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14 de octubre de 2019, 17:39:34
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Juan Carlos Muñoz publica "Los motivos del fuego"

Vivir en la república de Ikea


Juan Carlos Muñoz ha escrito una novela que habla de la crisis, económica y moral, de un joven matrimonio de clase trabajadora. Escrita con un punto de sátira, otro de ciencia-ficción, otro de costumbrismo y algo de tratado moral.


La llegada del milenarismo ha sentado muy mal a Arturo: su trabajo como productor de audiovisuales de interés humano le satisface cada vez menos, al tiempo en que sus reportajes son recibidos con creciente indiferencia por unos espectadores saturados de desastres e injusticias. A regañadientes, no le queda más remedio que embarcarse en un proyecto de telebasura, lo cual le provocará una crisis de conciencia a la que se suma la reticente hostilidad de Victoria, su mujer, que aún no ha asimilado la excentricidad de una mudanza familiar a un chalet en las afueras de Madrid. Para sorpresa de ambos, el éxito del programa televisivo es tan estratosférico que les obliga a repensar sus convicciones a fin de mantenerse en la cresta de una ola que, poco a poco, se convertirá en un insaciable tsunami que se llevará por delante a la pareja protagonista, a sus vecinos, a la burbuja inmobiliaria y al muy vintage Estado del Bienestar.

Los vaivenes de los personajes, en especial el mundo interior de su protagonista, se despliegan ante los ojos del lector por medio de un narrador agudo y descarado que incluso en ocasiones interpela al lector. Un demiurgo que siente por sus criaturas una mezcla de compasión y desprecio, que se permite interrumpir el curso de la narración con injerencias, opiniones, juicios morales. En esa práctica, se atisba la reivindicación de una manera perdida de entender la palabra literaria:
Los principios son como la piel de las serpientes, conforme vas creciendo se te quedan pequeños y los vas cambiando, es algo casi biológico. Y me extrañaría que la serpiente sintiera que traiciona a su antigua piel, le agradece los servicios prestados, y se adapta a la nueva, sabiendo que también esta caducará y se verá sustituida por otra aún más nueva. Vamos, yo lo veo así.

Se trata de una novela testimonio que, en la sociedad del espectáculo en la que vivimos, asume un riesgo ya que no es agradable que a uno le pongan ante los ojos lo que sabe pero no quiere ver. La dificultad no le pasa desapercibida al autor quien, en un momento dado, hace reflexionar a su narrador:

Un adulterio es un adulterio (y es todos los adulterios), no hay grandes alteraciones entre ellos, no hay especificidades, hay un canon no escrito que todo el mundo respeta, si uno quiere innovar es mejor buscarse otra ceremonia.

El protagonista se ve de golpe atrapado entre un lenguaje y una información que no entiende: participaciones preferenciales, fondos buitre, hedge funds, dilución de capital, blue chip. Todo para darse cuenta finalmente de que bajo tanta "hojarasca perifrástica", en realidad ha sido víctima de un timo piramidal. A raíz de ello, dice, se contradice, se enfada, se rinde y por fin, a la manera de un Quijote del siglo XXI, se rebela:
He decidido fundar mi propio país aquí en la urbanización, empezó a contar atropelladamente, me las apaño de vicio, para qué seguir con la carrera de ratas, tengo hasta mi propia bandera (y señaló el trapo que izaba y arriaba todos los días), para qué convertirse en un eslabón más.

Juan Carlos Muñoz (Alcalá de Henares, 1964) es licenciado en Derecho. Ha trabajado como asesor inmobiliario y guionista televisivo. Su primera obra, fue A imagen y semejanza (Editorial Premium). Ha participado en los talleres de escritura impartidos por Eloy Tizón.

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