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23 de octubre de 2019, 9:58:07
CRÍTICAS


"Brújulas que buscan sonrisas perdidas" de Albert Espinosa

Por Javier Velasco Oliaga

Los libros de Albert Espinosa se cuentan por éxitos. Su nueva novela "Brújulas que buscan sonrisas perdidas" no va a ser menos, pero con una diferencia: ésta es la menos comercial de su obra, la más difícil y quizá en la que más empeño ha puesto para transmitir unos pensamientos y valores. También es la menos cinematográfica, dudo mucho que puedan hacer una película o una serie televisiva con ella.


"Brújulas que buscan sonrisas perdidas" es una novela sobre la sinceridad, sobre las mentiras. Sobre una gran mentira que tenía un claro objetivo. Mentiras que duelen, pero también mentiras que salvan, que hacen que los otros sufran menos o que, por lo menos, no sean conscientes de un dolor al que la mentira quiere poner fin.

Albert Espinosa escribe sobre los traumas de la infancia, esos traumas que nos hacen ser lo que somos. Traumas que no superan en toda una vida y que nos hacen resbalar hacia el fracaso personal. La superación de esos traumas darán un vuelco a nuestras vidas, pero el superarlos no está a nuestra manos, está en manos del destino, de la casualidad o de un buen terapeuta o de no sabemos bien quién.

La novela cuenta la historia de una familia rota por los acontecimientos y las enfermedades. El padre, director de cine, vive abstraído de su familia, de su mujer e hijos; sus últimos meses, con dos terribles enfermedades, el Alzheimer y el cáncer, le harán sufrir lo indecible sin posibilidad de descanso. La madre tiene una enfermedad que la va conduciendo a la muerte lenta pero inexorablemente; la herencia que deja a sus hijos es su propia enfermedad, que empieza a percibirse con desmayos momentáneos, hasta que la sangre, totalmente contaminada, va postrando al enfermo en el lecho.

Cuatro hermanos, dos mayores; dos menores, falsos gemelos, ya que uno es adoptado y los padres no lo cuentan hasta muchos años después. Y dos padres son los protagonistas de la novela, que el segundo de los hijos cuenta en segunda persona cuando tiene que ir a ver a su padre para cuidarle, algo que prometió a su madre en el lecho de muerte. Cuando llega a visitarle se da cuenta del deterioro de su padre y es cuando mediante varias retrospectivas recuerda su vida, su niñez, su adolescencia y su madurez.

Es una historia de pérdidas. El narrador perdió a su mujer en un accidente de tráfico, y casi a sus dos gemelas. Una de ellas, perdida, da pie a uno de los momentos más dramáticos de la obra. La fe del padre se impone a la lógica y a los acontecimientos. Sus dos hermanos menores también fueron víctimas de la herencia de la madre. Uno por motivos de sangre, el adoptado cogió la enfermedad a los pechos de la madre. El alimento de la madre fue la causa de su joven muerte.

El momento crucial de la novela es la muerte de la madre. Una persona siempre risueña y entrañable. En sus manos se escondían las sonrisas que iba repartiendo a su familia. En sus últimos momentos, desaparecieron dos anillos que solía llevar, eso da pie a que su marido castigue a sus hijos por no decir quién los había sustraído. Al final de la narración todo se explicará dando sentido a una mentira que hizo, por un lado, separar a la familia y, por otro, alejarlos del dolor de la muerte de la madre.

¿El culpable? No hay culpable. Todo se hizo para salvaguardar el dolor, pero eso produjo más dolor. Aquí es donde el perdón entra en juego. El saber perdonar y el saber hacerlo a tiempo.

La novela gira en torno al encuentro del padre con el narrador. Aquel quiere rodar su última película y su hijo, al que no reconoce, será su ayudante de dirección. Durante las localizaciones van apareciendo viejos amigos y familiares. Siempre con una tensión dramática que Albert Espinosa sabe cómo tratar, ya que es especialista en estas funciones. Su escritura es sencilla y lacerante. En ocasiones como flechas que se clavan en los sentimientos del lector. Con frases cortas, casi a modo de sentencias, el autor va lacerando el corazón de sus lectores, que sienten la congoja de los actos que se cuentan.

Sabe el escritor barcelonés que sus libros remueven conciencias y por eso los escribe. Pone al lector ante situaciones límites para que reaccione, no solo en lo que lee sino en lo que vive. Termina el libro diciendo: Decidí que yo también me permitiría ser todo lo que quisiera ser... Sabe bien Albert que ser lo que realmente se quiere ser está a mano de unos pocos, pero muchos lo intentarán toda la vida.

Entre sus libros destacan Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven es su tercer libro, después de El mundo amarillo y Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, de los que también se han vendido más de 270.000 ejemplares.

Puede comprar el libro en:

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