino adquiriendo una llama semejante a la del principio.

El argumento bascula entre la memoria y el amor, pero también, en otros temas que parecen posarse en la hoja, con apariencia de secundarios, entre lo cierto y el presentimiento; entre la realidad y lo escrito.

La poeta, como el «homo viator», camina peregrina por los desfiladeros del día. Frente a la espada temporal, se coloca lo inerte (la piedra) capaz de vencer sus aristas; por el contrario, la coraza del amor se alza como única defensa para combatirlo:

Camina el tiempo

por la vida y por la muerte;

sólo la piedra,

vieja,

cautiva y cansada,

resiste

al misterioso transeúnte.

Un lugar de paso

donde habita la memoria.

El poema aparece normalmente como el resultado del encuentro de una anécdota o un recuerdo con un fondo de paisaje. Sus composiciones no son simples descripciones del mundo: son constataciones de realidades, así puede leerse: «Las noches acaban por desentenderse de preguntas y silencios que nosotros mismos cavamos», o en el poema «Camino y traigo saliva»: «Somos caducos mundos / donde no hay lugar para amarse».

La contemplación del paisaje cercano ejerce presión en el sujeto poético tomando conciencia del paso de los meses:

Amarillea

el cabello de los árboles.

Pronto se vestirán

de ocres las aceras,

así, sin preguntar.

Un poemario formado por treinta y cuatro textos sin título, sólo reconocidos, como un juego textual, en el índice. Tres de ellos se complementan con citas: Cortázar, Lugones y Galeano. Algunos poemas se acercan a lo conciso, al verso más corto; otros se estiran en la línea ocupando el espacio preciso. Esa tensión entre un cauce y otro no detiene el pensamiento reflexivo de la poeta, que se afana en que el verso ocupe mayor terreno cuando exprese el sufrimiento o el lamento, fruto, tal vez, de tanta incomprensión, como sucede en los poemas «Hoy» y «Cuesta mantenerse».

La poesía de Pepi se caracteriza por su aparente sencillez, una manera de mostrar que se entiende de un modo consciente, una forma conscientemente buscada. La autora recurre a una expresión muy clara, cercana, en muchas ocasiones a la lengua hablada, a un tono conversacional. De este modo el lector no va a encontrar dificultades en la comprensión de los términos y ni tampoco en las construcciones. Ello no implica que un lector avezado pueda encontrar multitud de recursos, resultado de la elaboración del lenguaje. Así, encontramos que varios son los recursos que ayudan a que el ritmo no decaiga, como el empleo de diversas aliteraciones (en los poemas «Deja que el aire» u «Hoy el viento»); anáforas (en los poemas «Centrada en una burbuja» o «A ciertas edades»); o repeticiones léxicas («cuando», en el poema «Cuando todo te parezca gris»; «ojalá», en el poema «A quien proceda»); asimismo contribuye a que el texto sea fluido al encadenar un buen número de versos con encabalgamiento (como sucede en el poema «Centrada en una burbuja»). Otro tipo de recursos sustentan el fondo, es decir, la base significativa con multitud de sugerencias que la autora ha sabido generar gracias a la construcción de metáforas (que encuentran su referente no sólo en la vida sino también en la propia escritura, a veces, incluso en el teatro, con alguna alusión directa como la Julieta de Shakespeare); imágenes visuales («Llueve ocre sobre un valle pálido»); o incluso mediante personificaciones en las que lo abstracto cobra vida (el otoño abraza, la luz envejece, el horizonte dibuja, el aire juega, el tiempo camina).

Pepi y El jardín de los instantes

En síntesis, ese caleidoscopio de colores, esa noria emocional que es El Jardín de los instantes, transmite hondura en el decir y entusiasmo por vivir, como aquella canción que firmaba Carole King, «Tapestry», que hablaba sobre la riqueza de las emociones:

My life has been a tapestry of rich and royal blue

An everlasting visión of the everchangigng view

A wondrous woven magic in bits of blue and gold

A tapestry to feel and see, imposible to hold.

Puedes comprar el libro en las siguientes librerías de Sevilla: 

Casa Tomada, Quilombo, Nuño o Un Gato En Bicicleta.