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23 de septiembre de 2020, 19:07:02
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Por primera vez se edita en España "Un retrato en la geografía", de Arturo Úslar Pietri, sobre el cambio que supuso para Venezuela las explotaciones petrolíferas

Por Francisco Jiménez de Cisneros

Un retrato en la geografía iba a ser la entrega inicial de la trilogía El laberinto de Fortuna, reducida luego por Arturo Úslar Pietri a un binomio tras la publicación de la definitiva Estación de máscaras, donde vuelve a reflejar la sociedad venezolana una década más tarde.


¿Qué ocurre cuando un dictador muere? Que se desata un torbellino de intereses para apoderarse del vacío de poder. Sobre este resbaladizo escenario se constituye la trama de Un retrato en la geografía, con el acicate de una sociedad que se ha descubierto rica de pronto con las explotaciones petrolíferas.

Por tanto, Un retrato en la geografía es, ante todo, un daguerrotipo sobre cualquier cambio de régimen y sus característicos actores, alentados unos por la codicia y el poder, y los otros, por la promulgación e implantación de las libertades públicas secuestradas por el régimen recién periclitado. Ambos grupos entrarán en conflicto, y esta novela recoge ese conflicto tan universal.

Arturo Úslar Pietri nació en Caracas, en 1906, donde morirá en 2001. Como descendiente de un edecán de Simón Bolívar y de dos presidentes de Venezuela, se crio en un ambiente de honda impronta política, que se verá plasmada en la multitud de cargos que ocupó: tres veces ministro, secretario de la presidencia de la República, diputado y senador, y hasta candidato a la presidencia de la República, en 1963.

Pero no es menor su importancia literaria, que se remonta a 1928, cuando apareció la revista Válvula, donde publicó el editorial «Somos» y el artículo «Forma y Vanguardia», considerados como las directrices del movimiento vanguardista venezolano. Al año siguiente marcha a París, para ser el agregado civil en la Embajada. Durante su lustro parisino (1929-1934) trabará su amistad con Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier y frecuentará a Paul Valéry, a Robert Desnos, a André Breton… Lo que determinará su creación literaria. Cabe solo añadir que acuñó el término «realismo mágico», en su ensayo Letras y hombres en Venezuela (1948).

Su obra literaria aborda todos los géneros, en especial el ensayo periodístico, donde es copiosa, pero a la que se añaden siete novelas; la primera y más conocida es Las lanzas coloradas (1931), pero no conviene olvidar el resto, ahora reeditadas por Drácena: El camino de El Dorado, Un retrato en la geografía, Estación de máscaras, Oficio de difuntos, La isla de Róbinson y La visita en el tiempo, más sus nueve recopilaciones de cuentos. Entre los múltiples reconocimientos, destaca el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que se le concedió en 1990.

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