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12 de julio de 2020, 19:41:43
CRÍTICAS


“Ni locas, ni tontas”, de María Pérez Herrero

Por Javier Velasco Oliaga

Cuando invitaron las socias del Lyceum Club de Madrid al escritor Jacinto Benavente a dar una conferencia en sus salones, éste se excusó diciendo que “yo no puedo hablar a tontas y a locas”, frase con doble sentido del ganador del premio Nobel de Literatura de Literatura de 1922. O bien quería decir que se tenía que preparar su intervención o que no quería hablar ni a tontas ni a locas –las socias del club-. María Pérez Herrero titula precisamente al contrario su libro “Ni locas, ni tontas”, donde narra la historia del Lyceum Club que fue un lugar de encuentro de las mejores pensadores y profesionales españolas del siglo XX.


Cuando se inauguró en Madrid el Lyceum Club en 1926, las mujeres tenían sus derechos fundamentales bastante cercenados. No podían votar ni podían hacer casi ninguna gestión, o bien bancaria o administrativa, sin el consentimiento del marido. Afortunadamente, un puñado de intrépidas mujeres comenzaron a asistir a las aulas de la universidad. Casi todas pertenecieron a dicho club.

De ahí, que la creación del Lyceum Club fuese necesaria como lugar de encuentro de unas pioneras en el ámbito de la cultura, la educación, las artes, el derecho y la medicina. La principal promotora, y primera presidenta, fue María de Maeztu. Impulsora y directora de la Residencia de Señoritas, que surgió al calor de la Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes. En torno a ella se juntaron mujeres de una valía extrema como Clara de Campoamor, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Carmen Baroja, María Lejárraga, Ernestina de Champourcin, Matilde Huici o Maruja Mallo, entre otras.

La novela de María Pérez Herrero es, en cierta forma, la historia del club, pero va más allá. Si se hubiese quedado en eso, hubiese sido una obra demasiado académica e incluso aburrida. La autora no ha querido que fuese así, para ello ha urdido una trama bien elaborada, donde la joven Caridad, asistente de dicho club, nos va mostrando la vida cotidiana del mismo desde su perspectiva de mujer del pueblo, sin estudios ni preparación hasta que pisa los salones del club. Además, hay una historia de amor con un joven periodista de provincias, dedicado a las crónicas deportivas, recientemente llegado a la gran ciudad, el punto Eusebio Martínez.

María Pérez Herrero se mueve con soltura entre la novela costumbrista y social

La novela nos va mostrando las diferencias de clase que había en esos años, de ahí que se mueva con soltura entre la novela costumbrista y social. Aquellos años, llenos de cambios políticos, acentuaron esa lucha de clases, y Caridad estaba en medio de ambos mundo, al igual que el reportero Martínez y su fascista amigo Ocaña. María refleja de manera fiel ambos mundos, para ello utiliza un cierto tono zarzuelero y costumbrista cuando describe a las clases sociales bajas. Adecuando el lenguaje a como lo utilizaba la clase baja, donde el humor y los ripios estaban presentes en todas las conversaciones. Sin embargo, cuando describe reuniones en el club, su lenguaje se torna selecto y culto. El contrapunto que consigue es muy efectivo y lúcido.

Ya hemos hecho mención a los muchos cambios políticos de la época. Por la novela discurren personalidades de la talla de Manuel Azaña, Pío Baroja, Unamuno, etc., además de todas las mujeres anteriormente mencionadas. En ambos mundos sociales se desenvuelve con aplomo Caridad hasta que salta la tragedia de nuestra Guerra Civil que daría al traste con instituciones como el Lyceum y muchas otras. La reivindicación política y social de aquellos años treinta saltó por los aires con la guerra, retrocediendo los derechos de la mujer hasta los inicios de siglo.

Esa tragedia da pie al drama que vivirá Caridad y su familia. También nos muestra cómo vivieron los evacuados del frente. En su caso hubo de marcharse a Valencia, como todos los políticos del gobierno. Así podemos ver cómo vivieron y cuál fue el retorno al hogar. María Pérez Herrero nos descubre el comienzo, el auge y la caída del feminismo y las libertades sociales a través de los ojos de esa costurera que valía para todo. Como siempre que leo un libro de la guerra civil, me queda un regusto de amargura por lo que pudo ser y no fue. Aun así, la novela de María me parece necesaria, oportuna y acertada. ¡Ojalá, hubiese más obras como ésta!

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