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26 de agosto de 2019, 2:32:59
EXPOSICIONES

En el Museo Carmen Thyssen de Málaga


Visita a la Colección Carmen Thyssen- Bornemisza

Por José Belló Aliaga

El Museo Carmen Thyssen Málaga se ubica en el Palacio de Villalón, una edificación palaciega del siglo XVI cuya recuperación ha permitido poner en el lugar que le corresponde una parte fundamental de la arquitectura renacentista malagueña, asentada sobre la urbe romana e inserta en la trama musulmana de la ciudad. La intervención ha apostado por la restitución de las trazas originales del palacio y por su integración con edificaciones de nueva planta, creando un conjunto unitario de sobria coexistencia.


La portada renacentista recuperada marca la entrada al palacio, estructurado en dos plantas en torno a un patio principal de galerías con arcadas y columnas. Destaca la riqueza de los artesonados y las armaduras de lacería de sus salones, donde se ubican algunas obras del siglo XVII español.

Anexos al palacio se desarrollan, con lenguaje contemporáneo, los edificios expositivos, destinados a albergar tanto las exposiciones temporales como la colección permanente.

COLECCIÓN CARMEN THYSSEN-BORNEMISZA

La Colección Carmen Thyssen-Bornemisza se ha caracterizado, desde sus inicios, por la amplitud de sus planteamientos y la cuidada calidad de sus propuestas artísticas. No es de extrañar, pues, que, fiel a los gustos personales de su propietaria, la colección que da origen al Museo Carmen Thyssen Málaga consista en un conjunto de extraordinaria coherencia, a través del cual se establece una sólida historia de los géneros que protagonizaron la pintura española del siglo XIX, con especial atención a la pintura andaluza.

MAESTROS ANTIGUOS

Este conjunto se caracteriza tanto por su riqueza como por su diversidad. La sala está presidida por una talla italiana de la primera mitad del siglo XIII que representa a Cristo muerto. La acompañan una pareja de ángeles custodios de terracota esmaltada, realizados entre 1525 y 1550 por el taller de Della Robbia.

Junto a estas esculturas destaca la Santa Marina de Zurbarán, pintura de la etapa de madurez del artista y exponente de sus “retratos a lo divino”. Se suman a ella tres pequeños lienzos en torno al nacimiento e infancia de Cristo, fruto de un encargo realizado por el maestro madrileño del siglo XVII y principios del XVIII Jerónimo Ezquerra con destino a un oratorio privado.

PAISAJE ROMÁNTICO Y COSTUMBRISMO

Las obras de esta sección muestran los grandes cambios que experimenta el paisaje como género pictórico durante el Romanticismo. Frente al tratamiento sereno e ideal del paisaje loreniano, los románticos sucumben ante una naturaleza sublime e imponente, deleitándose al tiempo en los pequeños detalles pintorescos. Se inscriben aquí las obras de Fritz Bamberger, Manuel Barrón, Andrés Cortés y Aguilar o Genaro Pérez Villaamil.

Andalucía se convirtió en la quintaesencia de la imagen romántica de España; su pasado y su arquitectura morisca, su flamenco, sus gitanas, toros, bandoleros o procesiones ocuparon la imaginación de escritores y artistas románticos. Una imagen estereotipada que sugestionó profundamente a los propios pintores españoles, deseosos de consolidar su propia identidad y prestos también a abastecer el rico mercado internacional de pinturas de tema andaluz que se desarrolló desde mediados del siglo XIX. La colección presenta una nutrida selección de la mejor pintura costumbrista andaluza, a través de artistas como Manuel Cabral Aguado Bejarano, Rafael Benjumea, José y Joaquín Domínguez Bécquer, José García Ramos o Guillermo Gómez Gil.

PRECIOSISMO Y PINTURA NATURALISTA

En este capítulo queda reflejada la profunda transformación de la que, durante la segunda mitad del siglo XIX, es objeto el gusto artístico en España de la mano de Mariano Fortuny, que cultiva una pintura de pequeño formato, colorista y espontánea, cuidadosa en los pequeños detalles y de tema amable. Su enorme éxito en el cada vez más amplio mercado artístico burgués impulsa la difusión de este género, la pintura preciosista, entre una serie de artistas de exquisita calidad, como José Benlliure, Raimundo de Madrazo, José Moreno Carbonero o Emilio Sala.

De forma paralela, se asiste a la evolución del género del paisaje, marcada por la figura de Carlos de Haes, quien, junto a sus discípulos, como Martín Rico Ortega, reacciona frente al sentimentalismo subjetivo del paisajismo romántico defendiendo una interpretación realista y “del natural”. Una línea en la que se sitúa también la obra del paisajista sevillano Emilio Sánchez-Perrier.

FIN DE SIGLO

Integran este capítulo obras que testimonian cómo la pintura española de finales del siglo XIX empieza a mirar abiertamente a la pintura internacional. El género del paisaje se renueva de la mano de Aureliano de Beruete y, de forma paralela, por la escuela valenciana.

Si Joaquín Sorolla personifica la genuina aspiración de modernidad, luminosa y optimista, de la pintura española, la presencia cosmopolita de Darío de Regoyos refuerza su vocación internacional. El contacto directo de muchos artistas con la bohemia parisina propicia la radical novedad de sus propuestas. Desde esta perspectiva, hay que citar a Ramón Casas, Ricard Canals o Francisco Iturrino, que elaboran un lenguaje claramente moderno, aunque, alentados por sus marchantes parisinos, continúan cultivando temas andaluces.

El caso de Zuloaga es paradigmático; sus retratos de las viejas almas castellanas alcanzaron un gran éxito internacional y generaron entre los intelectuales contemporáneos la polémica conocida como la “cuestión Zuloaga”, en la que latía, al igual que en la pintura de Julio Romero de Torres, un profundo debate sobre las señas de identidad y la construcción de la imagen de España.

Autor del vídeo y de las fotografías: José Belló Aliaga

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