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29 de septiembre de 2020, 10:46:35
ENTREVISTAS


Entrevista a Elba Pedrosa: “La literatura es una fuente infinita de aprendizaje, también una burbuja sanadora para escapar del mundo”

Autora de "Lo que no sabías" (Carena / Xerais)
Por Javier Velasco Oliaga

Elba Pedrosa es una escritora canaria radicada en la brumosa Galicia, todo lo contrario que su tierra de origen, después de haber estudiado en Madrid. Su novela “Lo que no sabías” ha sido escrita en castellano y gallego prácticamente a la vez. En tierras gallegas, trabaja tanto de actriz como de trainer de Creatividad y Oratoria en diversas instituciones.


Lo que no sabías” es una novela intimista, narrada a dos voces, de madre e hijo, donde la voz femenina cobra una fuerza especial. Muestra la autora en su obra la Galicia rural y los problemas de la emigración, algo muy común en los años del desarrollismo. En la entrevista, Elba, nos da muchas claves de lo que nos podremos encontrar en las páginas de su nueva novela y nos cuenta algún que otros secretillo.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Lo que no sabías

Surgió en uno de esos momentos de la vida en los que las mujeres, de manera injusta y arcaica, tenemos que elegir entre dos alternativas: ser madre o ser profesional. Opté por la primera opción, sin renunciar del todo a mis pasiones, y después de la tormenta, de mucha lucha conmigo misma y el mundo, nació una hija -la tercera- y un libro.

¿Cuál ha sido el proceso de publicar una novela en dos idiomas simultáneamente?

La escritura fue simultánea en ambas lenguas, y muy temperamental; unas veces escuchaba una voz pulcra y más determinada en castellano, y otras me susurraba una melodía brumosa en gallego. Estas voces, también condicionaron la trama en varias ocasiones, sin duda. Creo que el proceso de escritura, aunque me ha resultado muy laborioso, ha enriquecido el resultado. La publicación también se ha producido al mismo tiempo, las dos editoriales se coordinaron para el lanzamiento. Cada versión de la novela ofrecer una visión peculiar a los lectores, es una circunstancia que aporta a la lectura, así lo creo.

¿Algún recuerdo suyo de la infancia lo ha utilizado en la novela?

Varios, sí, recuerdo escuchar de niña con mucha curiosidad y admiración los relatos de esos familiares que volvían en verano de Argentina, a casa de mi abuela en Vigo. Hacía como si no les escuchara, pero se fueron almacenando muchas anécdotas en mí memoria. Historias de mis antepasados sobre su juventud, el misterio que rodeaba a algunos de ellos, y que no conseguía descifrar. También las vivencias de mi infancia en algunos de los lugares donde transcurre la novela.

Rober lee libros de los Cinco y de Celia a Sandra y su familia. ¿Fueron las lecturas de su infancia?

Sí. No soportaba leer los libros que me exigían en el colegio. Me resultaban tediosos para mi edad, no los comprendía, odié a casi todos los autores consagrados. Creo que las lecturas en edad escolar, deberían de ser mucho más libres, más personalizadas, adaptadas; esta carencia de flexibilidad entorpece mucho que amemos leer cuando somos adultos. En mi caso, tuve la suerte de descubrir una biblioteca y una bibliotecaria maravillosa, en el puerto de Vigo, donde me refugiaba muchas tardes lluviosas a leer. Era bastante mayorcita ya, y seguía con Georgina y con Celia. Me metí de lleno en su mundo porque lo comprendía. Estos libros me salvaron algunas secuelas de la escuela.

Además, escoger una librería como negocio de Marisa denota el gusto por la literatura. ¿Qué significa para usted?

Para mí la literatura es una fuente infinita de aprendizaje, también una burbuja sanadora para escapar del mundo. Soy una hiperactiva del aprendizaje, necesito llenarme continuamente de ideas, de intereses, de nuevas perspectivas. Una vez, leí que cuando perdemos esa pasión por aprender, empezamos a envejecer, de algún modo. Yo no quiero envejecer, así que la literatura ocupa un lugar fundamental en mi vida.

¿Clasificaría su novela dentro del género intimista?

Intimista y contemporánea, narra una historia familiar en Galicia, pero mi propósito último es remover conciencias y conectar con las personas. Ambas cosas se consiguen mejor a través de las emociones y de la intimidad. Hay también mucho de amor, de mujer y feminismo en esta historia, de situaciones sociales que resultan incluso de máxima actualidad.

La narración de la novela tiene dos voces en primera persona. Roberto es el principal narrador. ¿Por qué ha dado preeminencia a la voz infantil del protagonista?

Roberto narra la historia y permite dar entrada, a través de sus recuerdos de infancia y adolescencia, a la voz de su madre, que también es imprescindible para comprender su sentido de vida. La voz de Roberto -de esas edades concretas, favorece en su recorrido la contextualización, profundizar en las mentes de los personajes, en las costumbres sociales, de un modo cercano y cálido para el lector.

La voz de Marisa se lleva a cabo a través de las cartas que manda a su primo Celso. ¿Por qué ha utilizado este recurso ahora que las cartas de correo son casi historia?

Las cartas en primera persona de Marisa, escritas desde el silencio de una mujer, eran el vehículo idóneo para liberarla por completo de los elementos externos que la condicionan, y así poder sentirla en intimidad, comprender con claridad su mensaje. Por otra parte, como herramienta, este formato aporta un ritmo diferente para romper y provocar, para conducir al lector por otros caminos que no le permitan dormir con facilidad. Por este motivo, tampoco siguen un orden rígido en el libro. Aparecen bajo demanda de ella.

“La época me daba juego para hablar de mujer y libertad, y dejar preguntas en el aire para todos”

En la novela, hace un retrato de la Galicia rural de los años sesenta. ¿Qué la impulsó a escoger esta época?

E incluso antes, años 40 y 50, también están recreados en parte. Tanto el contexto histórico, como social alrededor de esos años, me permitían desnudar mejor a los personajes, mostrar su psicología y procesos mentales, sus costumbres; también por proximidad conmigo en cuanto a mis vivencias. Además, la época me daba juego para hablar de mujer y libertad, y dejar preguntas en el aire para todos.

También hay cierta crítica social a dicha época, convenciones sociales, mujeres embarazadas antes de casarse, etc. Visto desde la actualidad, ¿se siguen manteniendo en las zonas rurales esas convecciones?

A eso me refería anteriormente con que “la época me daba juego”. No estamos libres todavía de muchos prejuicios sociales relacionados con el género, por ejemplo. Ni mucho menos. Todavía cargamos con muchos convencionalismos que proceden no sólo de un entorno físico, como puede ser una zona rural, si no de una sociedad que todavía no ha situado a las mujeres en una posición de igualdad auténtica con los hombres; de unas escuelas que continúan condicionando futuros y mentes de estudiantes; de una cultura que sigue (seguimos) trasladando patrones machistas a través del arte; de un mercado laboral que nos desfavorece. Entre otras muchas cosas.

¿Ha cambiado mucho la vida en estos últimos cincuenta años?

Hemos progresado en algunos aspectos, porque la humanidad tiende a evolucionar, adaptarse, luchar por su bienestar. ¿Qué hubiéramos hecho durante este encierro sin el mundo digital que hemos creado? Pero también pregunto: ¿Qué hubiéramos hecho sin libros, sin cine, sin la cultura? ¿Qué estamos haciendo con la naturaleza? El cambio es bueno, porque nos hace libres, nos evoluciona. Pero el cambio ha de estar bien orientado y sustentado en valores humanos y respetuosos.

¿Sigue habiendo diferencias entre las distintas clases sociales?

Las diferencias están y estarán ahí siempre; las sociales, las de género, las de raza, las de edad, de ideología... Cada uno de nosotros somos diferentes (somos ricos) y eso no es malo. Lo que es perverso es no respetar la diferencia. Falta mucho respeto social, mucha educación en valores.

Falta mucho respeto social, mucha educación en valores

Hay cosas que no cambian como el primer amor. ¿Esos amores adolescentes cambiaran algún día?

Erich Fromm equipara amor con arte. La esencia del arte es conectar, algo que se ha mantenido a lo largo de las civilizaciones. El amor también debe mantener su esencia.

En “Lo que no sabías” se hace referencia a los secretos familiares. ¿Siguen los padres ocultando su pasado?

En alguna medida, sí. Los padres queremos dar un buen ejemplo a los hijos, y el aprendizaje tiene mucho que ver con el error, con equivocarse. Es muy humano tratar de ocultar aquello que no nos engrandece, que nos hace parecer frágiles, o perdedores. Distorsionamos los intentos fallidos para que todo parezca perfecto. No es fácil ser madre, o padre, todavía falta ese folleto con las instrucciones, pero creo que hemos evolucionado favorablemente en la relación con nuestros hijos, y que la comunicación ha ganado mucho terreno.

¿Y los adolescentes ocultan sus sentimientos?

La juventud de hoy en día, tiene una coraza que le permite mostrarse abierta, estupenda, muy sociable. El problema está en que la vida real, al final, sigue siendo como era antes: hay que dar la cara, enfrentarse a las situaciones sin esas estupendas máscaras protectoras virtuales. Y ahí surge su conflicto: la carencia de entrenamiento emocional. Esto es grave.

El tema de la emigración está muy presente. ¿Siguen siendo los gallegos un pueblo de emigrantes y marinos?

La emigración, en el mundo actual, es ya un fenómeno universal. Es cierto que en los S.XIX y XX, muchos gallegos tuvieron que partir, especialmente hacia América, para poder acceder a un puesto de trabajo y sobrevivir. El mar, del que hablo en “Lo que no sabías”, era otra opción, otra oportunidad, y muchos otros se embarcaron o se dedicaron al mar. Estas experiencias vitales marcan durante años, siglos, a las sociedades, se transmiten de generación en generación. Se entretejen estructuras familiares, económicas, sociales, que todavía se mantienen. Pero la emigración continúa dándose en todo el mundo, por mismos o distintos motivos. Siempre hemos sido trashumantes.

¿Cuál sería la moraleja de su novela?

Todos necesitamos encontrar una explicación auténtica, un sentido de vida que nos permita liberarnos del dolor con el que llegamos al mundo.

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