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23 de septiembre de 2019, 22:34:32
CRÍTICAS


Los “Niños feroces” de Lorenzo Silva

Por Javier Velasco Oliaga

"Niños feroces" es la última novela del escritor madrileño Lorenzo Silva. Laha publicado en Ediciones Destino, como viene haciendo últimamente. La obra es de difícil clasificación pero es sumamente interesante y, en cierta forma, atrevida tanto por la forma como por el fondo. Ya que analiza un fenómeno que se repite recurrentemente en nuestra historia que es el olvido al que sometemos los españoles a nuestras Fuerzas Armadas, menospreciando su labor, en ocasiones, social.


Las Fuerzas Armadas Españolas sufrieron un grave desprestigio a raíz de la dictadura que sufrimos durante cuarenta años, además el golpe de estado del 23-F no favoreció en nada a su imagen. Actualmente nuestro ejército está totalmente democratizado y la labor que han realizado en diversas misiones en el extranjero siempre ha tenido el respeto y la admiración de otros países, por su preparación y su buen hacer. Lamentablemente, en España su trabajo se ha ignorado, cuando no, denigrado.

Actualmente, la profesionalización de nuestro ejército es digna de encomio y así lo atestiguan los que han trabajado junto a ellos en diversos países que han sufrido conflictos bélicos. La novel Niños feroces trata sobre nuestros ejércitos, en especial sobre la División Azul y más concretamente sobre Jorge García Vallejo, soldado de esa división que tras ser repatriado en 1943, volvió un año después a Alemania para continuar luchando contra el comunismo, esta vez en las SS.

La historia es real y el autor ha buscado un curioso subterfugio para contarla y ha sido comparándola con otros soldados españoles que han participado en la Guerra de Irak y más concretamente en la batalla de Nayaf. ¿Y por qué ha hecho esto Silva? Para demostrar que los errores se siguen cometiendo indefinidamente cuando se olvida nuestra historia, cuando nos avergonzamos de nuestra historia y no sabemos asumirla para bien o para mal.

Se ha escrito mucho sobre la historia de la División Azul que fue comandada por el general Muñoz Grandes. Para bien o para mal España mandó ese ejército para pagar la ayuda alemana en la Guerra Civil. Fue un contingente de jóvenes falangistas, que querían luchar contra los rusos y contra el comunismo por lo que hicieron en nuestro país en la guerra del 36, y veteranos de la guerra que se encontraban desubicados y no encontraban su camino en un país asolado por el hambre y la pobreza.

Esa unión dio lugar a un ejército indisciplinado, que ponía los pelos de punta a los mandos nazis. Sin embargo, el valor que demostraron en el frente ruso le hizo ganar numerosas condecoraciones, pese a luchar en unas condiciones totalmente adversas, tanto climatológicas como por el deficiente equipamiento que les suministraron los alemanes, que siempre los vieron con recelo.

Para contar esa historia y lo que vendría después, Lorenzo Silva escribe una novela en primera persona donde el narrador es un joven aprendiz de escritor de un taller literario. Su profesor, Lázaro, es un escritor de reconocido prestigio, ¿trasunto del autor? Que le va dando las claves sobre una historia que hace más de veinte años documentó pero no llegó a escribir. El joven Lázaro con la ayuda del profesor va encontrando las claves de una historia para él lejana e incomprensible, pero la astucia de su profesor va haciendo, con la ayuda de los recientes acontecimientos de la guerra de Irak, que vaya interesándole y enganchándole.

Y ese proceso de creación, esa meta historia de cómo se hace una novela y cuál es su resultado es lo que compone una novela con una trama que nos va acercando desde diferentes puntos de vista. El pasado y el actual, para demostrar que las motivaciones de los soldados son prácticamente las mismas pese a que hayan pasado más de cincuenta años.

¿Qué se siente al disparar contra un enemigo que apenas ves? ¿Se siente miedo antes del combate? ¿Se es consciente de que se ha matado al enemigo? ¿Quedan remordimientos de conciencia? Todas esas preguntas se responden de manera personal, pero las respuestas casi siempre son las mismas. Los niños feroces que componen los ejércitos son “voluntarios para el desastre”, en la mayoría de ocasiones un desastre personal porque llegaron al ejército más por obligación o ignorancia que por vocación.

El protagonista es testigo de cómo era el ejército alemán de 1945 que estaba compuesto en su mayoría por adolescentes y viejos. Un ejército en descomposición que defendía en precaria situación a un dictador que les había llevado a la muerte después de haberse comportado como un ángel exterminador de judíos. La mayoría luchó por Hitler ignorando lo que hacía en los campos de exterminio. El protagonista, también.

El narrador va componiendo una novela dentro de la novela. Primero, la novela de ese soldado español que luchó en la División Azul y en las SS, al lado de soldados letones, rusos, belgas, franceses o rumanos. Unas SS que al final de la guerra se alimentaba de soldados extranjeros ante la falta de soldados alemanes. Después, la historia de cómo se hace la novela, cómo se documenta, cómo se ilustra, cómo se investiga para darla forma.

Es pues un curso de taller literario lo que ha querido dejar escrito el autor. Un curso donde aprendemos cómo se hace una novela de la cual estamos enganchados a una trama con una fuerza apasionante, que tiene la garra de unos episodios que rozan el heroísmo más infantil. Lo único que sobra es que da demasiadas explicaciones sobre lo que piensa el propio narrador, opina demasiado y una novela debe contar una historia y dejar que el lector saque sus propias conclusiones. En ese sentido es una novela demasiado pedagógica.

Sus alusiones a otro libro suyo, Y al final, la guerra que escribió con Luis Miguel Francisco sirven para ilustrar muchas de sus tesis. Ese trabajo fue más periodístico. El que ahora nos ocupa es más literario que tiene la garra de unos acontecimientos que creíamos únicos y vemos que se siguen repitiendo. Lorenzo Silva ha escrito un texto muy interesante que, si lo hubiese aligerado de reflexiones morales, le habría quedado una obra redonda. Formar e informar a veces son como el agua y el aceite.

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