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10 de agosto de 2020, 17:43:59
ENTREVISTAS


Juan Laborda Barceló: “El tiempo es un motor universal, un pliegue cuántico que nos fascina”

Autor de “Y entonces volaron”
Por Javier Velasco Oliaga

Con “Y entonces volaron”, el escritor madrileño Juan Laborda Barceló da un giro radical a su narrativa. En esta ocasión, se adentra por el camino de la autoficción y hace un repaso muy meditado de su infancia, adolescencia y sus primeros pasos por el mundo de los adultos. Muchas de sus obsesiones, como la cinematografía o la historia familiar están presentes en su nueva novela, que ha coincidido su edición con la época del coronavirus.


Su prosa se ha vuelto más lírica y contenida, e incluso más breve; para ir a la esencia de lo que quiere contar sin recovecos ni sinuosidades. Se nota en él un proceso de maduración que ha pasado por diferentes vicisitudes literarias que le han formado como escritor. En la entrevista, nos da Juan Laborda algunas de las claves de su novela y nos cuenta algunas de sus obsesiones, tanto de la vida como de la literatura.

Y entonces volaron supone un cambio de rumbo en su narrativa. ¿Por qué decidió adentrarse en el mundo de la autoficción?

Lo cierto es que en un primer momento no fue una decisión consciente. Tiendo a escribir sobre las obsesiones que se niegan a abandonarme y, en este caso, fue así. Necesitaba destilar miserias y virtudes de mi pasado y de mi presente. Por eso empecé a escribir Y entonces volaron como un relato fragmentario, pero pronto descubrí que el texto sabía más que yo mismo de esta historia y fue cuando logré dotarlo de una estructura.

¿Qué escritores de este género le interesan más?

La lista sería larga, pero trataré de ser conciso. No podemos dejar de citar al precursor Emmanuelle Carrère, como inicio de una cadena que llega hasta, por ejemplo, Theodor Kallifatides. Entre los autores españoles hay un buen número, y no quiero citar solo al excelente ejercicio de introspección y relato del andamiaje de una novela de Miguel Ángel Hernández en El dolor de los demás (o más adelante en su Aquí y ahora. Diarios de escritura, publicados por Fórcola Ediciones). Me estoy refiriendo también a Jorge Ordaz y su injustamente poco conocido El mapa y la mariposa o a Xosé Fortes, quien en A rienda suelta dibuja su mapa emocional. En esta misma línea de auto narrarse destaca el maestro Manuel Vicent, muy especialmente en Verás el cielo abierto.

¿Cuándo y cómo decidió escribir "Y entonces volaron"?

Tras hacerme consciente de las obsesiones que llevaba tiempo cultivando y plasmando negro sobre blanco. Curiosamente, ocurrió en la atalaya abierta al cielo que hay frente a mí antigua facultad. Esta obra comenzó a escribirse, por lo tanto, mucho antes de que yo la considerase una novela. Cada vez que me abandonaba a mis melancolías no exentas de esperanza, ya estaba sembrando estas letras.

¿Podríamos decir que estamos ante una novela o ante unas memorias fragmentarias?

Es ambas cosas, pero muy especialmente una novela. La razón es muy sencilla: ese profesor que se pierde en sus recuerdos podría ser yo, pero a la vez claramente no lo soy. He tomado una cierta distancia con él y, en realidad, tiene tanto de personaje ficcional como trazas reales.

Los capítulos de la novela saltan del presente al pasado en muchas y diferentes épocas. ¿Por qué utilizó esta estrategia narrativa?

Los saltos en el tiempo pueden parecer caprichosos, pero eran la metáfora perfecta de lo aleatorio de nuestros recuerdos, pues estos nos asaltan desde el catálogo infinito que es la memoria en el momento más insospechado. Por otra parte, lo que dota de estructura a la narración son las reiteraciones temáticas o tautologías. Es decir, los asuntos que se tratan son variados, pero algunos resultan recurrentes, como un pensamiento obsesivo.

¿Qué significa el tiempo para usted?

El tiempo es un motor universal, un pliegue cuántico que nos fascina, el origen de todas mis narraciones, la puerta abierta al recuerdo, a las miserias y a la esperanza.

¿Se está lamiendo sus heridas con este libro o es un ajuste de cuentas personal?

Hay un poco de ambas cuestiones, sin duda. No conviene olvidar el poder taumatúrgico y sanador que tiene la literatura. Lanzar estos recuerdos fuera de uno mismo tiene mucho de abrirse en canal, pero también de ficcionalización de la realidad.

Por otro lado, conviene recordar aquella máxima de la literatura del exilio: "Contra Franco se escribía mejor". Contra otro, en el sentido menos beligerante del término, y más si es uno mismo, también se escribe mejor.

O ¿se está contando a sí mismo para entenderse mejor?

Desde luego, me estoy narrando a mí mismo para seguir buceando hacia dentro y hacia fuera, también, sin duda, para seguir navegando en la alteridad. Cuando el visitante al oráculo de Delfos cruzaba la entrada podía leer aquel famoso “Conócete a ti mismo” sobre su cabeza. El arte ha venido a sustituir a la manipulación de las vísceras de las aves como elemento de introspección y augurio.

“En las palabras, en su trazado, musicalidad y génesis es donde anida una mayor verdad”

¿Dónde avivan más la verdad, en la ficción o en las memorias?

Esta pregunta me gustaría contestarla con Heidegger: “las palabras son a menudo en la historia más poderosas que las cosas y los hechos”. En las palabras, en su trazado, musicalidad y génesis es donde anida una mayor verdad, pero las palabras son pura entelequia, pura ficción. Mi modo de verlo es el principio borgiano de que, independientemente de la narración, la fidelidad a los hechos o al pasado, donde conceptualmente hay más verdad es en la ficción.
En el libro señala que “la verdad y el recuerdo casan muy mal”. ¿Ha fantaseado en Y entonces volaron o se ha ceñido a ese recuerdo?

Yo diría que ganan la fantasía y la ficción en el peso global de la novela. El espíritu es cierto, los hechos no. Es más, al narrar cualquier recuerdo, lo dotamos inevitablemente de un sesgo ficcional inherente. Esa es, en definitiva, el alma de un relato. No hay, al menos en este escurridizo mundo de la memoria, objetividad posible.

En el libro hay muchas referencias al cine. Como cinéfilo, ¿qué ha significado el Séptimo Arte para usted?

El cine es, por decirlo con Garci, una vida de repuesto. Comparto esa sugerente idea de dudar sobre cuál es la realidad, la fílmica o la extra cinematográfica. El cine es pura evocación y misterio. El cine es un enganche a la vida y, lo que es más importante, a los sueños.

El cine es un enganche a la vida y a los sueños

Esos cine fórums que organiza en poblaciones pequeñas, ¿son consecuencia de aquellas misiones pedagógicas del tiempo de la República?

Claro, el espíritu de Val del Omar y de los misioneros que llevaron el cine, las ciencias y las letras a los rincones más pobres y apartados de una España que hoy ya no existe, está muy presente en esos personajes de mi novela que se deciden a promover la magia del cine por el desierto rural que es hoy la piel de toro.

Su novela, ¿podría hacerse una adaptación en blanco y negro o hay más color que sombras?

A pesar de ser un gran amante del cine clásico, creo que, en este caso, los arreboles del atardecer, tan presentes en el horizonte de la novela exigen un buen tecnicolor.

Otro tema que parece que le interesa mucho es la historia mínima familiar. ¿Cómo dio con el tema de los maquis en las propiedades de su familia?

La figura del maquis me fascinó desde que descubrí el encanto irresistible de los derrotados, luego los estudié desde una perspectiva histórica, pero desde niño escuché hablar de ellos en relatos varios. Los agujeros de bala de un lugar querido por mí son el hecho histórico innegable, todo lo demás, como en la teoría del iceberg es pura ficción.

¿Lo investigó posteriormente?

Sí, la intrahistora familiar es una obsesión más, aunque conviene recordar que la curiosidad casi nunca lleva a descubrir lo que deseamos. Apartar el anhelo del camino es lo complicado en estos casos.

¿Es Y entonces volaron su novela más personal?

En gran parte sí, pues alberga ciertos elementos cercanos a mi biografía, pero del mismo modo no lo es. En mis novelas he arriesgado siempre todo lo que he sido capaz en ese momento, he destilado temores y amarguras. Me he volcado. Otra cuestión es que los códigos o significados no hayan sido tan claros como ahora.

¿Va a seguir por este camino o ya ha contado sus recuerdos más interesantes?

Me gusta pensar que cada obra es un universo nuevo. Creo que evitar que te coloquen en un género o estilo concreto es, en contra de lo que pudiera parecer en estos tiempos, una virtud. Evidentemente, en mis obras hay temas recurrentes, pero también me gusta crecer. El hecho de que no te puedan catalogar resulta bastante gratificante. No creo que abandone nunca está senda de la memoria, pero mi siguiente ficción será bien diferente, aunque el paso del tiempo, las búsquedas personales y el cine estarán muy presentes.

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