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16 de octubre de 2019, 4:44:14
CRÍTICAS


“Benditas luciérnagas”, de Aranzazu de Isusi

Por Javier Velasco Oliaga

Me asomo por la ventana de mi cuarto y veo un cielo nocturno luminoso, sin estrellas. ¡Maldita contaminación lumínica! Añoro aquellos años de infancia en mi pueblo cuando el cielo se iluminaba por la noche de miríadas de estrellas y por las noches solíamos pasear por una carretera de arena, en que sus cunetas estaban llenas de luciérnagas, buscando lluvias de estrellas. Ese recuerdo ha venido a mi mente cuando he leído los relatos de Aranzazu de Isusi que contiene su nuevo y flamante libro “Benditas luciérnagas”.


Este nuevo libro de la escritora madrileña es su segundo trabajo publicado. Ambos están repletos de cuentos llenos de fantasía donde hay amor y desamor, sentimientos y pasión. Y, “Benditas luciérnagas” está lleno de estrellas. Bendita metáfora la de las luciérnagas que nos traslada a diferentes universos personales pero, también, comunes a todas los seres que configuran nuestro mundo y los imaginados.

Aranzazu de Isusi es una cuentista de pura raza. Ella sabe que escribir relatos es una pasión efímera pero, a la vez agradable. Sus cuentos son breves, concisos y fantasiosos. Cuando escribe, lo misma la da utilizar la primera persona que la tercera, ponerse en la piel de un hombre o de una mujer. Los cuentos, cuentos son. Y nos da lo mismo a través de que ojos nos lleguen. Lo importante es que nos transmitan una sensación, placentera o no. Algo que nos haga pensar, por unos momentos, en el acontecimiento que nos narra y que puede desasosegarnos o hacernos gozar, algo que la escritora consigue.

El libro está dividido en cinco partes y dos pequeños entreactos, a los que denomina Equinoccio y que son precisamente las narraciones más breves; microrrelatos, los denominan ahora. Cada una de esas cinco partes está dedicada a las distintas lluvias de estrellas o meteoritos que se producen en las distintas estaciones del año. Las Leónidas, las Gemínidas, las Líridas, las Perseidas y las Dracónidas son esas lluvias que ni mojan ni calan el cuerpo, más bien el alma. En todos y cada unos de los relatos, la autora hacen mención a esas lluvias, algo que refuerza el tono de los mismos.

Los cuentos incluidos en Leónidas tienen un componente fantástico y surrealista. Nos invita a ver el mundo con otros ojos, a darnos cuenta de lo que no percibimos a simple vista. Destaca en este capítulo el cuento “Con permiso de Natalia”, donde el protagonista pasa a formar parte de una obra de teatro que dura años. Con fina ironía repasa la vida de ese sujeto pasivo, en su vida normal, y que se arroga el protagonismo de una obra ajena a él.

En Gemínidas, nos encontraremos familias felices, chinos tranquilos conquistadores del mundo y a la bella Marisela, es en este relato en el único que introduce un diálogo, dando una perspectiva nueva a su estilo narrativo, con lo que consigue un registro diferente y muy resuelto.

En Líridas, nos encontramos con algún relato que guarda un cierto erotismo, no exento de sensualidad. En “Vidas”, nos daremos cuenta que no tenemos una sola vida sino que tenemos dos vidas y dos muertes. Descubriremos a Greta, una protagonista que cualquier autor daría lo que fuese por tenerla en sus relatos. Aquí, abunda en la faceta metaliteraria de los relatos. Otros, tienen un leve barniz sudamericano de realismo mágico. ¡Qué se lo digan a Gabrielita1

En Perseidas, descubrimos un relato contado desde las dos perspectivas de los dos protagonistas. “Bajo las ramas del pruno” es una encantadora historia de amor de senectud que podría haber sido juvenil y no lo fue pero que el recuerdo permanece por muchos años que pasen. En “Percibal” nos topamos con una historia de amor única e insólita. Lo que ocurre es inaudito para nuestros ojos y para nuestro cuerpo.

Termina el libro con Dracónidas. Los cuentos “Código de barras” y “La dama de los poetas” están profundamente imbricados, algo parecido a los que hizo en “Bajo las ramas del pruno” pero en dos cuentos diferentes y que se complementan de manera muy original. En uno de estos cuentos, uno de los protagonistas se pregunta si ¿aman los poetas igual que el resto de los humanos? Podemos asegurar que aman igual que los cuentistas. Los buenos escritores de cuentos, y Aranzazu de Isasi lo es, aman sus relatos y aman a sus lectores.

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