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18 de octubre de 2019, 8:35:14
CRÍTICAS


“Aforismos e ideas líricas", de Juan Ramón Jiménez. Edición de José Luis Morante

La Isla de Siltolá, 2018

Por Francisco J. Castañón

Leer a Juan Ramón Jiménez es siempre un grato ejercicio intelectual. Su poesía o su prosa nunca dejan indiferente a quienes se adentran en ellas. No en vano el gran escritor andaluz construyó una obra extensa y sobresaliente que en las postrimerías de su vida le hizo merecedor del premio Nobel. Una obra diversa, heterogénea, pero unida por un quehacer literario asumido como experiencia vital. Una obra singular, personalísima, como quizá la definiría el propio poeta, para cuya elaboración su autor emplea diversas formas de expresión, entre ellas el aforismo.


Ahora, el profesor, poeta y crítico literario José Luis Morante nos brinda una espléndida y, sin duda, necesaria edición de los aforismos compuestos por Juan Ramón Jiménez. Una selección reunida bajo el título “Aforismos e ideas líricas”, libro publicado por Ediciones La Isla de Siltolá, donde hallamos más de ochocientas máximas o sentencias que conducen al Juan Ramón Jiménez más reflexivo, más intrínseco, más filosófico, sin abandonar en ningún momento la poesía como sustrato omnipresente en sus escritos.

Asimismo, un señalado trabajo introductorio de Morante bajo el epígrafe “EL YO TOTAL”, precede a los aforismos compilados en este libro. A través de las líneas escritas por Morante conoceremos relevantes cuestiones que nos proporcionan la posibilidad de acercarnos mejor a la figura y a la obra del poeta onubense: El nacimiento de su vocación poética, su vida en Madrid, su paso por el sanatorio de Nuestra Señora del Rosario, su amistad con el doctor Simarro, su reclusión en Moguer, la decisiva aparición de Zenobia en su itinerario vital, su polémica marcha a EE.UU. iniciada ya la Guerra Civil, el aciago asalto a su domicilio en la capital con el consiguiente expolio de valiosos materiales que tanto dolor provocará en el poeta, sus años en Florida, en Puerto Rico, la concesión del premio Nobel, el fallecimiento de su amada Zenobia,…

En este completo pórtico del libro ensalza José Luis Morante la brillante labor realizada por el profesor de la Universidad de California Antonio Sánchez Romeralo, con el objetivo de recopilar la obra completa de Juan Ramón Jiménez, tal y como la estructurara en su día el poeta de Moguer. El autor de esta edición también da noticia de la destacada investigación efectuada por la ensayista Juana Pérez Romero. Encomiable empeño el de ambos, dedicados al estudio y divulgación de una obra que forma parte de nuestro mejor patrimonio literario. Lo cual permite hoy a los lectores descubrir, entre otras cosas, la actividad aforística presente en Jiménez durante más de cinco décadas.

El título de esta antología, “Aforismos e ideas líricas”, “expone –en palabras de José Luis Morante- el carácter esencial del género breve en Juan Ramón Jiménez: su aspiración poética y la tendencia a un soporte formal despojado, libre de artificios retóricos”. De esta forma, la lectura de los aforismos contenidos en este libro ayuda “a entender el proceso de escritura de la magna obra [de Jiménez] y su identidad interna;…” así como el concepto fundamental de la producción literaria del eximio poeta: “la obra en marcha”, la obra sometida a permanente y meticuloso autoexamen que difícilmente se da por concluida. “No comprendo más que una crítica, la autocrítica”, afirma el poeta en sus aforismos.

Autobiografía, la Obra, Crítica, Sueño, Amor, Belleza, Poesía,…, a lo largo de los ochocientos aforismos recogidos en este libro Juan Ramón Jiménez nos hace participes de sus cavilaciones sobre diferentes temas y conceptos. En uno de estos aforismos hallamos lo que parece ser la descripción de la tarea emprendida como pensador: “Cantar lírico y metafísico, prosista descriptivo y psicólogo: aforista, filósofo y crítico”.

En efecto, el poeta es aquí aforista porque, como él indica de sí mismo en estas páginas, es “…amigo de la síntesis. Por eso prefiero […], el aforismo a la monserga ensayística, la lírica a la épica.” Será ejerciendo de aforista cuando revela, en diversos momentos de sus reflexiones, dónde ubica el mundo o cuanto menos su mundo: “Donde está la ilusión, allí está el mundo”, “Donde está el amor, allí está el mundo”, “Donde está la emoción, allí está el mundo”.

Igualmente, utilizando el lenguaje como él lo concebía, suprimiendo según su criterio la g o la x por la j o la s, el autor va a obsequiarnos con sus impresiones sobre la existencia: “La vida es un centro que emana radios. Por cada radio se va a una eternidad y a otro centro” o “Soñemos, soñemos hasta salvar nuestra vida miserable a fuerza de sueños”. Su pensamiento vuela de tal manera hacia lo sempiterno que escribe: “Tan abstraído estoy en lo eterno, que las arañas han tejido su tela entre mis pies”. Y aunque resulte paradójico anota: “Qué insoportable sería la “eternidad” si durase más de unos minutos,..”.

En tiempos de posverdad sus sabios consejos pueden sernos útiles: “Ninguna verdad profunda se ha dicho a gritos. El grito es propio de la gran mentira” o “Cuando sepas que alguno habla mal del ruiseñor, ve a verlo. Seguramente te encontrarás con un grajo o una gallina”. Del mismo modo, formula el poeta una receta para alcanzar la felicidad: “Si queremos ser felices, no vayamos nunca tras lo que se va, quedémonos siempre con lo se queda”. Recomendando que no pongamos “…nuestro esfuerzo más que en lo que permanece”.

Pero sobre todo, Juan Ramón Jiménez despliega en estos aforismos sus ideas repletas de “ciencia poética”, para hablarnos de la belleza, del arte, la poesía y del ser poeta. Sabremos por estos adagios que su energía vital está consagrada por entero a la belleza: “Para mí no existe más que la belleza” o “Quiero hacer belleza triste, aun a costa de mi propia vida”, apunta.

Para el poeta andaluz “Arte es quitar lo que sobra”, y asevera: “Hay que ser a una, poeta, artista y crítico”. Quizá porque para Juan Ramón Jiménez la poesía es una conciencia. Así proclama que “La poesía auténtica es siempre futura, nunca profética. Su profecía consiste precisamente en ser futura” y advierte: “Desconfiad de la poesía que, para gustar, tiene que ser analizada”. Para Jiménez, “El poeta verdadero inventa con las palabras usuales un idioma distinto. Y es más verdadero cuanto más distinto sea su idioma en verso y en prosa”. Al fin y al cabo, “Lo que el poeta deja en el mundo es un más allá del mundo”, apostilla.

En definitiva, está edición de los “Aforismos e ideas líricas de Juan Ramón Jiménez”, preparada por José Luis Morante, es ya un título imprescindible para quien desee reparar en una faceta no tan conocida como su poesía, pero fundamental para explorar otra admirable estancia de su amplia obra y tener una visión más completa de la personalidad literaria de uno de nuestros autores más ilustres.

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