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23 de febrero de 2020, 9:58:59
CRÍTICAS


"El conde Pedro Ansúrez. Poder y dominio aristocrático en León y Castilla durante los siglos XI y XII", de Andrés Barón

Ed. Glyphos

Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez

Estamos ante un libro magnífico, que es una biografía muy completa sobre uno de los grandes magnates leoneses de la Alta Edad Media. No obstante, no comprendo a que viene nombrar a Castilla en la titulación, ya que este territorio es total y absolutamente dependiente del Reino de León, en este momento histórico, siendo el monarca centro de este hecho histórico vivencial el rey Alfonso VI de León, asimismo rey de Galicia que no se cita.


Lo de Castiella ya es una obsesión por parte de los castellanos; además si se quiere utilizar el vocablo debe colocarse sensu stricto, es decir en León y en Castilla o de León y de Castilla, ya que lo de León y Castilla se refiere al hecho autonómico bastante cuestionado desde el País Leonés (Salamanca+Zamora+León), parte esencial de ese denominado absurdamente como ¿Antiguo Reino de León? Haciendo una abstracción del preámbulo previo o pleonasmo, debo congratularme de que se haya producido la publicación de la vida y la obra de uno de los magnates leoneses más eximios, fundador de la urbe leonesa Valladolid, tal como fue concebida en su creación.

Este noble está enterrado en la catedral de Valladolid, y se sabe que medía alrededor de 2’03 metros de altura. La obra presenta 470 hojas, de una gran densidad intelectual y conceptual, con una portada a todo color de imágenes de la época. Es el único magnate de la época denominado por los diplomas como duque-dux. El libro realiza una aproximación prístina, a como se comportaban los miembros de estos antañones linajes en la Corona de León, las relaciones con el trono del primum inter pares. El conde leonés pertenece al linaje de los Banu-Gómez de Saldaña, de Carrión, etc, y sus raíces se hunden en las tierras de la Liébana leonesa, el lugar desde donde Beato de Liébana se enfrento al mozarabismo toledano ya en la época del rey de los ástures Mauregato. Asimismo se estudia su comportamiento bélico, relacionado con los fideles que le seguían, y a los que dominaba como caballeros y vasallos dependientes que eran. Las alianzas matrimoniales entre estos aristócratas de la tierra fortalecían, más si cabe, su proyección social.

Sus tentáculos de poder y medraje serán transmitidos a sus hijos, concretamente una de ellas, María, se matrimoniará con el conde Armengol V de Urgel. Su cercanía y fidelidad al emperador Alfonso VI de León serán tan estrechas que el soberano legionense se apoyará siempre en él para cualquiera de sus decisiones. Nacería hacia el año 1037, y estaría sub altare Dei un 9 de septiembre de 1118/1119. No se debe olvidar que coexiste con otro magnate, este de peor jaez, más peligroso y bastante infiel, me estoy refiriendo al conde Ruy Díaz de Vivar, el denominado Cid Campeador, quien habría nacido hacia el año 1048 y moriría en Valencia el 10 de julio de 1099. En el año 2019, como epílogo esencial de los actos conmemorativos del IX centenario de la muerte del noble leonés, el Ayuntamiento de Valladolid encargo una cantata lírica titulada ANSUR y compuesta por Ernesto Monsalve. Pedro Ansúrez se casaría con la condesa Eylo Alfonso, fallecida ésta entre los años 1110 y 1113, con la que engendró cinco hijos: Mayor casada con Alvar Fáñez de Minaya, en segundas nupcias con Martín Pérez de Tordesillas. María con Armengol V de Urgel, y madre del heredero Armengol VI. Urraca casada con Sancho Pérez en primer lugar, y tras enviudar lo haría con Lope López de Carrión. Alfonso muerte el 8 de diciembre de 1093. Fernando sería tenente de San Román de Entrepeñas.

Tras enviudar, el conde Pedro Ansúrez se volvería a casar, ahora con la condesa Elvira Sánchez, con la que no tuvo descendencia. Su dominio territorial sería, también, consecuencia de la adquisición y compra de bienes territoriales, y por su actividad repobladora reconquistatoria por el método de la presura; el monarca de León era agradecido y le concedería bienes pro bono et fidele seruitio. Asimismo se estudian pormenorizadamente el tipo de las propiedades territoriales, desde el punto de vista de ser unidades básicas o de articulación (el solar; el palatium; la domus; Monasterios e iglesias propias; la aldea). A la percepción de las rentas señoriales se le dedica el cuarto capítulo (Infurciones y censos; Nuncios y mañerías; posadas y yantar; de los monopolios señoriales; de la administración de justicia; de las sernas, etc.). Un asunto muy interesante es aquel que se refiere a la trayectoria política en el marco de las relaciones de vasallaje y de dependencia, destacando con luz propia lo que era la curia regia, y como participó en las campañas militares del Rey de León. Coexistirá su devenir vivencial con el ascenso al trono de la Reina Urraca I de León. También se analizan como eran los ejércitos o mesnadas señoriales, conformados por parientes y vasallos, y a la par por Nobiles et milites.

Asimismo se estudia el otro poder esencial en la Alta Edad Media, hasta la llegada de las Cortes de León, 1188 como Cuna del Parlamentarismo (según la Unesco), que eran los clérigos de primer rango: abades y obispos; y, como era de esperar, en un magnate de tanto rango y prosapia existían abades y clérigos al servicio de las élites familiares aristocráticas. E hizo importantes donaciones a las Catedrales de León, de Pamplona y de Huesca. En suma, mi más viva recomendación para esta biografía de este paradigmático conde de la Corona de León. Et hoc est quod Comites!

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