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25 de junio de 2019, 23:55:13
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Espasa conmemora el 60.º aniversario de la muerte de Pío Baroja con la edición de su tetralogía de tema vasco

"Tierra vasca" nació como trilogía y con "La leyenda de Jaun de Alzate" se convirtió en tetralogía


"Tierra vasca" nació como la primera trilogía de Pío Baroja. En 1900, "La casa de Aizgorri" se convirtió en su primera novela y en el título que abría la serie; luego vinieron "El mayorazgo de Labraz" (1903) y "Zalacaín el aventurero" (1909). En 1922, "La leyenda de Jaun de Alzate" la convirtió en una tetralogía



Uno de los análisis más interesantes sobre Tierra vasca está firmado por el profesor Francisco J. Flores Arroyuelo, experto en Pío Baroja y autor de numerosos estudios sobre el escritor.

Señala que el autor, en sus principios literarios, «con un escrúpulo estructurador, bautizó a La casa de Aizgorri como cabeza de una trilogía que andando el tiempo no habría de conformarse ni con las tres novelas que pudiéramos llamar de ordenanza, ni con las cuatro como apunta algún crítico añadiendo La leyenda de Jaun de Alzate».

De esta manera hace evidente una vieja controversia que el tiempo parece haber dejado atrás: ¿estamos ante una trilogía o ante una tetralogía? ¿Merecen estar unidas, más allá de lo temático, cuatro obras separadas –de la primera a la cuarta– por más de dos décadas?

«Baroja nos hace conocer las ventas perdidas en las montañas o las posadas de los pueblos», continúa Flores Arroyuelo sobre Tierra vasca. «Nos lleva por la costa más o menos suave del país vasco-francés y del vasco-español hasta Zarauz, o de la más bronca y fuerte de Guetaria y Motrico. Nos hace presentes en las costumbres de los vascos en los siglos XVIII y XIX. Andamos las tierras de la Rioja alavesa, trepamos por las montañas verdes y de cielo cerrado por nubes».

La tierra soñada por Baroja en la tetralogía es bella, agradecida y pintoresca, una especie de Tierra Prometida. En ella discurren las aventuras de Zalacaín y las derrotas y los dolores de Jaun de Alzate.

La tierra es para este Pío Baroja siempre vieja y en perpetua transformación.

El autor deja notar en estas obras y, sobre todo, en los dos primeros títulos de la serie, La casa de Aizgorri y El mayorazgo de Labraz, la influencia del filósofo alemán Arthur Schopenhauer; su visión del mundo y de la vida impregnan aquellas obras tempranas.

Indica el profesor Ramón E. Guardado en su tesis barojiana –Factores estético vitalistas en la obra de Pío Baroja– que esta influencia asoma en tres aspectos muy concretos de las novelas: Reflejan situaciones personales, desde la incertidumbre sobre el modo de ganarse la vida hasta sus fracasos amorosos. Las tramas argumentales de su obra recogen con frecuencia elementos autobiográficos «de tal modo que la praxis novelística acaba dando sentido a la vida personal».

En segundo lugar, expresan la vivencia ideológica y moral de su autor. En ellas, Baroja critica, por ejemplo, la mezquindad de muchos sectores del mundo tradicional. «En estos casos y en otros la praxis novelística otorga sentido y valor a su reflexión teórica».

Finalmente, manifiestan una preocupación política y social inseparable de la vivencia ideológica y moral anteriores. Esa preocupación se encarna en personajes de gran veracidad más que en un debate ideológico. «La praxis novelística», concluye Guardado, «constituirá un modo de dar sentido a la preocupación y experiencia políticas».

Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956). Hijo de Serafín Baroja, ingeniero de minas y hombre de cultura, y de Carmen Nessi, de ascendencia italiana, pertenecía a una familia relacionada con el periodismo y los negocios de imprenta.

Tuvo tres hermanos: Darío, que murió joven, Ricardo, escritor y pintor, y Carmen, escritora, etnóloga, amiga de Pío y esposa de su editor, Rafael Caro Raggio.

Debido a la profesión de su padre, la familia Baroja Nessi cambió de domicilio con frecuencia; vivieron, entre otros lugares, en Pamplona, Valencia y Madrid.

Introvertido y pesimista, estudió Medicina en Madrid y Valencia.

Tras licenciarse, ejerció un año, en 1894, en la localidad guipuzcoana de Cestona.

Cansado de su trabajo, duro y mal remunerado, y enfrentado a las fuerzas vivas de la localidad, regresó a Madrid, donde sustituyó a su hermano Ricardo en la gerencia de una panadería heredada de una tía. Al mismo tiempo empezó a publicar en revistas y periódicos. En aquella época simpatizaba con las ideas sociales anarquistas.

Cada vez más integrado en los círculos literarios capitalinos, hizo amistad con José Martínez Ruiz, Azorín, y con Ramiro de Maeztu.

En 1899 viajó por primera vez a París. Su figura empezó a ser conocida, a lo que ayudaba su aspecto físico: barba recortada y cabeza calva cubierta con una boina típica del País Vasco.

De regreso a Madrid, descubrió a Friedrich Nietzsche y viajó por España, Europa e, incluso, el Norte de África con distintos acompañantes; unas veces son sus hermanos y, otras, escritores e intelectuales como Ortega y Gasset Ramiro de Maeztu o Azorín.

En 1900 publicó su primer libro, Vidas sombrías, escrito en Cestona y en el que aparecen muchos de sus grandes temas posteriores. Entre aquella fecha y 1912 publicó sus novelas más famosas.

Entre 1913 y 1935 publicó veintidós volúmenes de la serie histórica Memorias de un hombre de acción, basada en la vida del aventurero liberal Eugenio de Aviraneta (1792-1872), con el que estaba emparentado.

Ingresó en la Real Academia Española en 1935.

Baroja pasó casi la totalidad de la Guerra Civil fuera de España. Su posición fue la de quien quiso estar al margen del conflicto, tomando partido en contra de unos y otros, aunque con mayor fuerza en contra de los republicanos.

Murió en 1956.

Su entierro como ateo en el Cementerio Civil de Madrid provocó un notable escándalo.

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