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20 de octubre de 2019, 8:33:52
ENTREVISTAS


Entrevista a Antonio Pérez Henares, autor de “El Rey Pequeño”

“Ignoramos nuestra historia y esa ignorancia nos lleva a despreciarla y hasta avergonzarnos de ella”

Por Javier Velasco Oliaga

Muchos lectores se preguntarán quién fue el Rey Pequeño, era como le denominaban los musulmanes a Alfonso VIII, vencedor de la celebérrima Batalla de las Navas de Tolosa. A la muerte de su padre, Sancho III y con tan solo tres años fue coronado rey y se designó regente a Manrique Pérez de Lara. La nueva novela de Antonio Pérez Henares se titula precisamente “El Rey Pequeño”, donde se cuenta la historia de Alfonso VIII desde los ojos de un amigo de la infancia.


El Rey Pequeño” lo podríamos considerar la continuación de la anterior novela histórica del escritor alcarreño “La tierra de Álvar Fáñez”, con la que conseguiría un espectacular éxito de ventas. El hilo conductor de ambas novelas es Pedro el Pardo, un personaje de ficción que sirve para que pueda dar a conocer muchas historias desconocidas por el gran público.

Antonio Pérez Henares, más conocido como Chani en el ambiente periodístico me recibe en su despacho, cercano a la madrileña Plaza de Castilla, no podía ser de otra manera cuando íbamos hablar sobre la historia de Castilla en los momentos cruciales de su expansión hacia los terrenos de la península ocupados por los almohades y los almorávides.

A Alfonso VIII le llamaron los musulmanes el Rey Pequeño. “Quedó huérfano de padre y madre a los 3 años y a tan corta edad heredó la corona de Castilla. Presa de las ambiciones de los grandes nobles castellanos (Laras y Castros, que se disputaban su custodia) y de su tío el rey leonés, Fernando II, demostró su determinación y coraje nada más cumplir los 14 y acabó por ser quien diera el golpe trascendental al poder islámico en España al lograr vencer en la batalla de Las Navas de Tolosa”, explica el escritor del pequeño pueblo de Bujalaro.

El momento que trata es el más crucial de la Reconquista, donde se inclinó definitivamente la balanza del lado cristiano y Alfonso VIII fue el protagonista principal. “Su peripecia vital es increíble y todo lo que le rodea fascinante. Incluso su matrimonio. Estuvo casado desde muy joven, y ella aún lo era más, con Leonor de Plantagenet, hermana de Ricardo Corazón de León. Murieron casi al mismo tiempo también”, cuenta en la charla que mantuvimos.

Antonio Pérez Henares sabe diferenciar muy bien cuando son hechos históricos y cuando es ficción. “Para la parte más histórica procuro documentarme lo mejor posible, yendo a las fuentes primarias, para ello cuento con la ayuda mi gran amigo y medievalista de fama Plácido Ballesteros, para reflejar el momento histórico con toda la realidad posible. Pero hay que tener en cuenta que la novela es novela y ficciono a personajes que podrían haber vivido de verdad”, expone de manera razonada pero apasionada.

En “El Rey Pequeño”, el autor describe con pluma certera los paisajes de las tierras donde se llevaron a cabo numerosas batallas contra los musulmanes, “esencialmente los de la frontera castellana, la llamada ‘extremadura’ y la Transierra, una vez cruzado el Sistema Central, con el río Tajo como frontera. Las plazas fuertes castellanas, desde Atienza, Sigüenza (que me ha permitido relatar el nacimiento de una ciudad medieval y la construcción de una catedral), Zorita de los Canes (donde el protagonista, personaje de ficción, nieto de Pedro el Pardo, tiene los orígenes y enlaza con La Tierra de Álvar Fáñez), Hita y sus carnavales, Toledo, por supuesto, Burgos, claro, la maravillosa Cuenca y su conquista definitiva y las tierras ribereñas del Guadiana donde se produjeron las grandes batallas: Alarcos, Calatrava la Vieja, Mora, y el camino del ejercito cristiano hasta las Navas”, pormenoriza paso a paso.

Antonio Pérez Henares se describe a sí mismo como “una persona del común de la tierra” por eso quiere contar la historia no de los grandes personajes sino la “epopeya esencial de las gentes de común de la tierra. De esa gente que ensanchó Castilla. Esa gente que tenía un lema: no soy más que nadie pero menos que ninguno. Esa gente que crearon los concejos de los pueblos que se reunían en los atrios de las iglesias. Que en una mano tenían el arado y en la otra la espada”, apunta con orgullo de castellano viejo, hijo y nieto de labradores que tuvieron que emigrar.

Cuando habla sobre su tierra y sobre su familia, se emociona y se le nublan los ojos. “Soy un escritor muy emocional, pegado a los paisajes y a la tierra, por eso, yo necesito ir a los sitios. Sólo escribo de los lugares donde he estado y conozco bien y no sólo tiene que ser España como hasta ahora”, confiesa. Deja entreabierta la posibilidad de que su próxima novela discurra por las tierras del sur de América, tierras que conoce muy bien, ya que ha compartido siete expediciones con Miguel de la Quadra-Salcedo.

Cuando se refiere a sus grandes pasiones señala que son tres: “La naturaleza, literatura y la historia, y los viajes”. En sus novelas hay mucho de esas tres pasiones y aunque la literatura y el periodismo son para él brazos de un mismo río, cada vez está más a disgusto en el periodismo de actualidad, pretende dejar algunas responsabilidades y dedicarse más a la literatura. “La situación política actual es la peor que he vivido en muchos años”, afirma sin contemplaciones.

Además, hay ciertos paralelismo entre la época en que se desarrolla la novela y la actual, “en el campo islámico, el movimiento fanático almohade que sustituyó al anterior almorávide, que no se quedaba atrás en ello, tiene muchas similitudes con lo que ahora predican Al Qaeda o el DAESH: la yihad, la guerra santa, como instrumento de expansión, terror y dominación”, opina.

Cuando se le pregunta cuál es su personaje favorito de la novela, responde sin dudar “la abuela Yosune, que es quien cría al protagonista, Pedro de Atienza, es la viuda de Pedro el Pardo, una vascona recia, buena y prudente. Y buena cocinera, claro. Pero hay muchos otros. El primo del protagonista, Juan el Largo, me hace brotar la sonrisa siempre, los primeros repobladores de mi Bujalaro natal, Valentín y Julián y, por supuesto, el amor de Pedro, Elisa, la juglaresa, una hermosísima mujer de trágico pasado. Entre los personajes de ficción hay muchos personajes de los del “común”, gentes sencillas, cuya peripecia vital resulta más atrayente incluso que la de los nobles. Son los verdaderos héroes de la novela”, puntualiza.

Otra cuestión que le saca de quicio es la manipulación de la historia. “Los españoles nos estamos haciendo reos de un delito imperdonable: ignoramos nuestra historia y esa ignorancia nos lleva a despreciarla y hasta avergonzarnos de ella, siendo como es, con sus sombras, claro, la más extraordinaria y trascendental del mundo entero. Por si fuera poco los nacionalismos separatistas se han dedicado a tergiversarla de una manera tan grosera como ridícula. Pero eficacísima. Así nos luce el pelo”, concluye.

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