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12 de diciembre de 2019, 5:18:05
CRÍTICAS


“Sentimentales”, de Manuel Longares

Por Javier Velasco Oliaga

Sentimentales”, de Manuel Longares, es un canto a la música que se desarrolla en una provincia que ama la música, que tiene a la música culta como motor de su vida.


Y es en ese escenario donde Manuel Longares ha situado su novela. Una obra llena de ironía y humor. Una narración donde todos sus personajes viven la música como auténticos hooligans futboleros. Algo que sabemos que no se da en ningún lugar del mundo salvo en el universo creado por el escritor madrileño. Un universo sin nombre, como aquella leyenda de la ciudad sin nombre ni apellidos.

Manuel Longares crea una fábula maravillosa dividida en tres partes diferenciadas. En la primera se produce un estreno sinfónico escandaloso, tanto como pitar un penalti en el último minuto y decidir la eliminación de un equipo de la Champions; en la segunda partes se cuenta la disolución de un matrimonio de artistas, por supuesto, dedicados a la música sinfónica y en la tercera parte se narra el retraso de un visitante ilustre, puede ser Schubert, al estreno de una obra suya. Tres situaciones distintas vistas a los ojos de un peculiar narrador.

La novela está escrita en primera persona, la forma de narrar va variando según se desenvuelve la acción. La primera parte, el protagonista, la narra de manera cercana, como si de una crónica se tratase. En la segunda, continúa de la misma forma pera ya no es sólo su punto de vista, incluye al de su esposa Armonía Mínguez. El nosotros de la primera parte da lugar al tú y yo, de ésta. El tercer episodio es narrado como si de una tercera persona se tratase. Lo cuenta con los datos que le han ido diciendo sus amigos de tertulia o de la ciudad.

El ritmo de “Sentimentales” es muy vivo. No paran de suceder acontecimientos a cuál más inaudito y extravagante. Manuel Longares busca un una métrica acelerada y original para conformar una fábula atemporal. Ni nos ha querido decir en qué lugar se desarrolla ni en qué tiempo acontece. De todas formas, da abundantes pistas, pero deberá ser el lector quien ubique la narración donde más le guste.

La novela, asombra por su casi falta de diálogos. Los sentimientos no se dicen, se sienten. De ahí que la novela sea muy reflexiva, pero también descriptiva, de un mundo diferente y único donde el pentagrama y la partitura están por rellenar, como la vida. Es esa partitura la que ha rellenado Manuel Longares para darnos una historia llena de humor y de sentimiento.

Hay que reconocer que Manuel Longares es un rara avis de nuestra literatura. Un ave que ha encontrado en cierta galaxia su acomodo perfecto. Arriesgan ambos, escritor y editorial para traer calidad literaria y entretener porque la pretensión de todo buen fabulador es entretener y, por supuesto, traer una enseñanza. La de la buena literatura que nos regala en cada una de sus obras.

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