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10 de agosto de 2020, 18:57:57
ENTREVISTAS


Mercedes Santos: “Una novela sin una buena y atractiva historia de amor, se queda coja”

Autora de “Sitiados”

Por Javier Velasco Oliaga

Coincidí con Mercedes Santos en la pasada edición del Certamen de Novela Histórica de Úbeda, allí tuve la oportunidad de charlar con ella y entrevistarla. Su última novela “Sitiados” discurre durante el cerco que las tropas napoleónicas sometieron a la liberal Cádiz. A medio camino entre la novela histórica y la romántica, Mercedes consigue de manera magistral que la intriga y el misterio se mantengan durante todo el libro.


Mercedes Santos ha trabajado como periodista en diversos medios de comunicación nacionales, desde hace un tiempo trabaja como librera en el establecimiento más literario de Aranjuez. Su trabajo le da la oportunidad de conocer los gustos de los lectores de primera mano, quizá por eso, “Sitiados” sea una mezcla de dos de los géneros más queridos por los lectores españoles, aunque también tiene unas sabrosas pinceladas de novela de espionaje. Fruto de ese conocimiento y de la amplia documentación conseguida sobre el Cádiz liberal es su nueva novela.

¿Cuándo le surgió la idea de escribir su novela “Sitiados”?

Con motivo de la celebración del bicentenario de la Constitución de 1812. Tenía material de Cádiz sobre esa época de otro trabajo, pero creía que el tema daba para mucho más y que podría dedicarle una novela completa. La empecé entonces, aunque luego por motivos personales la tuve que interrumpir y la terminé mucho después.

Reconocida autora de novela romántica, ¿cómo calificaría su nueva novela, romántica o histórica?

Yo creo que todas mis novelas son a partes iguales históricas y románticas. Una novela sin una buena y atractiva historia de amor, se queda coja. E históricas porque me adentro profundamente en la época. Investigo mucho las costumbres, los problemas de esa gente, el armamento —si lo hay— la moda… todo. Lo que pasa es que mi visión histórica no tiene por qué coincidir con la que tendría otro autor, más si es masculino. En este caso hablo de Trafalgar, pero no me detengo tanto en la batalla sino en las consecuencias. En la labor de rescate de las víctimas, de cómo las mujeres y la sociedad gaditana en general ayudó de forma solidaria en la salvación de miles de vidas. En la tensión social que se generó tras la catástrofe, tras aquel grave error estratégico, etc.

La novela está narrada en dos tiempos bastante cercanos. ¿Qué ventajas tiene una narración de este tipo?

Ni ventajas ni desventajas. Es simplemente por necesidades del guion. Yo quería contar una historia ocurrida en dos momentos distintos para mostrar los cambios habidos a nivel personal, los dos protagonistas habrán madurado, pero también de la propia guerra, del conflicto. De la vida en la ciudad que se verá en esos cinco años de diferencia totalmente transformada por el Sitio napoleónico, por la llegada masiva de refugiados, de aprovechados.

La vida en esa colmena humana, donde los precios se disparan, aparecen montones de logias masónicas, de espías, donde la Junta de Damas aprovechará la estructura religiosa educativa existente para impartir clases de catecismo político con el que convencer a los ciudadanos para que resistan. Donde tendrán que aprender a convivir dos ejércitos hasta entonces enemigos, el español y el inglés, donde gente rica y aristócrata tendrá que arrodillarse para pedir asilo o donde traficantes y corsarios se pondrán al servicio de su país. Donde aparecerá lo mejor y peor de cada uno.

¿Por qué no alternó las narraciones de esos dos tiempos?

Como decía ha sido así por necesidades de la propia narración. En otras novelas si los he alternado, a modo de flash back, pero aquí me gustó más así. Me parecía que la historia quedaría más clara. Teniendo en cuenta que es una de espías, convenía no enredar más de la cuenta, para que la gente no se perdiera en la trama.

La primera, es después de la batalla de Trafalgar en 1805. ¿Qué le ha atraído de esta batalla? ¿No se ha contado demasiado sobre la misma?

De Trafalgar batalla si se ha hablado mucho. En muchas novelas, en muchos trabajos, ensayos históricos. Pero como digo, mi visón es distinta. Me paro en el minuto después, cuando se origina una especie de huracán que dejó sin gobierno las pocas embarcaciones no hundidas, que soltó de los amarres las capturadas, que obligo a los tres ejércitos contendientes, franceses, ingleses y españoles, a colaborar para rescatar a esos miles de marinos que se hundían. Que dio lugar a muchas acciones individuales y colectivas de heroísmo, que hizo salir a los pescadores con sus humildes barquitas a alta mar para salvar a esa gente mucha de las cuales eran enemigos, a muchas mujeres a colaborar en las tareas de asistencia sanitaria...

Me gustó el caos total que se vivió durante días… y ahí, es donde planto la semilla de mi historia de amor y de mi thriller de espionaje. El caos es un buen caldo de cultivo para que salgan cosas nuevas. Para que gente que nunca se hubiera cruzado, se enamoren; para que gente que ha vivido hasta entonces tranquilamente, se vea desbordada por los acontecimientos y tomen decisiones estrafalarias, inusitadas… y preguntarnos qué harán entonces.

Qué habríamos hecho nosotros de haber estado en su pellejo.

“Una ciudad sitiada es un escenario muy interesante para que sucedan cosas inhabituales”

La segunda parte se sitúa en el Cádiz sitiado por las tropas napoleónicas. ¿Qué le atrajo de ese acontecimiento histórico?

En que una ciudad sitiada es un escenario muy interesante para que sucedan cosas inhabituales, se mezcle gente que nunca se habría conocido, se tomen valientes o temerarias decisiones que con la razón en la mano nunca se habrían tomado. Y en el caso de Cádiz fue un sitio muy raro porque no fue como Stalingrado una ciudad sitiada por el hambre y el horror, sino que fue una ciudad sitiada por tierra y abierta por mar que logró mantener sus bailes, carnavales, sus periódicos, sus cafés, y al mismo tiempo estar rodeada por el mejor ejército del mundo que durante años desesperó por tomarla. Como una aldea gala resistiéndose a ese gran césar que fue Napoleón.

Cádiz fue la única ciudad que se resistió a Napoleón. ¿Da mucho juego ese episodio de la historia?

Sí, estamos hablando de un episodio único en las guerras napoleónicas, que duraron décadas y afectaron a toda Europa. Fue muy excepcional, y muy largo. El más largo hasta el de Stalingrado en la II Guerra Mundial. No fue solo llamativo para los españoles, también para el resto de Europa. La prensa parisina seguía al día lo que pasaba, tenía periodistas en España. Resistieron y vencieron y lo hicieron con ese humor que les caracteriza a los gaditanos. No solo resistieron como ciudad, lo hicieron como país, porque en ese momento era allí donde estaba la sede del gobierno español y donde se constituyeron las primeras cortes democráticas, se firmó la primera constitución… fíjate si da juego ese episodio histórico.

La ciudad se llenó de personajes y políticos de diversos pelajes. ¿Fue ese un momento esencial para nuestro país?

Lo fue. Yo creo que el mejor y más espectacular momento de este país en el siglo XIX. Creo que lo hicimos entonces muy bien, aunque luego tras el final de las guerras napoleónicas, de la guerra de la Independencia, tuviéramos la desgracia de que todo ese capital humano y político fuera destruido, que esos personajes tan luchadores, fueran ajusticiados, exiliados, y que coronáramos a un inepto como Fernando VII, pero esa es otra historia.

¿Cómo era la vida cultural y política en el Cádiz donde se gestó la constitución de 1812?

La vida cultural y política fue espectacular. Funcionaban los teatros, los cafés, las tertulias, los cafés como centro de reunión y discusión, había muchísima prensa, nacional y extranjera, unas Cortes abiertas en las que por primera vez podría hablarse sin miedo, de todo. Tanto que los ingleses estaban agotados y cabreados. No daban crédito a que nos pusiésemos a discutir sobre temas como la libertad de expresión cuando teníamos a los franceses rodeándonos. Pero así fue.

Descríbanos a la protagonista Blanca de Malvar.

Es una mujer a la que las circunstancias de la vida harán valiente. Una mujer que sufrió un gran fracaso amoroso que la marcó y que en la aventura que se inicia con esta novela tendrá una nueva oportunidad. Es una historia de reencuentros, segundas oportunidades, vidas frustradas por la encorsetada moral de ese tiempo, amores imposibles que sobrevivirán a todo.

Ella es además una mujer que, bajo una máscara de engreimiento y altivez, de superficialidad, esconde a una luchadora decidida a colaborar a su manera con los suyos y que utilizará sus propiedades y a su gente para salvar a cientos de víctimas de la ocupación francesa, que no fue precisamente chic, que fue tan terrible como Goya nos pintó en sus Desastre de la Guerra.

Una especie de pimpinela escarlata de las marismas.

Blanca salvó y cuidó a Alexander Paddon, un marino francés superviviente de Trafalgar. ¿Esa es la parte más romántica de su novela?

Es el inicio de una historia de amor. Un suceso inesperado reunirá a dos personas tan distintas como ellos, pero ninguna aclarará quién es. Él no puede porque si lo hiciera, peligraría su vida. Se ve obligado a pasarse por francés. Ella porque por primera vez en su vida desea que la acepten por lo que es, que no se fijen en ella por lo que significa, por su dinero, por su futuro como rica heredera.

¿Es Paddon el protagonista de la novela?

Lo es Blanca de Malvar, es ella la gran protagonista de la historia y él su partenaire en esta historia. Blanca y Cádiz. Yo creo que la ciudad brilla por sí misma en estas páginas. Yo quería que así fuera. Cádiz estaba entonces más poblada que Barcelona o Valencia, casi como Madrid, solo que menos provinciana, más cosmopolita, más culta…

Se habrán escrito miles de libros sobre la Guerra de Secesión americana, pero solo una de esas historias ha alcanzado la categoría de leyenda: Lo que el Viento se llevó

A su vuelta Paddon llega con las tropas británicas aliadas de las españolas contra los franceses. ¿Traidor? ¿Espía? ¿Hasta dónde se puede contar para no desvelar la trama?

Si, ahí se inicia la novela, con la llegada de un hombre a Cádiz con las autoridades inglesas que acaban de desembarcar para ayudar a España contra los franceses y Blanca descubre que ese viejo amor, al que creía francés, llega como oficial de la Royal Navy. Entonces se da cuenta de que está tratando con un consumado espía, de que siempre lo fue… de que la engaño entonces… o no. Ahí lo dejo.

¿Es fundamental una historia de amor épico para el desarrollo de una buena novela?

Yo creo que una historia de amor épico es lo que hace que una historia sea inolvidable. Fíjate si se habrán escrito libros, novelas, ensayos, reportajes sobre la Guerra de Secesión americana, pero sabes qué… solo una de esas historias ha alcanzado la categoría de leyenda, nos ha robado el corazón. Lo que el Viento se llevó… que es, sobre todo, y por encima de todo, una historia épica de amor. La historia de Rett y Scarlata.

¿Qué elementos considera fundamentales para el desarrollo de una buena novela histórica?

Un momento histórico interesante, por lo desconocido, por la versión nueva que reflejes, saber cómo ayudar al lector a sumergirse en esa época, a viajar allí. A qué huele el puerto de Cádiz mientras una maraña de barcos de guerra despliegan sus aparejos, a que huelen las tabernas o qué textura tiene un traje de seda estilo imperio, a qué suena el tintineo de tantas estrellas en los pechos de los oficiales o como vive la gente en sus casas… qué les preocupaba, qué les hacía soñar, cuál era su mundo, ver cuánto hemos cambiado y como en realidad, seguimos siendo los mismos.

Helena de Troya podrá haber vivido —literariamente— hace tres mil años, pero entendemos su amor por Paris, como entendemos al astuto Ulises o al orgulloso Aquiles.

¿Le resulta complicado entrelazar personajes inventados con otros históricos?

No, ninguna complicación. Lo hago de forma espontánea.

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