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6 de agosto de 2020, 3:58:27
ENTREVISTAS


Entrevista a Carlos Villar Flor: “Graham Greene tenía como prioridad conocer la España postfranquista e informar a sus contactos en el MI6”

Autor de “Viajes con mi cura”
Por Javier Velasco Oliaga

Viajes con mi cura: Las andanzas de Graham Greene por España y Portugal” (Comares/U.R.), es la última obra publicada por el profesor e investigador de la Universidad de La Rioja Carlos Villar Flor. El libro surge del hábito que tenía el escritor británico de pasar sus vacaciones en España durante los años setenta y ochenta. En dichos viajes iba acompañado por el sacerdote Leopoldo Durán que llegó a publicar una obra sobre sus experiencias con el escritor inglés.


Fruto de sus numerosos viajes, Graham Greene escribió una de sus novelas más emblemáticas “Monseñor Quijote”, aunque ya anteriormente había situado algunas de sus tramas en nuestro país. Carlos Villar Flor ha estudiado profundamente tanto la obra de Greene como la del sacerdote Durán para confecionar un riguroso libro, que ha tardado siete años en escribir, que narra las andanzas de uno de los escritores de libros de espionaje más importantes del mundo.

¿Cómo surge la idea de escribir un libro sobre los viajes de Graham Greene por España?

Soy aficionado a Greene desde hace muchos años, y desde 2000 empecé a asistir a un encuentro anual organizado en su localidad natal, Berkhamsted. Allí contacté con muchos estudiosos de Greene, y a partir de 2010 aproximadamente empecé a contemplar la posibilidad de llenar una gran laguna que existía en su biografía, a saber, su conexión con España, y en especial la importancia de los viajes que realizó entre 1976 y 1989. Para este proyecto conté con la ayuda inestimable del mayor entusiasta greenano español que conozco, el Dr. Ramón Rami Porta, quien me facilitó información sobre el paradero de los documentos de Leopoldo Durán, una fuente imprescindible para reconstruir estos viajes. Han sido unos siete años de investigación, que me han llevado a bibliotecas especializadas (Georgetown, Boston, Oxford o Londres), y a entrevistarme con varios testigos del paso de Greene por España.

Hace unos años, el cura Leopoldo Durán escribió unas memorias sobre esos viajes. ¿Qué la pareció el libro y cómo lo calificaría?

Durán empezó a escribir el libro de sus recuerdos, Graham Greene: Amigo y hermano, poco después de la muerte del autor en 1991, y lo publicó en inglés en 1994 (en español en 1996). El libro es interesante y entrañable, pero no es un retrato objetivo de Greene, sino el de un amigo que le apreciaba mucho. Tampoco ofrece un registro detallado de los viajes, e incurre en varias inexactitudes. Por eso mantengo que hasta ahora existía una laguna notable en la biografía del novelista. Para documentar la “conexión española”, los biógrafos de Greene se han limitado a reproducir los testimonios de Durán, pero no han podido o querido hacer sus propias investigaciones. Y había numerosas omisiones.

¿Conoce cómo surgió la amistad entre el sacerdote Durán y el escritor católico Graham Greene?

Durán era un teólogo que en un momento dado de su vida decidió dar un giro hacia lo literario, y emprendió estudios civiles en la Complutense. Primero como tesis de licenciatura, luego como tesis doctoral, se centró en aspectos teológicos de las novelas de Greene, aunando así sus dos intereses. En 1964, aún como alumno de licenciatura, se “lanzó al ruedo” y escribió una carta al autor para darse a conocer, con la excusa de pedirle consejo sobre su propia obra. Empezó así una relación epistolar que se mantuvo más bien unilateral hasta agosto de 1975, cuando Durán consiguió por fin que su ídolo le recibiese para almorzar en el Ritz de Londres. Ese fue el primer contacto personal, pero hasta el verano siguiente, cuando viajaron juntos por primera vez por la mitad norte de España, no podemos hablar propiamente de amistad, que llegó a ser muy fuerte.

En concreto, ¿cuántos viajes realizaron juntos los dos amigos por España?

Quince en total, entre 1976 y 1989, la mayoría en verano. Hubo años en los que falló y otros en los que vino tres veces, como fue 1985.

¿Visitaron algunos otros lugares fuera de España?

Sí, Greene tenía una vieja amiga inglesa afincada en una casona cerca de Sintra a la que quería visitar todos los años y con la que se alojaba cuatro o cinco días. Por su frecuencia y naturaleza estas visitas se me antojan un tanto enigmáticas, y son un motivo añadido que me da pie para especular sobre la dimensión de Greene como colaborador con el Servicio Secreto británico.

Anteriormente, ¿visitó España en alguna ocasión?

Según Durán, antes de la serie de viajes por España incoada en 1976 el escritor había visitado nuestro país en tres ocasiones: una breve con dieciséis años, en la que solo pasó un día entre Vigo y La Coruña; otra con cuarenta y cinco, a instancias de Tom Burns, amigo, editor, y también implicado en actividades de espionaje en España; y una tercera que podría haber sido a finales de los años cincuenta, en la que pasó por Córdoba y Sevilla, entre otros lugares. Otros testimonios añaden una visita más, pero no hay muchos detalles de ninguna de estas.

¿Alguno de esos viajes tuvo relación con el mundo del espionaje?

La hipótesis que defiendo en mi libro es que la primera visita de Greene con Durán, la de 1976, tenía como prioridad conocer la España postfranquista e informar a sus contactos en el MI6. En especial le interesaba conocer el estado del País Vasco, pues la inteligencia británica estaba convencida de que ETA tenía vínculos con los grupos armados pro-republicanos en Irlanda del Norte en los 70. Con todo, es posible que a partir de 1977 cambiaran sus prioridades y pasara a un primer lugar la inspiración novelesca que le sobrevino para escribir un homenaje al Quijote con su amigo como protagonista. O, al menos, un personaje parecido.

¿Qué le atraía a Greene de España?

Es interesante considerar que la segunda novela que escribió el joven Greene, jamás publicada, era de tema español en el trasfondo de las guerras carlistas. Luego la tercera publicada, Rumor a medianoche, retomó este contexto. Greene admitió que, aunque entonces apenas sabía nada de España salvo lo que había leído en una biografía de John Sterling, el país le pareció fascinante. Tenía, pues, una visión típicamente inglesa de España como un país romántico, apasionado, algo primitivo. Además, para Greene había una gran continuidad entre España e Hispanoamérica, y un vistazo a su obra confirma que la gran mayoría de obras ambientadas fuera de Inglaterra se emplazan en algún país de habla hispana.

Respecto a lo que más le atrajo en el periodo objeto de mi estudio, se da una conjunción de varios factores: conocer la España de la Transición e informar sobre ella; la inspiración para escribir una novela que reflejara temas que le preocupaban, como el diálogo entre cristianismo y marxismo; la amistad con Durán; el mero descanso como un invitado de un excelente anfitrión; el disfrute del paisaje, el vino, las gentes, etc.

¿Cuáles fueron los lugares que más visitaron juntos?

Para no ser muy exhaustivo remitiré al libro, que detalla los itinerarios de cada uno de los quince viajes día a día. Como resumen diré que solían partir de Madrid, donde vivía Durán, y se movían por la mitad norte de España, sobre todo por tierras de Castilla-León, Extremadura, Castilla-La Mancha, y en especial Galicia, además de los días en Sintra, que servía de base para visitar el sur de Portugal.

“A Greene le gustaba visitar Salamanca, por todas las reminiscencias de su autor español favorito, Miguel de Unamuno”

¿Tenía Greene algún sitio preferido?

Varios, pero yo destacaría la ciudad de Salamanca, con todas las reminiscencias de su autor español favorito, Miguel de Unamuno, y el monasterio de Oseira en Orense, donde encontraba una paz inusitada.

En algunas de sus novelas como El agente confidencial (1939) aparecía España, pero no sería hasta la aparición de Monseñor Quijote donde la presencia del país se hace más notoria. ¿Esos viajes fueron fundamentales para la creación de la novela?

Sin duda. Los viajes entre 1976 y 1981 fueron fundamentales para la génesis de esta novela, que con el tiempo pasó a ser su favorita. En mi libro detallo las fuentes de inspiración y cómo Greene fue progresivamente añadiendo elementos a lo que en principio pretendía ser una broma cariñosa, una especie de caricatura novelística de su nuevo amigo Leopoldo Durán, un sacerdote atípico.

Greene tenía algunos rasgos quijotescos, como su prontitud para meterse en líos si pensaba que la causa valía la pena

¿Se consideraba el escritor británico parecido a nuestro don Quijote?

Greene tenía algunos rasgos quijotescos, como su prontitud para meterse en líos si pensaba que la causa valía la pena. Por ejemplo, al final de su vida emprendió una batalla desigual contra la mafia de la Costa Azul para defender a la hija de su amante. Pero a la vez era un hombre con mucho sentido práctico y los pies en la tierra. El subtexto quijotesco de la novela, como indiqué, servía en su origen para enmarcar una caricatura amistosa de Durán, modelo para el monseñor Quijote, que en los comienzos del proceso creativo aparece como un personaje entrañable pero un tanto desatinado.

¿Ha recogido en su libro alguna anécdota original?

Sí, muchas. Una de las más destacables es el desarrollo de la Fundación Graham Greene, una propuesta de un conde gallego que quería promocionar sus vinos apoyándose en el prestigio del escritor. Durán se vio involucrado en este proyecto, pero luego se arrepintió tanto que omitió toda referencia a él en su libro de memorias.

En su opinión, ¿circunscribir a Graham Greene a la literatura de espionajes es valorarle poco?

Es una faceta más, pero no es ni la más extensa de su obra ni la que mejor define sus logros. Para mí, uno de sus mayores méritos es haber dado profundidad humana y metafísica a los thrillers, al tiempo que ha sido capaz de escribir novelas metafísicas entretenidas y con su punto de aventura.

¿Se mereció el Premio Nobel de Literatura?

No sé si soy quién para juzgar esto, pero considerando alguno de los galardonados hasta la fecha, supongo que sí. Pero tuvo un enemigo muy influyente en el jurado, Arthur Lundkvist, que le dejó claro que nunca lo recibiría. Mediaba un asunto amoroso.

Para finalizar, ¿qué libros Graham Greene están entre sus favoritos?

El poder y la gloria, El cónsul honorario, El americano tranquilo… Y, por supuesto, Monseñor Quijote, aunque sea por deformación profesional, después de dedicarle siete años al estudio de su génesis.

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