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20 de mayo de 2019, 12:37:32
ENTREVISTAS


Entrevista Juan L. Pulido:Una ciudadanía conocedora de las líneas esenciales de su pasado estará más cohesionada”

Autor de “Lloran las piedras por Al Ándalus”

Por Javier Velasco Oliaga

Lloran las piedras por Al Ándalus” es la segunda novela histórica del escritor y abogado sevillano Juan Luis Pulido Begines. Una obra que discurre a comienzos del siglo XIII siendo su hilo conductor la familia de origen maladí Banu Quzman, radicada en Sherish Shiduna (la actual Jerez de la Frontera) desde hace muchas generaciones. Los varones de dicha familia se dedican al Derecho desde hace generaciones.


Juan L. Pulido consigue una novela repleta de intrigas que contiene diferentes acontecimientos que irán cambiando el destino de los miembros de la familia protagonista. La novela da una visión de un periodo poco tratado por nuestra literatura y en la que el autor sevillano logra imbuirnos en los acontecimientos de esa familia jerezana. En la entrevista, nos da varias pistas sobre la creación de su novela y nos desvela algún que otro secreto.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Lloran las piedras por Al Ándalus"?

No tengo un recuerdo muy preciso de ello. Las ideas motrices de las novelas se van incubando, normalmente mucho antes de que uno se ponga a escribir, y, en un momento determinado, eclosionan. Y entonces ya no se puede parar, o al menos eso es lo que me ocurre a mí, hasta que se termina la obra. Pero mientras estoy escribiendo una obra, ya se están generando las ideas para la siguiente.

En cualquier caso, siempre me ha fascinado el siglo XIII y, sobre todo, la llegada de los castellanos al valle del Guadalquivir y la revuelta mudéjar. Me pareció interesante contar todo el proceso de la conquista de Andalucía desde el punto de vista de los conquistados. A tales efectos, he querido ponerme en la piel de una familia andalusí del siglo XIII: pensar como ellos pensaría, sentir como ellos y ver el mundo como ellos lo hubieran visto. Es una pretensión ideal, por supuesto, abocada al fracaso, porque eso es imposible.

Profesionalmente proviene de un campo ajeno a la literatura. ¿Cuándo decide escribir novelas históricas?

Yo he escrito siempre, desde muy pequeño. De todo, principalmente poesía y teatro, también cuentos, ensayos, artículos... En todo momento, desde que me recuerdo, me he considerado a mí mismo, ante todo, como un escritor. Es lo que más me gusta hacer, lo que quiero seguir haciendo, hasta el último día.

Dicho esto, me gano la vida con el Derecho, que también me gusta, pero mucho menos. El ejercicio de la docencia y la abogacía es un trabajo, mi profesión, una tarea noble y hermosa. Ella se lleva lo mejor de mi esfuerzo y casi todo mi tiempo. Pero mi corazón está puesto en la literatura, la historia y la filosofía, aunque mi profesión seguramente seguirá siendo el Derecho. Para lograr una prosa aceptable, la redacción de textos jurídicos me ha enseñado mucho, con su exigencia de claridad y precisión.

Durante muchos años, según mi propio criterio, mi producción literaria no tenía el nivel de calidad mínimo necesario como para tener la osadía de que mis conciudadanos perdieran el tiempo leyéndome. Finalmente, cuando el resultado de mis empeños me ha parecido aceptable, me he atrevido a intentar su publicación.

¿Por qué novelas históricas? Porque lo que más me gusta es la historia y el género literario que más satisfacciones me produce como lector es la novela histórica. Al cabo, creo que casi todos los escritores tratamos de escribir las novelas que nos gustaría leer.

Alguno de sus protagonistas ejerce la abogacía como cadí de Sherish Shiduna (Jerez de la Frontera). ¿Le gusta introducir personajes de su profesión en sus novelas?

Sí, porque es el ámbito de la realidad que mejor conozco. La novela tiene que contener verdad, de lo contrario, no se produce esa “suspensión de la incredulidad” que pretendemos provocar en el lector los creadores de ficciones literarias. Si me da la vida, me gustaría escribir ficciones sobre la Universidad y los Juzgados, dos ecosistemas muy peligrosos, plagados de animales ponzoñosos y de alimañas que se alimentan de carne humana.

Además, el Derecho es muy “humano”, porque las personas cuando vivimos en sociedad generamos todo tipo de conflictos a los que el Derecho trata de atender. Y esa realidad encierra un gran potencial literario: pasiones, derrotas, venganzas, odios terribles, envidias…, en definitiva, la vida.

¿Qué le atrae del género histórico?

Como lector, la curiosidad histórica, ante todo. Pero, además, la posibilidad de aprender al mismo tiempo que se produce un goce estético. Es lo que pretendo hacer como novelista: enseñar al lector y, al mismo tiempo, crear belleza, o al menos, intentarlo.

Las novelas históricas están cumpliendo un gran cometido rescatando episodios de nuestra historia poco tratados. ¿Qué le parece esta finalidad de este género literario?

Muy loable y necesaria. Una ciudadanía conocedora de las líneas esenciales de su pasado estará más cohesionada y en mejores condiciones de defenderse de enemigos internos y externos. No creo, por el contrario, que conocer la historia sirva para evitar que se repita. Existen abundantes pruebas de ello.

Dicho esto, no debe olvidarse que lo que contienen las novelas históricas es ficción. La verdad histórica se busca en la soledad de los archivos, bajo el sol o la lluvia en las excavaciones, en los claustros universitarios, por personas que dedican su vida a pelearse con las lenguas muertas, con la paleografía, la diplomática… Una verdad siempre provisional y sometida a continua revisión. Yo parto de la convicción de que el empeño en lograr la verdad histórica es inútil: podemos aproximarnos a ella, atisbarla un poco, pero nunca sabremos en realidad qué paso hace mil, dos mil o tres mil años.

Yo no soy un historiador: cuando escribo, no procuro buscar la “verdad”, sino lograr la “verosimilitud”. Escribir una novela histórica es como pintar un cuadro algunas de cuyas partes ya están dibujadas, aunque muy borrosamente; vienen dadas de antemano, por las buenas fuentes…. Los huecos, las lagunas, los rellena el novelista con su imaginación, buscando que guarden coherencia de fondo y de forma con el contexto temporal.

Lo que sí procuro es beber de fuentes limpias y claras: limpias de contaminación y de prejuicios, de historia-ficción y anacronismos, de juicios morales sobre la historia.

La provincia de Cádiz, salvo en el periodo de la guerra de la Independencia, está muy poco tratada en la literatura. ¿Por qué ocurre esto? ¿Se debería tratar más?

Estas tierras son un filón virgen en ese campo. Hay tantos episodios épicos por tratar que, en realidad, el escritor de novela histórica tendría que inventar muy poco. Desconozco la razón por la que no se ha empleado más esta veta. En mi caso, en realidad, no hubo un designio deliberado de novelar sobre esta región: surgió de la propia historia que iba creando. Por razones bien comprensibles, acabé ubicándola en la geografía que mejor conozco.

¿Ocurre lo mismo con el siglo XIII, salvo con la batalla de las Navas de Tolosa?

A mi juicio, el siglo XIII es el “tiempo eje”, en el sentido de Karl Jaspers, de la historia de Andalucía y, en buena medida, también de la de España. La Andalucía actual se explica sobre las bases de lo que ocurrió entonces; principalmente, un desplazamiento de población sin precedentes, en la península ibérica, desde el neolítico o la edad de bronce. Sería razonable que los españoles estuviéramos bien informados sobre la secuencia de acontecimientos que se produjo entonces: descomposición del imperio almohade, terceras taifas, conquista de Andalucía por Castilla, revuelta mudéjar y su secuela (una terrible guerra y la expulsión de los mudéjares), una lenta y penosa repoblación de un espacio casi vacío por gentes venidas del norte, guerra civil entre el rey sabio y su hijo Sancho, y, por último, las invasiones benimerines. Porque tales acontecimientos explican en buena medida, a mi juicio, lo que somos hoy.

La novela es una saga familiar durante casi un siglo. ¿Cree que a los lectores le gusta este tipo de obras?

No sabría decirlo. A mí me gustan. Me da la impresión de que a buena parte de los lectores también. Pero no tengo datos para sustentar esa impresión.

"Las fuentes revelan que su Fernando III pretendió reinar sobre los súbditos de las tres religiones"

Desde las Navas de Tolosa comenzó el declive del Imperio Almohade y la conquista de Andalucía por parte de los castellanos. ¿Fue adecuada la política de Fernando III en el territorio conquistado?

Emitir un juicio sobre la historia es arriesgado e inútil. No podemos valorar con nuestros criterios morales la política de Fernando III. Si hacemos un esfuerzo de imaginación y tratamos de meternos en la piel de un castellano del siglo XIII, creo que podemos aventurar que fue un gran rey, querido por su pueblo y respetado por sus enemigos. Las fuentes revelan que su pretensión fue reinar sobre súbditos de las tres religiones. Trató a los musulmanes de las tierras conquistadas con generosidad. La continuidad de su política de conciliación no fue posible por la rebelión de los mudéjares y la pretensión de los imperios norteafricanos de recuperar para el islam toda la península ibérica, un designio nunca ocultado y nunca abandonado.

¿Qué poblaciones fueron las que más se resistieron y protagonizaron las rebeliones más cruentas?

Por las fuentes que he manejado creo que no puede identificarse una región en concreto como más belicosa: la sublevación fue generalizada y muy sangrienta. Los musulmanes mataron a todos los cristianos que cayeron en sus manos. Por eso la reacción terrible y muy contraria a los intereses patrimoniales de la corona: la expulsión de todos los mudéjar del valle del Guadalquivir.

Los reyes cristianos pusieron un gran empeño en proteger a las poblaciones judías y musulmanas para que permanecieran en sus territorios y tributaran

¿Hubo realmente convivencia con los almohades que quisieron quedarse en sus tierras?

Convivencia entre gentes de diferentes religiones no hubo, que yo sepa, en ningún lugar de Europa en la Edad Media. Hubo una “coexistencia” de comunidades separadas, sometidas a sus propias leyes, en algunos espacios muy concretos. Una coexistencia que siempre se vio sometida a fuertes tensiones, pues periódicamente se producían matanzas de las comunidades minoritarias a manos de las mayoritarias. En la España musulmana, encontramos ese fenómeno de coexistencia durante el emirato y el califato; pero con la descomposición del califato y la llegada de los invasores bereberes ese periodo termina, y las comunidades cristianas y judías son exterminadas, forzadas a convertirse al islam o expulsadas. Si miramos a la España cristiana medieval, el proceso es semejante, aunque quizás menos cruento: los reyes cristianos pusieron un gran empeño en proteger a las poblaciones judías y musulmanas para que permanecieran en sus territorios y tributaran.

En particular con los almohades, que yo sepa, no hubo convivencia posible: su designio era conquistar el mundo y hacer del islam la única religión.

¿Fue adecuada la sucesión de Sancho IV después del reinado de Alfonso X?

Este es un tema jurídico muy complejo. Brevemente: Alfonso X cambió las reglas de sucesión y, de acuerdo con ellas, los infantes de la Cerda eran los herederos legítimos de la corona de Castilla. Sancho IV nunca aceptó ese cambio y, amparándose en los fueros viejos, reclamó la corona y la consiguió, al precio de producir casi la desaparición del reino, despedazado entre Portugal y Aragón. En términos jurídicos, Sancho IV fue un usurpador.

¿Qué papel jugaron los judíos en estas tierras?

La Historia de España y nuestra cultura no se entiende sin el aporte de los judíos. Ningún español puede estar seguro de que no corra sangre judía por sus venas. La expulsión de los sefardíes fue una herida de la que tardamos muchos años en recuperarnos. No obstante, los motivos para la expulsión, analizados en su contexto histórico, resultan comprensibles y hasta razonables en términos políticos. A partir de ahí, la historia de los sefardíes, la conservación de su identidad, su deseo de volver a ser considerados españoles, es conmovedora y merece ser contada y conocida. Como español del siglo XXI, estoy muy orgulloso de la reparación que recientemente se ha producido respecto a nuestros hermanos judíos.

¿Cuál sería el corolario de la historia que ha narrado en su novela?

En cuanto a la historia humana, que los hombres nunca podremos estar seguros de saber cómo reaccionaremos ante situaciones límite, que somos meros juguetes de un destino que nos arrastra allí dónde él quiere, no adónde nosotros queremos. Que el futuro escapa a toda previsión.

Por lo que se refiere a la “Historia”, con mayúsculas, solo cabe extraer de ella una enseñanza: cualquier tiempo pasado fue peor.

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