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12 de julio de 2020, 18:58:41
CRÍTICAS


"Valladolid en la Edad Media. Génesis de un poder (I)", de Adeline Rucquoi

EDITORIAL: JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN
Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez

Estamos ante el primer volumen de una obra dedicada a la ciudad de Valladolid, y lo que representó en la historia medieval de los Reinos de Lleón y de Castiella. La medievalista francófona, nacida en Bruselas, es una auténtica seguidora del castellanismo más militante.


Lo fácil es borrar a León de la faz de la tierra, y seguir con los tópicos míticos anhistóricos de la Corona de Castilla y similares. Es innegable que la ciudad pucelana estuvo, como urbe castellana que era, en el bando de los comuneros de León (Guzmanes, Acuña y Maldonado) y de Castilla. Será en 1596 cuando Valladolid reciba el derecho y el título de ciudad, al recibir universidad y obispado. La ciudad leonesa fundada por el conde leonés Pedro Ansúrez, en el momento histórico de Alfonso VI de León, seguirá paulatinamente creciendo hasta llegar al momento histórico de 1248 en que el rey Fernando III de León y de Castilla toma Sevilla. Cuando se conquiste, en el año 1492, Granada por los Reyes Católicos, se llegará casi al máximo; faltaba Portugal; de la extensión geográfica de los Reinos de León y de Castilla y de Aragón.

La obra se abre con el capítulo dedicado a la GÉNESIS DEL SISTEMA URBANO (MEDIADOS DEL SIGLO XI-MEDIADOS DEL SIGLO XIII). No existen villas de Castilla en el siglo XI, ya que son territorios de villas, aldeas y pequeñas ciudades del Reino de León como entidad globalizadora superior. Se indica que Valladolid pueda provenir de vallis oletum/vales oliti o el valle de los olivos. Las últimas investigaciones filológicas se refieren al vocablo celta vallis toletum o valle de las aguas. En el año 1645 Gil González Dávila escribía que: “tiene Valladolid su asiento en lo más dichoso y fértil del poderoso Reyno de Castilla, en la ribera y corriente del río Pisuerga, famoso por el caudal de sus aguas y abundancia de su pesca”. En 939 se produce la victoria más importante sobre el Islam, por medio de las tropas del rey Ramiro II el Grande de León. En 1085, otro rey de León, Alfonso VI, conquistará Toledo y la línea de frontera ya estará en el Tajo. La villa pucelana se halla, ya, a mitad de camino entre la capital imperial legionense y la de los visigodos. A partir de ese momento, Valladolid será la frontera entre los Reinos de Lleón y de Castiella.

La villa del Esgueva es territorio de vacceos prerromanos, pueblo de cultura celta, y creadores del comunitarismo social. A finales del siglo IX y albores del X los mozárabes llegan al Regnum Imperium Legionensis, trayendo su cultura, sus tradiciones y su inteligencia preclara; de ello se puede deducir lo relativo al topónimo de Valle de Olid o vallis Olidi. Será sobre esa estructura donde el conde leonés Pedro Ansúrez cree las fundaciones pucelanas originarias. En el siglo XII asientan extramuros nuevos grupos poblacionales, uno de ellos son los hebreos y otro los moros, ambos llegarán a tener propiedades. Hasta tal punto está documentada su presencia, que en el año 1177 el rey Alfonso VIII de Castilla, el de Navas de Tolosa, concede un privilegio a la iglesia-colegiata de Santa María en la que ordena que a ambos grupos religiosos se les cobre el diezmo del abad sobre sus bienes raíces, igual que a los cristianos.

En el siglo XIII, los judíos estarán en el cenit de su devenir vivencial económico y demográfico. Será en el siglo XII cuando lleguen por el Camino de Santiago un nuevo grupo étnico, muy vinculado ya al Reyno de León y a su dinastía pamplonesa-borgoñona desde Fernando I de León, y que son los francos o borgoñones o loreneses, quienes serán el centro del comercio pucelano; y por supuesto que no llegan a Castilla, territorio perteneciente a León; también aparecen catalanes de Urgel vinculados a la Corona de León. La propia autora deja bien claro, aunque de forma inconsciente, a que pertenecía Valladolid, ¡Y ES A LEÓN!, ya que refiere la existencia de un grupo de pobladores que se autodefinen como “castellanos”, y sería una psicopatía esa reafirmación si ese territorio fuese Castiella.

La separación necesaria entre Lleón y Castiella, conllevó que los lugareños se dirigiesen a las ciudades, donde la defensa frente a posibles aceifas del Islam era más correcta. Lo que antecede se explica al existir ya trece parroquias en la ciudad en 1250. Paul Claval indica que: “La ocupación de un territorio definido por una cerca y la creación de arrabales al pie del núcleo primitivo corresponden a una necesidad de profundización y diversificación de la vida social, a la preocupación de alcanzar intercambios y relaciones más variadas”. A mediados del siglo XIII, el alcázar real domina la urbe, pero el monarca tiene su nuevo palacio cerca de la iglesia de la Magdalena, rodeado por las residencias de sus funcionarios, “las casas del Rey”; lo que es obvio cuando la reina de León María de Molina, regia-esposa del rey Sancho IV de León y de Castilla, se dirige al recaudador de sus rentas y le indica prístinamente “el mio alcaçar de Valladolit”.

Terminaré este primer acercamiento a esta estupenda, y documentada obra dúplice sobre Valladolid, indicando que la vida social de confraternización medieval se realizaba en las plazas, que solían estar alrededor o delante de las iglesias parroquiales, y en la proximidad de los cementerios. Algunas de estas plazas cumplen el rol específico de acoger el mercado cotidiano. Ya en 1095, la ciudad poseía un mercado, concesión regia del rey Alfonso VI de León; pero las rentas iban todo o en parte al peculio del conde Pedro Ansúrez, aunque este donaría la mitad de las ganancias a la abadía de Santa María. Estas pinceladas están dadas con todo interés. Totus aut nihil!

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