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20 de septiembre de 2020, 20:38:49
CRÍTICAS


"La última noche de Víctor Ros" de Jerónimo Tristante

Por Javier Velasco Oliaga

Con "La última noche de Víctor Ros", Jerónimo Tristante llega a la cuarta entrega del detective español más famoso del siglo XIX. En este volumen nos volvemos a encontrar con el investigador madrileño que dejó la policía harto de los intereses y la inutilidad en que se movían. El cambio a la editorial Plaza y Janés le ha sentado de maravilla al escritor murciano, que se muestra en plena forma.


Suiza, 1882. Bárbara Miranda, una psicópata custodiada por el Sello de Brandenburgo, escapa de su celda y desaparece. Bárbara Miranda es un hombre en un cuerpo de mujer que ya anteriormente se había enfrentado anteriormente a Víctor Ros poniéndole en muchos apuros, que lograría solventar de manera muy peculiar.

Un año después, en Oviedo, aparece asesinado Ramón Férez, primogénito de un acaudalado industrial. Se inicia entonces una investigación policial en la que, para desesperación de las fuerzas del orden de la ciudad, no dejan de aparecer sospechosos del crimen. El juez encargado del sumario, Agustín Casamajó, incapaz de encontrar al verdadero culpable, decide llamar a su gran amigo y famoso detective, Víctor Ros, antiguo policía reconvertido en detective privado, algo no del todo real, pero es una licencia que se permite el escritor a sabiendas.

Pero el caso no será fácil. El detective tendrá que evitar las trampas que le colocarán en su camino las personas que menos esperaría. Sin embargo, con la ayuda de su hijo adoptivo Eduardo y de su mujer Clara, intentará salir airoso del caso más peligroso de su vida. Es un doble salto mortal sin red y con los ojos tapados.

Un rutinario asesinato se va complicando de tal manera que no queda más remedio que llamar a Víctor Ros. Con toda la lógica de su conocimiento va dando pasos para la resolución del crimen. Lo complicado de la trama es que los crímenes se van sucediendo y la trama se va complicando hasta hacerse prácticamente insostenible. Un golpe de fortuna dará con la resolución, esta vez ayudado por su esposa Clara, que no nos extrañaría que tras sus dos largos años sabáticos que tiene pensado el detective, volviese como, no sólo amantísima esposa, sino como ayudante.

Esther Parra, amante de Víctor Ros en su juventud, le define como "el bueno, el que siempre hace lo correcto". Un personaje así resultaría repulsivo para el lector que ya está harto de héroes y personas correctas. Uno de los dos grandes aciertos de Jerónimo Tristante es que pese a ser su detective una persona tan políticamente correcta, el protagonista tiene vida y el lector sufre con él en cada una de las páginas porque, eso sí, los acontecimientos se suceden de una manera vertiginosa y casi en cada cambio de página tenemos un acontecimiento que nos hacer estremecernos.

El otro gran acierto de La última noche de Víctor Ros es la participación de Eduardo, el niño que recoge de las calles de Barcelona y describe en la tercera novela de la serie El enigma de la calle Calabria para convertirlo en su hijo, uno más de su familia. La historia de amor que vive con una niña de su edad es de lo más enternecedor y pone el contrapunto a la investigación criminal que lleva a cabo por las calles de Oviedo.

Con El Valle de las sombras y quizá la anterior entrega del Víctor Ros, Jerónimo Tristante da un salto de calidad y de madurez. Sus personajes cada vez están mejor definidos y descritos. Sus aventuras rozan tal nivel de complejidad que el lector ha de estar muy atento para no perderse por una trama cada vez más barroca y trenzada. Y todo ello, con un afán de amenidad ciertamente encomiable.

Jerónimo Tristante no ha escrito una novela negra o policíaca al uso. Su obra puede también denominarse histórica o social. Histórica porque nos va desvelando sucesos de la España de finales del XIX, en ocasiones introduciendo personas reales; en otras, amigos actuales que son utilizados como protagonistas, además nos va enseñando diversas ciudades de España, para que veamos cómo se vivía en Barcelona, Madrid, Murcia u Oviedo. Por él, recordamos que en aquellos tiempos había numerosos zagales deambulando por las principales ciudades españolas ejerciendo la mendicidad o la rapacería.

También es una novela social porque cuenta las lamentables condiciones de vida en que vivían los mineros asturianos y también cómo vivían las clases altas y más adineradas de la sociedad. Decididamente a Víctor Ros no le gusta el país en el que vive y hace todo lo posible para cambiarlo y todo a riesgo de salir mal parado e, incluso, perder la vida.

El autor murciano ha vuelto a escribir una novela inteligente, fácil de leer, entretenida y con cierto tono de denuncia. Víctor Ros, nuestro Sherlock Holmes, no exento de humor, tiene unas características que gustan al lector. Y así se lo dicen al autor sus lectores, que esperan con auténtico frenesí las nuevas aventuras del detective más rutilante del siglo XIX. Un detective del CSI trasplantado al pasado pero con la fuerza del futuro. Tristante ha vuelto a dar en el clavo y es uno de los jóvenes autores del género negro que hay que tener en cuenta.

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