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29 de marzo de 2020, 14:07:42
PRESENTACIONES


Se presenta “Una historia de impostores”, una novela que discurre por las calles de Santander

Por Francisco Jiménez de Cisneros

Una mañana soleada dio paso a una tarde lluviosa o llorosa. A las cinco de la tarde se celebraba el funeral por don Benito Madariaga de la Campa, cronista oficial de Santander, quizá por eso el cielo se encapotó y derramó sobre la ciudad sus más sentidas lágrimas. Ese luctuoso día, fue el escogido por el escritor Joaquín Álvarez Barrientos para presentar en el Real Club de Regatas de la capital cántabra su novela, "Una historia de impostores", el autor no podía pensar cuando programó la presentación que ciertos elementos se revolverían contra él. El escritor madrileño asistió para presentar sus respetos al cronista antes de comenzar la presentación.


Pese a eso, y otros muchos actos culturales, Joaquín Álvarez fue capaz de llenar el salón de actos de la mencionada institución cultural santanderina sita en la Plaza de Pombo, 3. En el acto fue acompañado por Fernando Gomarín, que hizo de maestro de ceremonias presentando a los participantes en el acto, Antonio Martínez Cerezo, escritor y crítico literario y Javier Velasco Oliaga, periodista y escritor, director de la web decana literaria española Todoliteratura.

Para el autor de “Una historia de impostores”, “Santander es el escenario de gran parte de la novela por algo que se encuentra en el relato y no voy a desvelar. Los lugares que aparecen son todos reales y no. Cuando sitúas la acción en un territorio conocido y reconocible, esos espacios adquieren otro perfil, los matizas y varías a tu antojo y necesidad. Pero, en todo caso, el lector que conozca la ciudad, los reconocerá”. Efectivamente, el escritor ha sabido modificar algunos lugares de la ciudad para así poderlos utilizar a su antojo, al igual que ha hecho conscientemente con algunos anacronismos, “como introducir a Vladimir Nabokov en un periodo histórico que no se corresponde, pero quería hacer un homenaje a un escritor cuya obra me gusta mucho”, señaló en autor.

“El libro está a medio camino entre la novela de intriga, la de detectives, la histórica y la de humor, básicamente porque este último y la ironía impregnan todo el relato y porque la trama es el intento de resolver varios misterios”, dijo Joaquín Álvarez Barrientos a un auditorio subyugado por la intriga que se planteaba en el escenario sobre la sinuosa trama de su novela. En muchas ocasiones es difícil presentar una obra sin desvelar algunos de los enigmas que se plantean en la misma.

La criptografía es un lenguaje que oculta la realidad; es una forma de poder sobre ella y los demás, al ocultarla y luego tener capacidad para desvelarla

Una historia de impostores” es una novela sobre las falsificaciones, tanto literarias como artísticas. Álvarez Barrientos ha estudiado en profundidad ese mundo y el de la criptografía, arte especialmente querido por él. “La criptografía es un lenguaje que oculta la realidad; es una forma de poder sobre ella y los demás, al ocultarla y luego tener capacidad para desvelarla. Los mismo ocurre con las relaciones personales, en muchas ocasiones se miente adrede para ocultar la realidad o la verdad”, expone el especialista sobre la obra de don Marcelino Menéndez Pelayo.

“Es una pena que la casa-museo de don Marcelino esté cerrada, al igual que su biblioteca, la segunda en importancia de España por la calidad de sus fondos después de la Biblioteca Nacional”, afirmó el escritor que en su opinión “la historia no ha tratado justamente al filólogo e historiador santanderino. Algunos pasajes esenciales de la novela transcurren en esos dos lugares, menos mal que escribí la novela antes de que se cerrasen ambos edificios”, subrayó durante la presentación.

Para el autor, el humor y la ironía es un rasgo fundamental de la novela. “Mi protagonista es llama Mick Jagger, una persona un tanto débil que va encontrando su lugar en la vida gracias a ciertos amigos como el presunto director de uno de los periódicos de Santander que se llama José María de Pereda, nada que ver con el célebre escritor, el director vive en una representativa casa de la calle Castelar”, relato con tono de humor Álvarez Barrientos.

La novela se desarrolla en dos ámbitos temporales muy diferenciados, pero que están conectados por la trama principal de la novela. “La primera es la época actual donde se produce una investigación sobre ciertas falsificaciones artísticas y la segunda se desarrolla en el siglo XIX, con dos voces diferentes, una la de un presunto autor de un informe sobre el conocido falsificador Constantino Simonidis y otra sobre unas supuestas memorias perdidas de Marcelino Menéndez Pelayo”, desveló el escritor madrileño, que afirmó que no le ha costado mucho meterse en la cabeza del maestro para escribir esos capítulos.

Fernando Gomarín, factótum cultural de Santander, expuso lo grato que le resultó la lectura de esta novela detectivesca y que refleja tan bien el microcosmos de la ciudad. El crítico Antonio Martínez Cerezo, murciano de nacimiento, pero montañés de adopción, destacó “el estilo ágil, limpio y literario” de la novela. “Una historia sinuosa que se desliza de manera veloz por unos acontecimientos realmente extraordinarios y que, prácticamente, no sabremos su desenlace hasta las páginas finales”, concretó. Para Javier Velasco Oliaga, “la novela contiene muchos aciertos, tanto estilísticos como de la trama. El autor, nos embarca en un recorrido por Santander, donde nos imbuimos en una trama originalísima donde los falsarios e impostores conviven en un mundo donde nada es lo que parece”, concluyó.

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