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14 de diciembre de 2019, 15:16:15
ENTREVISTAS


ESLES 2019 2ª parte. Entrevista a Juan Carlos Chirinos

Por Addison DeWitt

Tras la brillante inauguración de los XI Encuentros de Esles de Cayón, tenemos la oportunidad de charlar distendidamente con el escritor venezolano Juan Carlos Chirinos (Valera, 1967): biógrafo, novelista, cuentista, doctorado en Salamanca; reside desde hace media vida en España sin perder por ello un ápice de venezolanismo —siempre insiste en que su Valera natal es el centro del mundo, afirmación que no carece de sentido—. En la editorial La Huerta Grande ha publicado el ensayo "Venezuela, biografía de un suicidio" (2017) y la novela "Los cielos de curumo" (2019). Sobre uno de sus biografiados, Francisco de Miranda, personaje novelesco que fue tratado, por ejemplo por JJ Armas Marcelo en La noche que Bolívar traicionó a Miranda (2011), nos hablará en su ponencia ‹‹El Atlántico de ida y vuelta››, ligeramente excéntrica dentro del asunto general de esta edición que es el Pacífico.


Tenemos la oportunidad de hablar con Juan Carlos Chirinos después de una grata comida en que lo hemos visto sentado junto a su editora Phil Camino, un colega de sello editorial, José Joaquín Bermúdez, y una novel autora, Margarita Rivas, cuya obra fue tratada en este mismo medio hace escasas fechas: tomamos un café (magnífico, aunque no venezolano) e intentamos embridar a este pura sangre charlista y chispeante en el marco de unas pocas cuestiones convencionales:

Entrevista a Juan Carlos Chirinos

Usted es novelista, biógrafo, autor de literatura juvenil, ensayista, yo diría que profundamente poeta… ¿se siente más cómodo en un campo concreto o en todos? Ya sabe que particularmente en España no se admite bien que alguien domine más de un ámbito.

La verdad, no sabía que aquí en España no se admite bien que uno escriba en varios registros; lo lamento por los que no lo admiten, pues que yo sepa no tengo que pedirle permiso a nadie para escribir un ensayo, una novela, una obra de teatro o un guión de cine. No creo que “domine” un campo particularmente: diría que escribo lo que me apetece de la manera más honesta que conozco: trabajando. Mi trabajo es investigar a través de la lectura y la escritura, y ese es un campo al que —para bien o para mal— no se le puede poner puertas. El único género con el que no me atrevo es con la poesía: esa es la palabra mayor. En cuanto a los demás géneros en los que he escrito, creo que me siento cómodo en todos: díganme de qué hay que escribir y me pongo a ello.

Hablamos con ocasión de los XI Encuentros de Esles de Cayón (Cantabria) y en el preciso lugar que da nombre a la Editorial La Huerta Grande, donde usted ha publicado recientemente el ensayo Venezuela, biografía de un suicidio (2017) y la novela Los cielos de curumo (2019). Díganos que le parece esta iniciativa cultural y cuente unas breves pinceladas de su intervención sobre Miranda.

Me parece una idea estupenda y estoy hondamente agradecido por la invitación, y muy emocionado por estar en el lugar donde nació La Huerta Grande; hablaré de los viajes de Francisco de Miranda, que es como decir que hablaré de su vida toda, que fue un viaje tal vez de fracasado final. O no. Miranda, quizá el personaje angular en la historia de las independencias de la América que habla español, porque marcó un punto de inflexión definitivo, fue sin duda un nómada, un viajero en el sentido físico pero también un viajero de las ideas (un gran ideólogo, y además un «ideódromo» impenitente), un recorredor de libros y un gran escrutador de los intersticios de sus amantes. Todo en él fue una travesía.

¿No teme verse encasillado como ‹‹autor venezolano›› dado el gravísimo panorama que sufre su país? ¿Tiene alguna intención de compromiso político en su escritura?

¡Pero claro que soy un autor venezolano! ¿Por qué iba a temer eso? También soy un autor en español y un autor mestizo, y un autor inmigrante. Pero todos esos adjetivos no tienen ninguna relevancia: yo soy escritor. Todas las demás características son simples contingencias. No sé si tengo, o se percibe, “compromiso político” en mi escritura; he dicho mal: en realidad no me interesa ni un poquito si se ve o no se ve eso que, en definitiva, no es asunto sino íntimamente mío. Cuando escribo, el único compromiso al que le hago caso es al de la escritura. Mi compromiso como ciudadano nada tiene que ver con eso, y si se nota, o se ve, no es algo que me quite el sueño o me llame la atención.

En su citada novela aparecen muchos simbolismos: el cerro El Ávila dominando Caracas y el curumo (un carroñero americano como el zopilote) dando vueltas para acabar atacando. ¿Hay más potencia simbólica en la escritura en español de autores nacidos en América que entre los españoles? ¿Es irrelevante el lugar de origen?

Completamente irrelevante. El español es una lengua tan flexible y plástica, que hasta cuando escribes mal te entienden. Sobran los ejemplos de ello.

Futuros proyectos, inéditos, encargos… díganos, hasta donde pueda revelar, que nos ofrecerá Juan Carlos Chirinos en próximas temporadas.

Yo escribo todo el tiempo, y prefiero hablar de lo que hago cuando ya se ha publicado.

Desde la aparición de su ensayo "Venezuela, biografía de un suicidio", la situación no hace sino empeorar. ¿Cuál es su pronóstico?

No me atrevo a dar pronósticos, porque no soy analista político ni futurólogo a lo Spengler, Toffler o Fukuyama. Solo puedo expresar mi deseo de que Venezuela emprenda una vía de sanación: democracia, reconciliación y justicia. Por el bien de todos.

Influencias, admiraciones…, díganos si hay algunos autores poco conocidos en España a los que debiéramos seguir.

Sí. De Venezuela, a José Balza, Enriqueta Arvelo Larriva, Eugenio Montejo, Eduardo Liendo, Teresa de la Parra, Silda Cordoliani, Ednodio Quintero, Santiago Acosta e Israel Centeno. Hay que leer siempre a estos dos autores colombianos: Jorge Zalamea y Tomás González. Y no estaría mal que la gente regrese, ahora que se cumplen 90 años de su publicación, a Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, cuyo epíteto es el más exacto de la literatura en español: «el de la divina prosa». Léanlo. No les pesará. Es una delicia.

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