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19 de julio de 2019, 10:00:37
CRÍTICAS


“Me deseó felices sueños” de Massimo Gramellini

Por Javier Velasco Oliaga

Massimo Gramellini es periodista en activo, subdirector de La Stampa. Comenzó su carrera como periodista deportivo, después pasó a la sección de política, fue enviado especial a Sarajevo, pero desde hace unos años dedica gran parte de su tiempo a escribir libros. Ha publicado varios sobre la sociedad y la política italiana. Me deseó felices sueños es su segunda novela, que tiene grandes dosis autobiográficas. Ha sido publicada por Ediciones Destino.


Un secreto que se desvela cuarenta años después 

Se puede decir que el protagonista de la novela es Massimo Gramellini, escritor adulto que escribe como un niño, como un adolescente y, claro está, como un adulto. La novela comienza en el presente cuando va a recoger a una antigua amiga de su madre, para pasar rápidamente a la evocación del día en que su madre falleció, cayéndose por una ventana de su casa.

Cuarenta años no son nada si, al fin, descubres la verdad, una verdad que han ocultado padre y familiares, con el afán de proteger a un niño de nueve años de edad. Sin embargo, ese suceso marcó su vida, se avergonzaba de ser huérfano y su padre tampoco terminó nunca de asumir la desgracia que vivió. Sus relaciones personales no terminaron nunca de funcionar, algo quedaba cojo. Los sentimientos pueden quedar cojos y la fractura no termina nunca de soldarse.

La novela ha sido un auténtico bombazo en Italia, con más de 600.000 lectores. Nunca un libro suyo había funcionado tan bien como Me deseó felices sueños. Los lectores tienen un sexto sentido para reconocer historias poderosas. Historias que casi siempre suelen salir de las entrañas del autor y, en este caso, así ha sido. Cuarenta años tardó en conocer la verdad, una realidad que le ocultaron y que todos sabían menos él. A veces preferimos ignorar la verdad, mirar hacia otro lado para no sufrir, para no sanar. Otras, como al autor, el ignorar esa realidad le hace sufrir, de ahí que casi siempre se enamorase de las personas menos convenientes, hasta que descubre la verdad y termina un proceso de maduración.

Creció Massimo Gramellini ajeno al amor, su institutriz le llega a decir en cierta ocasión: “Lo siento niño… No soy capaz de quererte. A mí nadie me ha querido y… No sé cómo se hace” (Pág. 48). Toda una declaración de principios. Una cuidadora que no le cuida, un padre que tiene demasiadas cosas que hacer y una madre a la que llega a odiar porque no venía, porque le había dejado solo.

Ahí creció un mundo interior desafecto a los sentimientos, lejano al amor. Por eso, como dice el autor: «La historia había crecido dentro de mí durante cuarenta años, y había llegado el momento de sacarla afuera». Y qué mejor forma que hacerlo en una novela.

Una obra apasionada y vital, inolvidable y liberadora, que transmite el coraje y fuerza de un escritor, capaz de volcar en estas páginas toda una vida de recuerdos, emociones y verdades ocultas. Una reflexión íntima sobre el dolor de la pérdida, inteligente y lúcida, que alerta de los peligros de eludir la verdad y reconforta con su mensaje de fe en la vida. Un relato acerca de la muerte de la madre, una historia de pérdida y de búsqueda de la felicidad.

Esta novela está dedicada a todos aquellos que han perdido algo importante en la vida —un amor, un trabajo, un tesoro— y que, intentado esquivar la verdad, se han perdido a sí mismos. Es la historia de Massimo, un niño de nueve años que camina de puntillas por la vida, con la cabeza baja, porque tanto el cielo como la tierra le asustan, y que tiene que aprender a afrontar el dolor más grande, la pérdida de su madre. Y es un libro, ante todo, sobre la verdad y sobre el miedo a enfrentarla, a conocerla. La historia de una lucha constante, relatada con pasión e ironía, con el convencimiento de que tras ésta se halla la conquista del amor y de una vida plena y con humor, mucho humor. Una novela que se lee en un suspiro y de una sola vez.

Massimo Gramellini (Turín, 1960) es subdirector de La Stampa, diario en el cual trabaja desde 1988, primero en la sección de deportes y luego en la de política. El mismo diario en una de cuyas páginas, recortada cuarenta años atrás, descubrió la verdad sobre su madre.

«A los 15 años -cuenta Gramellini-, me avergonzaba decir que era huérfano, y cuando venían los amigos a casa escondía la foto de mi madre. Cuando mi padre se dio cuenta me llamó a su estudio y me preguntó por qué lo hacía. Por toda respuesta le pedí que me contara la verdad, y entonces inventó una historia que nadie hubiera creído. Nadie excepto yo. Él no quería hacerme daño y yo evitaba continuamente la verdad. La verdad impacta, desestabiliza, pero hasta que no la conoces, hasta que no la afrontas, continúas siendo un niño.»

Críticas literarias

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