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16 de junio de 2019, 10:46:19
CRÍTICAS


Pessoa se multiplica en veinticinco voces femeninas

Por Fernando Almeida


Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Bernardo Soares, cuatro de los grandes heterónimos que inventó Fernando Pessoa, el gran poeta portugués. En 2018, cuando la literatura celebra los 130 años de su nacimiento, veinticinco narradoras de diez países le rinden homenaje en el libro “Los cuentos que Pessoa no escribió”.


Fernando Pessoa fue un gran poeta, también un narrador de peso. Pero también un gran aforista. “No el placer, no la gloria, no el poder; la libertad, solo la libertad” o “Sueños los tiene cualquiera: lo que nos diferencia es la fuerza de conseguirlos o el destino de conseguirse en nosotros”, son dos de las frases contundentes que nos dejó a los lectores de su obra.

En las primeras páginas de El libro del desasosiego, el escritor nos dice: “El espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa”. Y desde el sentir la editora Mayda Bustamante (Huso Editorial) se puso de acuerdo con la escritora Gabriela Guerra Rey para a su vez poner de acuerdo a veinticinco escritoras de diez países. El objetivo: rendirle un homenaje a Fernando Pessoa. Pocos meses les bastaron para lograr un libro cargado de emociones, de vivencias, de acercamientos a la obra del poeta.

Los cuentos que Pessoa no escribió representa uno de los libros inolvidables que nos deja el año 2018; no me aventuro al afirmar que estamos ante un libro imperdible para los lectores más exigentes. En esta época donde la industria editorial parece más dedicada al entretenimiento que a la literatura, es de agradecer la edición de esta obra sin desperdicio en sus relatos.

En el prólogo titulado “Un diálogo eterno con el poeta”, la escritora Gabriela Guerra Rey dice que “Pessoa no fue un escritor, fue muchos, y eso nos desafía en el presente como lectores. Su vida sigue siendo un misterio, pero su obra narrativa y poética es un incuestionable referente para los siglos XX y XXI. Algunos se han llegado a preguntar si no es que todo, absolutamente todo, fue producto de una imaginación inabarcable. Pessoa es un universo en sí; un descubridor del alma, de la existencia, de la identidad o la verdad, entendida de forma tan divergente como la vida misma. Es un hombre inagotable y su obra lo es todavía más”.

En Los cuentos que Pessoa no escribió participan escritoras de España, Portugal, Argentina, Costa Rica, México, Cuba, Colombia, República Dominicana, Venezuela y Perú. Se trata de una edición bilingüe, en español y portugués, cuyas traducciones estuvieron a cargo de Alex Tarradellas y Rita Custodio (del español al portugués) y Nadia Khalil (del portugués al español). La ilustración de cubierta es de la pintora portuguesa Helena Liz, mientras que el diseño estuvo a cargo de Roberto Carril Bustamante.

Para finalizar con mi recomendación de esta obra, quiero dejarles un resumen biográfico de las escritoras que, para gusto de los lectores, dijeron sí a la propuesta de Bustamante y Guerra Rey.

Veinticinco escritoras, diez países

Los cuentos que Pessoa no escribió. Antología que celebra el 130 aniversario de su nacimiento fue armada siguiendo el orden alfabético de los nombres de las autoras.

Verónica Aranda, española, intelectual de alto quilate y fadista además, abre la antología con un cuento inspirado en la Habana Vieja y en las realidades cotidianas y poéticas de la isla, Havana Revisited. Por sus calles camina un Pessoa impostado que representa, para la protagonista de una realidad cruenta, pero bendecida con la poesía, la ilusión de que el portugués pueda estar en esa ciudad como ella un día en la Lisboa de sus heterónimos.

Silvia Arazi, argentina, escritora, actriz y cantante, se deja tocar también por el misterio del hombre, el escritor, a quien encuentra caminando por los portales de una urbe cercana a la autora, Colonia, en Uruguay, en su relato titulado La Calle de los Suspiros. Narra en primera persona un encuentro mágico con el portugués visto desde los años de una mujer que ya observa la vida.

Otra argentina, Agustina Bazterrica, reciente ganadora del Premio Clarín de Novela 2017, se inspira en el relato La hora del diablo, y traza una historia de suspenso y mordacidad que toca al lector de un modo nuevo, Agua.

La tercera argentina, Liliana Díaz Mindurry, escritora consagrada de las letras hispanoamericanas, desentraña el tema de las múltiples personalidades o voces de un hombre que comienza a vivir vidas a través de las redes sociales en Persona. Explota los intrincados laberintos de la sicología y el universo que se abren a través de una computadora. “Los triunfos de la ficción en el posmodernismo”, lo llama ella. La propia Liliana será uno de los personajes de su cuento.

Josefina Estrada, cuentista mexicana excepcional, en Amado poeta asesino se arma de un protagónico apasionado de Pessoa, que sufre esquizofrenia, derivando ello en un relato donde hablan también múltiples voces y donde el amor, la obsesión, la locura y la tragedia se encuentran brutalmente.

Filipa Falcato es una de las dos portuguesas que representan en esta antología la tierra del hombre que la inspira. Profesora de portugués en España, escribe La última carta a Pessoa de Ofelia, el único amor que se le conoció al poeta, testimoniado a través de una compilación de misivas, intenso y despiadado como su vida.

Anunciada Fernández de Córdoba, una madrileña que ha compartido su vida entre la literatura y cargos públicos y diplomáticos, se inspira en un retrato de Pessoa realizado por José de Almada Negreiros y escarba en El libro del desasosiego para convidar al poeta: Le invito a un café, Don Fernando. Establece un monólogo abierto y sordo, no solo con Pessoa, sino con cada uno de sus más reconocidos heterónimos.

Mylene Fernández Pintado, escritora cubana, publicada y traducida en varios países y lenguas, se adentra con Los fugitivos en una exquisita historia de amor inspirada por el intercambio epistolar entre Ofelia y Pessoa. En palabras de la propia autora: “En mi historia hay un amor inasible e intocado, un dolor causado y asumido, hay una pasión más intensa por el alma fugaz que por el cuerpo presente, un amor imposible y a la vez nunca terminado por ser el único”.

María García Esperón es una de las cuatro mexicanas que son parte de esta antología, muy reconocida por su literatura para niños. En La hora de la vuelta ha dedicado a Pessoa un cuento especial, en el que antiguos reyes portugueses libran sus batallas, mientras el poeta, desde la inmensidad del destiempo, observa y se vuelca al papel.

Maria Estela Guedes, dramaturga, ensayista y divulgadora, y la segunda de las portuguesas en esta obra, se inspira igualmente en las cartas de amor de Fernando Pessoa a Ofelia, y en la intervención dramática en ellas de Álvaro de Campos, renombrado heterónimos de Pessoa. Este vínculo afectuoso sigue moviendo elucubraciones entre los poetas contemporáneos.

Gabriela Guerra Rey, en Un poeta ha muerto en el País de las Sombras Cortas, parte del deseo del viaje, de la aventura de ser muchos hombres a la vez, y atraviesa los mares hasta la tierra de Pessoa primero y hasta lejanos confines luego, y lo hace a través de los ojos de Milo, un niño capaz de soñar con barcos bucaneros y hacerse amigo del poeta muerto.

Ángela Hernández Núñez, Premio Nacional de Literatura en República Dominicana 2016, su tierra natal, desgrana en La piel de la sombra un paisaje onírico en el que los heterónimos de Pessoa (Caeiro, Campos y Reis) aparecen como personajes iguales, y a la vez diferentes y únicos. Una prosa excepcional en la que se ve olvidada la otra realidad…

Rebeca Hernández Alonso, española, académica especializada en literatura portuguesa y africana de lenguas portuguesas, plantea en Tres grados de separación un vínculo mágico que la acerca al poeta. Una historia que atraviesa el tiempo y la realidad, inspirada en el “interseccionismo”, un ismo creado por Pessoa, “según el cual se articulan los paisajes con los estados del alma, la realidad y el sueño…”.

La primera representante de Venezuela, Gisela Kozak Rivero, escritora de amplia producción que habita hoy en la Ciudad de México, nos trae Cartas de la desechada, cuya protagonista, una venezolana descendiente de portugueses, regresa a la tierra de sus ancestros para dedicarse a cantar fados. Otro diálogo que se establece con Pessoa, su urbe, su vida y la de sus heterónimos y poemas a través de “nuevas cartas de amor”.

Ethel Krauze, mexicana y doctora en literatura con docenas de libros publicados, pasa por las letras del desasosiego de Pessoa, antiguos reinados japoneses y la creación de un gran palacio en un pueblo mexicano, Xiutepec. En Revelación en Sumiya, el pasado y el presente, la realidad y la irrealidad se entremezclan en un mundo grandilocuente no exento de suspenso.

María Elena Llana, cubana y consagrada del cuento y del género fantástico, da vida a Pepe, un poeta de su isla que transmuta en hombre de negocios, anarquista, sindicalista, en amor, pero no en amante, en diablo y en protagonista de historias que incluso están todavía por inventarse.

Diana Obando, colombiana, académica, politóloga y escultora, y quizás la más joven de la selección, se inspira en la única obra teatral de Pessoa publicada en vida, El marinero, para crear una historia nueva, Llamamiento, con otra vida que, no obstante, escudriña en el alma humana.

Anacristina Rossi, quien representa a Costa Rica y es una novelista consagrada por una obra sólida, se inspira en similitudes de la vida de Virginia Woolf y Fernando Pessoa, como que ambos fueron llamados renovadores de sus idiomas, estaban enfermos y sentían el mundo de otra manera. En El (des) encuentro,Virginia y Pessoa comparten horas trascendentales que, sin embargo, no cambiarán la historia.

Fanny Rubio, española, doctora en Filología Románica y catedrática de Literatura en la Universidad Complutense de Madrid, escribe Las cosas de la vida, la historia de dos jóvenes en plena movida madrileña, “decididos a crear la suya, modesta y plena (…) en el espacio de un amor de pareja sin tabúes, sin más testigo que las plazas y calles del Madrid popular en proceso de transformación”.

Otra voz madrileña, Consuelo Sánchez Naranjo, se inspira en el horóscopo de Pessoa para escribir Sol en Gémenis. “Según su propia creencia —dice la autora— debió condicionar, en todo o en parte, algunos de los aspectos de su vida y de su obra, particularmente su tendencia al desdoblamiento”. Consuelo indaga en lo profundo de una realidad múltiple, descarnada también, atormentada por la propia vida y obra del portugués.

Mar Sancho, española, marcada desde la infancia por el descubrimiento del poeta y su universo pessoano, que buscó desde las primeras letras, nos presenta Deambulações, un cuento desolador que hurga en ese Álvaro de Campos que solo existe a medias en “un viaje que —asegura la escritora—, no pudiendo ser de otro modo, no conduce a ninguna parte…”.

Marifé Santiago Bolaños, mujer grande, admiradora de los grandes, revisita a El Marinero, y ese drama que circunda la existencia y las palabras en Variación del marinero y la camelia. La autora reconoce en Pessoa una fuente de inspiración tal que: “Hay algo en su lectura que exige entrar en mapas ajenos al tiempo y a los espacios de medida efímera; versos y territorios con vocación de universo, de constelación, de conjuro contra todo intento de abolir la belleza”.

Karla Suárez, cubana que reside en los parajes pessoanos, tocada por las calles del hombre misterioso, del escritor irreal, por sus cartas de amor ridículas (como todas las cartas de amor), escribe también Su última carta, en un sábado en que la vida transcurre entre el papel, la tinta y los sueños del poeta.

Tanya Tynjälä, que representa a Perú en esta antología, aunque su literatura tiene un carácter internacional, regresa a la obra El marinero, y nos deja un texto, Trinidad, que es, en su sentir, “una suerte de reinterpretación de un mito griego, al mismo tiempo que una biografía no autorizada del autor”, a quien encuentra ineluctablemente retratado en la obra dramatúrgica original.

Vivian Watson, venezolana residente en España, cierra esta antología con La tabaquería, un cuento que se imbuye en el poema de similar nombre, Tabaquería, escrito por Álvaro de Campos, uno de los más transcendentales heterónimos de Pessoa. En su relato, la autora da voz a la niña del poema, que come chocolatinas y, por primera vez, dialoga con su creador.

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