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16 de julio de 2019, 10:12:13
ENTREVISTAS


Entrevista a Inma López Silva, autora de “Los días iguales de cuando fuimos malas”

“La cultura judeo cristiana ha condenado a la mujer y siempre la ha visto bajo sospecha”

Por Javier Velasco Oliaga

Inma López Silva es una reconocida escritora gallega que acaba de fichar por una de las grandes editoriales de este país, Lumen, para publicar sus libros en castellano. El último, “Los días iguales de cuando fuimos malas”, se publicó hace unos meses en gallego con gran éxito de críticas y ventas, lo que ha hecho que se tradujese en poco tiempo. “He participado activamente en la traducción, ha sido una grata experiencia reescribir mi propia obra, volver a crear a través de la traducción, creo que la he dado una dimensión nueva”, señala la escritora gallega en la entrevista que mantuvimos.


La escritora tiene publicados nueve libros en gallego, entre novelas, ensayos, libros de relatos y obras académicas sobre teoría del teatro. Tan sólo cuatro de ellos han sido traducidas al castellano, la penúltima “Maternosofía” la ha abierto muchas puertas en el mundo de las editoriales. Con “Los días iguales de cuando fuimos mala” da un salto cualitativo y aborda un tema poco tratado en la literatura: mujeres encarceladas.

“En la novela he querido tratar el tema de la libertad y el mal desde el punto de vista de las mujeres, ya que se nos considera más malas que los hombres, en el sentido bíblico y, por lo tanto, menos libres. La cultura judeo cristiana ha condenado a la mujer y siempre la ha visto bajo sospecha”, dice durante la conversación que mantuvimos en las oficinas de su editorial en Madrid. Para ello, ha escogido un módulo de mujeres de una cárcel gallega. “Es un mundo fascinante que te hace pensar y te revuelve por dentro, el contacto con las cárceles me produjo eso. Es verdad, que lo he dulcificado pero siempre manteniendo una perspectiva feminista”, expone.

Lo que ha querido hacer con su novela Inma López Silva es jugar a confundir al lector, “es un juego en el que me siento cómoda, de ahí que utilice la primera persona y la tercera en el libro, pero una tercera persona muy cercana que casi parece una primera. Una voz que ya he utilizado en alguno de mis libros anteriores y que he querido mantener desde un punto de vista ficcional, humano y metaliterario”, expone con un ligero acento gallego.

La escritora nacida en Santiago de Compostela utiliza por primera vez durante la conversación el término metaliterario. La novela es un juego metaliterario, ya que es la narradora, la que utiliza la primera persona que es escritora y se encuentra encarcelada. Es una de las cinco protagonistas, evidentemente, la principal, porque mucho de lo que ocurre en la novela se ve a los ojos de ella que, además, se llama Inma, como la autora, lo que ayuda en el juego de la confusión.

La tercera persona sigue, en su opinión, una lógica estructural. “Ya que el libro es una novela contenida en otra novela. Esta misma voz que narra la historia se plantea la duda de si lo que está contando es verdad o no porque, en ocasiones, se le escapa a Inma sus opiniones personales al hablar de las otras protagonistas. Es un juego retórico que ya he utilizado en otras obras mías pero que en esta lo hago de manera más sútil”, puntualiza la escritora.

El mensaje principal de la novela es que “cualquier persona puede acaba en la cárcel, o bien por un error, o bien porque se ha vuelto loco en un momento determinado”, señala. Ese es el caso de casi todas las mujeres que protagonizan su novela, la gitana politoxicómana, la mujer latinoamericana que hace de mula pasando droga por la fronteras y la monja sor Mercedes que cree estar haciendo el bien cuando quita a las madres sin recursos sus hijos recién nacidos.

“En nuestra sociedad hay un cierto tono adoctrinador que dictamina moralmente lo que está bien y lo que está mal. Suelen ser hombres los que se dedican a atribuir la capacidad de quien es bueno y quien es malo y no nos dejan decidir a nosotras mismas”, reflexiona la autora de “Los días iguales de cuando fuimos malas”.

De sus protagonistas, cree que Inma, la narradora, es la más compleja. “De todas ellas, hay una carga potente de mi. Laura, me la invento totalmente pero tanto Valentina como sor Mercedes las recojo de informaciones periodísticas. El caso de Rebeca es más complejo ya que está basada en una compañera mía del colegio, aunque sea una suma de cosas que he vivido o que me han contado”, relata con fluidez y agrega “lo que recordamos y lo que inventamos, en ocasiones, se confunden, sobre todo, cuando proceden los recuerdos de la memoria traumática”.

El cambio de editorial cree que va a ser muy importante en su carrera. “En Galicia me conocen bastante pero en el resto de España no tanto porque hasta ahora he estado en editoriales pequeñas”, apunta. Hay algunos escritores de ciertas comunidades que no terminan de conquistar el mercado nacional por diferencias idiomáticas. No es el caso del gallego Manuel Rivas o de los vascos Bernardo Atxaga o Kirmen Uribe. “Nuestras obras tienen una doble lectura, ya que las realidades no son las mismas en Galicia o en Almería, por poner un ejemplo. Los lectores pueden captar un punto de exotismo en nuestras obras, por eso quiero dar una visión interesante de mi tierra”, precisa.

Para documentar la novela, fue varias veces a la cárcel y se entrevistó con personas que estuvieron dentro. “He tratado de imaginar lo que yo hubiese hecho si hubiese estado entre rejas. Creo que allí se destila la presencia del dolor y que están luchando en una situación que no es normal para nadie”, finaliza.

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