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DEBATE, PENGUIN RANDOM HOUSE GRUPO EDITORIAL, 2016

"La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe", de Guillem Martínez

Guillem Martínez nos presenta una obra muy sugerente sobre la dinámica independentista que estamos observando en Cataluña durante los últimos años. Publicada en 2016, no cubre el penúltimo episodio del enfrentamiento del nacionalismo catalán con la legalidad constitucional, esto es, el 1-O.

"La gran ilusión. Mito y realidad del proceso indepe", de Guillem Martínez

El autor, excelente conocedor del escenario político y social catalán, lo radiografía centrando sus análisis particularmente en el nacionalismo conservador, cuyos orígenes también expone formulando una crítica que no debe pasar desapercibida: “una cosa sorprendente: el nacionalismo conservador pagó cara su participación en el golpe de Primo de Rivera –prácticamente desapareció en 1931, con la República, cediendo el paso a un catalanismo de izquierdas y republicano-, pero la aventura de colaborar con Franco le salió gratis. En la primera Transición ya era el catalanismo hegemónico” (p.49). En íntima relación con esta idea, señala que durante el Franquismo, la oposición al mismo en Cataluña estuvo liderada por el PSUC y posteriormente por la Asamblea de Cataluña.

PORTADA Guillem Martínez​Tras esta primera parte de la obra, Martínez se centra en el periodo iniciado a partir de 2003, cuando tuvo lugar el primero de los dos gobiernos tripartitos en Cataluña y de una manera más concreta, la elaboración/aprobación del nuevo Estatut, del cual sostiene que el “procés” es el hijo no deseado (p.86). En efecto, el autor hace una crítica contundente de cómo CIU, el Partido Popular y el gobierno de Rodríguez Zapatero gestionaron la propuesta maragalliana de reformar el Estatuto de Autonomía sin salirse de la Constitución, afirmación esta última cuando menos discutible: “el PSOE recuperó un interlocutor y una dinámica del pacto, en detrimento de Maragall, ese personaje que iba por libre y que era poco fiable, incluso, para el PSOE” (p. 92).

Igualmente, es en este momento histórico cuando Martínez sitúa el nacimiento del “procés”, del que distingue varias fases. Una primera de carácter social y en la cual los partidos políticos carecen de protagonismo. De esta etapa formarían parte la creación en 2006 de la Plataforma por del Derecho a decidir, la proliferación de consultas en numerosos municipios (destacando la pionera, Arenys de Mar en 2009) y la manifestación de julio de 2010 por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. No obstante, acerca de este último acontecimiento Guillem Martínez efectúa una importante precisión: no hubo proclamas a favor del Estatut (“recortado”) sino favorables a la independencia.

Durante esta fase del “procés”, el nacionalismo conservador  representado esencialmente por Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) es un actor marginal al que el autor no otorga excesiva influencia, entre otras razones porque sostiene que la citada formación nunca había sido independentista. Esta última idea resulta capital para entender la tesis que desarrolla Guillem Martínez: el giro hacia el independentismo de CDC es interesado y tiene como única finalidad perpetuarse en el poder en un contexto de crisis económica, en el cual el gobierno presidido por Artur Mas estaba realizando mayores recortes que el español, al que otorga su apoyo a coste cero en el Congreso de los Diputados, en particular durante el primer año de Rajoy al frente de aquél. Quien mejor representa esta viraje es el aludido Artur Mas al asumir como propia una reivindicación que no es la suya (la independencia).

El resultado de esta sucesión de acontecimientos es la mutación del “procés” social en político y posteriormente en gubernamental. Para ello resultan fundamentales la creación de una serie de instituciones (la Asamblea Nacional de Cataluña, el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir o el Consejo Asesor para la Transición Nacional) que marcan una agenda con unos objetivos que el nacionalismo conservador asume, pues le permiten evitar que su obra de gobierno no sea juzgada por la austeridad que viene aplicando en sus políticas públicas.

En este sentido, el 9-N de 2014 o las elecciones plebiscitarias del 27-S de 2015 corroborarían ese nuevo modus operandi. Asimismo, durante esta etapa aparecen otros actores invitados que desempeñan una labor fundamental a la hora de legitimar y difundir el “pensamiento dominante”: los medios de comunicación que subvenciona la Generalidad. En efecto, estos últimos difunden acríticamente el peculiar mantra del nacionalismo que identifica “procés” con democracia y ocultan deliberadamente los fracasos de aquél, por ejemplo en el ámbito internacional.

En definitiva, una obra en la que el autor desnaturaliza el mensaje independentista patrocinado por el nacionalismo conservador catalán. Guillem Martínez con ello no cae en el relativismo ni en la equidistancia. Por el contrario, nos sitúa con antelación en el escenario que actualmente observamos y que podría traducirse en que ese nacionalismo conservador cree ser el único legitimado para gobernar en Cataluña. Esta aspiración, además de topar con la cruda realidad, ilustra la capacidad de aquél para contraer pactos contra-natura y asumir una agenda, social y política, que no siempre ha ocupado un lugar preferente en su credo.

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