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16 de octubre de 2019, 15:12:11
CRÍTICAS


“Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa” de Pepe Cervera

Por Javier Velasco Oliaga

Si “Alguien debería escribir un libro sobre Alejandro Sawa” debería ser Pepe Cervera y lo ha hecho. Alejandro Sawa fue un escritor que desarrolló su escasa carrera literaria a caballo entre los siglos XIX y XX. Como bohemio trascendió mucho más que como escritor. Fueron muchos los escritores que le conocieron y le convirtieron en personaje de sus propias obras. Su recuerdo quedará vivo gracias a esta obra.


Es verdad que la calidad literaria del escritor sevillano Alejandro Sawa no fue brillante. Escribió unas pocas novelas, alguna obra de teatro y un sinfín de artículos periodísticos. La mayoría no trascendieron más que a un pequeño círculo de amigos. Pero quienes le conocieron guardaron un indeleble recuerdo suyo. Ramón María del Valle Inclán le transformó en Max Estrella, protagonista de Luces de Bohemia, Pío Baroja lo convirtió en uno de los personajes de El árbol de la ciencia y su amigo Joaquín Dicente la utilizó en su novela Encarnación con el nombre de Alejandro Nava. ¿Qué tenía este escritor para que otros escritores lo utilizasen como personaje?

Desde luego, algo tenía que tener para que se fijasen en él. Alejandro Sawa era un vividor, un jugador y un auténtico perdedor. Todo un personaje de folletín. Criado en Málaga, se fue hasta Madrid para conseguir sus sueños, escribir en los mejores periódicos de la capital y poder publicar sus obras. Madrid se le quedó pequeño o él se empequeñeció ante la ciudad y tuvo que volver a realizar una segunda emigración. Paris sería su destino. Pero Paris no resultó ser lo que creía. Más que a escribir se dedicó a vivir o a mal vivir. El juego le nublo sus entendederas y realizó un periplo por los casinos centroeuropeos perdiendo todo lo que tenía y lo que no tenía y llenándose de deudas que devolvería con sablazos o engaños. En otras ocasiones, la huida era el último recurso.

No consiguió triunfar, pero sí encontró el amor en una joven francesa llamada Jeanne Poirier que estuvo siempre a su lado, en los pocos buenos momentos y en los muchos malos. Jeanne le acompañó en su vuelta a Madrid, creyendo que se iba a comer, otra vez, el mundo, la profesión y la literatura. Al final, éstas le devoraron a él porque no consiguió más que seguir malviviendo de las letras. Vivió como un bohemio paseando por el Callejón del Gato, viéndose cada día más deformado.

Pepe Cervera hace en el libro una descripción pormenorizada de Alejandro Sawa, pero no se queda sólo en eso, hace una descripción de toda una época que terminó y de la que sólo nos quedan los recuerdos de los autores que escribieron sobre ella. Quizá sólo sea una excusa para hablar de literatura y de literatos o quizá sólo sea una estratagema para hablar de las motivaciones del autor para hablar de Alejandro Sawa. El libro es una larga reflexión sobre ese interés de hablar sobre el escritor andaluz que hoy está prácticamente olvidado.

Hoy, Alejandro Sawa es un genio arrinconado, un genio que vivió, probablemente, equivocado cada día de su vida, pero un genio que había que rescatar y Pepe Cervera lo ha hecho de manera brillante. Acercándonos a un bohemio que vivió la vida como nadie y eso no le condujo a nada, sólo a quedar en la memoria de unos cuantos amigos y lectores que nunca le olvidarán. Nosotros no le olvidamos.

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