• Diario Digital | Jueves, 21 de Junio de 2018
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"El ángel negro", un trepidante thriller con un cuadro de Goya como protagonista

¿Dónde están realmente los originales de las Pinturas negras? ¿Y si las Pinturas negras de Goya no fueran catorce sino quince? Un secreto oculto durante siglos podría cambiar la historia del Arte. Laura Higuera nos lo cuenta en "El ángel negro"

"El ángel negro", un trepidante thriller con un cuadro de Goya como protagonista

"El ángel negro" es un trepidante thriller en dos tiempos en el que el inspector Bernardo Vera y la experta en arte Ada Adler emprenden una investigación que les llevará tras la pista de un lienzo enigmático. El ángel negro

Madrid, 2016. La sala 67 del Museo del Prado despierta un lunes de mayo oliendo a sangre y a filme gore. El cuadro ‘Saturno devorando a un hijo’ aparece cosido a navajazos junto al cuerpo descuartizado del profesor Esthepan Morales en la sala de las Pinturas negras de la pinacoteca nacional. Las cámaras de seguridad no estaban grabando dicha sala durante la noche del crimen. ¿Quién se tomaría la molestia de convertir un crimen en una obra de arte?

Raimundo Cabrera, director del Museo del Prado, nervioso y preocupado por la gravedad de los hechos, facilita al inspector Bernardo Vera el teléfono de Ada Adler, una de las mayores expertas en Francisco de Goya, y una mujer atractiva, cuya belleza no deja indiferente a nadie.

‘Saturno devorando a un hijo’ es una de las catorce Pinturas negras que Goya pintó en las paredes de su casa, la Quinta del Sordo, comprada por el artista en 1819. Las Pinturas negras quedaron en los muros de la Quinta, una casa de campo a orillas del Manzanares, que años después fue adquirida por el barón Émile d´Erlanger, un banquero francés que tenía intereses inmobiliarios en España.

D'Erlanger encargó que las pinturas, que se encontraban en un delicado estado de conservación y que se pintaron directamente sobre la pared seca, fueran trasladadas a lienzos. Salvador Martínez Cubells, pintor y restaurador del Museo del Prado, fue el encargado de realizar este delicado trabajo.

El Museo del Prado guarda infinidad de secretos pero ahora, en el siglo XXI, también atesora la escena de un crimen siniestro y un mensaje escrito en clave en el reverso de una de las obras del pintor aragonés. Por este motivo, cinco hoteles han sido desalojados por cuestiones de seguridad y se han establecido controles en las calles Felipe IV, Lope de Vega y en la Plaza de la Lealtad.

Setenta y dos horas después al otro lado de Madrid, en la Ermita de San Antonio de la Florida, el párroco Santiago Fonseca descubre una cabeza de hombre con las cuencas oculares vacías sobre la tumba de Francisco de Goya.

Madrid, 1873. Alessandra Abad, natural de Cannaregio (Venecia) es una joven muy hermosa. Conserva un leve acento italiano en la voz, aunque su español resulta excelente. Está de visita en el Madrid donde se crió su madre. Quiere visitar el Museo del Prado. Está muy interesada en catorce extrañas pinturas halladas en las paredes de la Quinta del Sordo, trazadas por un Goya enloquecido, y en los esfuerzos de un experto Salvador Martínez Cubells por extraerlas de los muros de la casa del pintor mediante la técnica del strappo.

Más tarde irán al apartamento que él tiene en la calle Fuencarral. La señorita Abad pasará allí tardes enteras, leyendo y mirando por la ventana, besándole y desnudándose para él. “Y cuando ella convierta ese espacio en suyo -con el sol penetrando grosero por las contraventanas y asomada de noche al balcón de la casa- ignorará los lamentos del restaurador para reírse al final de sus ruegos”.

Así arranca este thriller en dos tiempos en el que el inspector Bernardo Vera y la experta en arte Ada Adler emprenden juntos una investigación que les llevará tras la pista de un lienzo enigmático, el inquietante retrato de un ángel negro, y descubrirán que el poder también se puede alcanzar a través del arte.

Laura Higuera (Cartagena, 1982) ha sido siempre una apasionada de la lectura. Comenzó la carrera de Medicina para posteriormente estudiar Historia. Ha trabajado de dependienta para firmas de moda durante mucho tiempo y vivió durante una etapa de su vida en Miami. Descubrió las Pinturas negras de Goya a los ocho años cuando su abuelo le llevaba a visitar El Museo del Prado. Es una apasionada de Bach, Albinoni y Vivaldi. Esta es su primera novela.  

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