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5 de diciembre de 2019, 22:02:06
POESÍA


"Poemas de la bancarrota y otros poemas", de Javier Gil Martín

Ediciones Espacio Hudson, 2018

Por Gregorio Muelas Bermúdez

Javier Gil Martín (Madrid, 1981) publica la segunda edición, ampliada, de Poemas de la bancarrota y otros poemas en Ediciones Espacio Hudson, de Lago Puelo, provincia de Chubut, Argentina, con una nota introductoria de Carlos Piera, donde el también poeta madrileño describe la poesía del autor como “muy concisa” en su afán de “añadir al mundo lo menos posible” ante la sospecha de que la poesía, como producto humano, no sea buena, y menos, perdurable, y ello porque cultura y poesía son dos cosas distintas, todo depende de la necesidad de “decorar”, así Javier Gil se apunta al lado de los que no quieren “estorbar” pues no pretende crear un “objeto”, sino hacer lenguaje, resumir hasta alcanzar la verdad, que “es siempre cualquier cosa menos prolija”.


Una sucinta reflexión que Javier Gil se encargará de amplificar en un libro que se estructura en IV apartados con los siguientes enunciados: “Hospital de día y otros lugares”, “Poemas de la bancarrota”, “Lecciones del arte extremo” y “Primer territorio (a modo de dedicatoria)”. En efecto, la brevedad, la concisión, va a ser la seña de identidad del autor a lo largo del poemario, veamos un ejemplo paradigmático:

Sobrevuelan los cadáveres

el cadáver del buitre

Próximo al aforismo por su forma, cercano al senryu por su intención irónica, sin embargo, el rasgo más característico será su voluntad crítica con el “insufrible humano” que habita la ciudad en obras, que sigue al redil en el metro, “de la casa al trabajo, del trabajo a la casa” en un interminable viceversa.

Javier Gil pone en juego las palabras con la convicción de que escribir es “desescribir lo visto”, “mancharse los dedos / con la tinta”. Así nos encontramos con una poesía social, no exenta de cierto pesimismo, que dialoga con tótems de nuestra cultura, como Juan de Yepes, Rilke o Kafka, y que demuestra su filiación con otros menos visibles pero más íntimos, como Luis Miguel Rabanal, Carlos Piera y Javier Egea.

En definitiva, Javier Gil Martín nos deja un puñado de buenos poemas, algunos especialmente significativos, como “Cimarrones” y “Badajo”, donde dice con franqueza aquello que piensa, exponiéndolo con la inteligencia que el verso ofrece a quienes saben contenerlo.

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