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20 de junio de 2019, 1:58:22
CRÍTICAS


“Los variados avatares de Chejov” de José María Fons Guardiola

Por Javier Velasco Oliaga

Con “Los variados avatares de Chejov”, el escritor valenciano José María Fons Guardiola se hizo con el XXXIV Premio Felipe Trigo de Narración Corta que concede el ayuntamiento extremeño de Villanueva de la Serena. La novela es una singular narración de ciencia ficción metaliteraria donde el autor se plantea un posible resurgimiento de la literatura en español en Filipinas.


Durante años viví cerca de la madrileña calle de Islas Filipinas, en una esquina del depósito de aguas de esa calle se encuentra el monumento que el ayuntamiento madrileño levantó a José Rizal, poeta, patriota filipino que murió fusilado en 1896, justo dos años antes de la pérdida de uno de nuestras últimas colonias. Me gustaría decir que ayudó a consiguir Filipinas su independencia, pero no fue así, lo que consiguieron esos patriotas filipinos es caer en las manos depredadoras de los Estados Unidos, lo que acarreó a Filipinas caer en las miserables manos de la dictadura.

Se preguntaran a qué viene esto y si lo traigo a colación es porque José Rizal es uno de los protagonistas de esa independencia y uno de los pocos poetas en lengua castellana de Filipinas. Con la llegada de los yankees, la cultura hispana en el archipiélago quedó en el olvido más absoluto. José María Fons Guardiola lo sabe bien ya que lleva más de doce años trabajando en el Instituto Cervantes de Manila. Desde esa privilegiada posición ha podido estudiar bien la literatura filhispana.

En “Los variados avatares de Chejov" hace el autor un riguroso estudio, aunque escueto, sobre los restos de la literatura filipina en castellano, José Rizal incluido. Lo poco que queda de esta literatura es tratado en la novela corta de manera muy interesante y objetiva. Pero esto no es lo principal de la obra. La novela es una narración breve de ciencia ficción con estos parámetros literarios.

La Carneggie Melon Universitty contrata al último de los escritores filipinos que escribe en castellano, David Sentado, para instruir a un actroid, especie de humanoide muy realista, para instruirlo en la recuperación del universo cultural hispanofilipino. La primera versión del actroid fue femenina y se llamaba R2 y no dejaba de ser más de una pantalla de ordenador conectada a una CPU. Pese a los desvelos de Sentado, R2 deriva hacia una escritora de claros tintes eróticos que no para de coquetear con Sentado. Éste al ver que su trabajo había caído en barbecho sugiere que sería mejor empezar con otro actroid y cambiar su régimen de lecturas.

El siguiente actroid será mucho más avanzado, ya con forma humana pero que se movía en silla de ruedas, su nombre Chejov. Sentado y la psicóloga Anne procuran que la educación que reciba sea más ecuánime. Así Chejov se convierte en un escritor torrencial que lo mismo escribe poesía, ensayo o novela. Hasta llegar a escribir la primera obra escrita por un androide. La resurrección de la literatura hispanofilipima se había producido. Pero…

La novela tiene un ritmo vertiginoso con unos giros narrativos más que interesantes. Escrita en primera persona, Sentado es el narrador que va contando cómo es el proceso de formación de ese androide, mientras cuenta la historia de la literatura filipina, algo que en España tenemos muy olvidado. De hecho pocos escritores hispanos se han ocupado de Filipinas, una de las pocas excepciones es Luis Leante que nos contó la historia de unos presos anarquistas que fueron deportados a las islas.

En el capítulo final, David Sentado deja la pluma a una mujer que cuenta el final de la historia que, por supuesto, no vamos a desvelar pero que nos dejará sorprendidos del giro original que le da. Pese a las cortas dimensiones de la novela, podemos asegurar que el gozo de leerla es superior a las pocas páginas que ocupa.

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