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10 de agosto de 2020, 2:07:33
CRÍTICAS


"Guardianas nazis. El lado femenino del mal", de Mónica G. Álvarez

Editorial EDAF.
Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez

Un documentado y muy riguroso libro sobre las torturadoras femeninas de las SS, que hasta hace muy poco espacio de tiempo habían pasado de puntillas, como criminales de guerra obvias en todo lo relativo al holocausto, tapadas por la magnitud de la maldad de sus compañeros varones. Pero aquí están varias de ellas, en este libro en el que cada una ocupa un capítulo.


Como en un porcentaje elevado de nacionalsocialistas, nunca aceptaron sus crímenes, y siempre acudieron al latiguillo incalificable de “la obediencia debida”; lo que se dejó claro en el Juicio de Nüremberg, es que no era una coartada válida o admisible. La autora defiende la tesis de que su maldad era innata, oculta, y que despertó cuando comenzaron a trabajar en los campos de exterminio.

ILSE KOCH, se encargaría de fabricar lámparas con piel humana, esposa del Comandante de Buchenwald, Karl Koch, quien sería su maestro en la crueldad. Ya en pleno espacio del tiempo del Tercer Reich sería acusada de malversación de fondos, y más si cabe porque su marido sería fusilado por ello. Sería condenada a cadena perpetua con trabajos forzados incluidos, y se suicidaría con las sábanas de su cama en la prisión de Aichbach.

IRMA GRESE, su tortura preferida era aquella de lanzar a sus perros contra las reclusas para que las devorasen. “Los prisioneros tenían que formar de a cinco. Era mi deber que lo hicieran así. Entonces, venía el doctor Mengele y hacía la selección”. Sería descrita como la peor mujer de todo Auschwitz. Nacería en una familia desestructurada. Primero estuvo como voluntaria en Ravensabrück, y tras este periodo de aprendizaje sería asignada al Konzentrationslager de Birkenau, era el año 1943. Se colige que el número de asesinados diarios era de treinta. Sería condenada a la muerte en la horca.

MARÍA MANDEL, su tortura preferida era la de las flagelaciones y patadas en el abdomen y en la cara. “Entiendo que usted sueña con una patria, pero recuerde que no hay vida para los que no se rinden”. Llamaba a sus reclusos hebreos como “mascotas judías”. Esta mujer calificada como “la bestia de Auschwitz”, era austriaca, y forma parte del tactismo de los alemanes del norte, que cargan las tintas del nazismo sobre austriacos y bávaros. Su familia procedía de zapateros y herreros. Hija benjamina mimada y consentida. Su primer novio, en su ciudad de Münzkirchen, era opositor ferviente al nazismo, por lo que ella perdería su puesto en la oficina de correos. Pero, hay que medrar y se afilia al NSDAP, llegando a Ravensbrück como supervisora en junio de 1942. Por fin estará en Auschwitz-II-Birkenbau el 7 de octubre de 1942. Sus crímenes la conducirían a la muerte en la horca el 24 de enero de 1948.

HERTA BOTHE. Sería acusada de 50 a 150 crímenes diarios; siendo su tortura preferida la de dar latigazos, golpear con un palo de madera y disparar a sangre fría. “Que quiere decir, ¿que cometí un error?, no… no estoy segura. El error fue el campo de concentración…”. Abandonaría su profesión de enfermera, para convertirse en Aufseherin en Stutthof, Ravensbrück y Bergen-Belsen. Calificada como: “despiadada, ruidosa y arrogante”. Condenada a 10 años de prisión y liberada el 22 de diciembre de 1951; se matrimoniaría y cambiaría su apellido por el de Lange.

DOROTHEA BINZ. Tortura preferida la de flagelar en el bunker de castigo. “Las prisioneros creo que prefieren el maltrato a ser privadas de su comida, o algo más”. Entrenaba a sus alumnas en lo que definiría como “un placer malévolo”. Sería ahorcada en Hamelin por incurrir en crímenes de guerra, el 2 de mayo de 1947. El 26 de agosto de 1939 comenzaría como guardiana, y luego Oberaufseherin de Ravensbrück, donde morían 300 mujeres al día por hambre, frío, trabajo y vejaciones.

HERMINE BRAUNSTEINER. Su tortura preferida sería la de propinar patadas a modo de coces y fustigar con un látigo en el rostro del reo. Sería condenada a dos cadenas perpetuas en el Tercer Juicio de Majdanek, pero puesta en libertad a los 15 años de condena. “Después de 15 o 16 años ¿Por qué molestan a la gente? Yo fui castigada lo suficiente. Estuve en la cárcel durante tres años…”. Otra nazi austriaca y, como muchas de las anteriores, procedente de una familia de clase media baja. En este caso, asimismo, los testimonios sobre el salvajismo genocida de esta mujer son apabullantes, pero el castigo recibido no será acorde a su comportamiento. Fallecería de complicaciones de su diabetes.

JUANA BORMANN. Esta mujer sería ahorcada en Hamelín el 13 de diciembre de 1945. Disfrutaba dando puñetazos, golpeando con una porra de goma, y adiestraba a los perros para que devorasen a las víctimas de sus agresiones. “Cuando no obedecían las órdenes, entonces les golpeaba en la cara o les daba un bofetón en sus orejas, pero nunca que les saltasen los dientes”. Siempre tuvo un importante problema de autoestima. “Yo tengo mis sentimientos”.

La II parte de este estupendo libro se refiere a doce mujeres calificadas como “apóstoles del Reich”: Hildegard Neumann (en libertad); Gerda Steinhoff (ahorcada); Hildegard Lächert (en libertad); Ruth Closius Neudeck (ahorcada); Herta Ehlert (en libertad); Luise Danz (en libertad); Ewa Paradies (ahorcada); Ruth Elfriede Hildner (ahorcada); Irene Haschke (en libertad); Alicia Orlowski (en libertad); Ilse Lothe (en libertad); Therese Brandl (ahorcada). Todas estas mujeres utilizaron la violencia criminal para destruir a las presas, y minar su moral. Ya dijo Churchill: “Si Hitler hubiera invadido el infierno, yo habría hecho una alusión favorable al demonio en los Comunes”. Un libro sobresaliente. Totus aut nihil!

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