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10 de agosto de 2020, 1:57:24
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"La librera y el ladrón", una novela sobre el desconocido y fascinante mundo de los ladrones de libros

Por Berto Anión

La librera y el ladrón es una novela de acción y aventura, y repleta de conocimiento y revelaciones, que nos acerca a un mundo fascinante, el de los coleccionistas de libros antiguos, que atraviesa épocas y lugares.


Hay gente que ama tanto los libros que necesita robarlos. Y eso es lo que les ocurre a los protagonistas de La librera y el ladrón, una novela que es un auténtico cántico a la bibliofilia o, mejor dicho, a la bibliocleptomanía. Oliver Espinosa entrega una ópera prima que se enmarca en la larga tradición de la literatura sobre los ladrones de libros, al tiempo que ofrece a los lectores un thriller extraordinario en el que la cultura es la protagonista principal.

La librera y el ladrón cuenta la historia de Pol, un hombre que, tras pasar la adolescencia en reformatorios y tras formar parte de una organización de pequeños delincuentes conocida como la Banda de la Alcantarilla, se recicla como ladrón de libros antiguos. El salto de los robos en cafeterías al latrocinio en bibliotecas públicas, archivos históricos y librerías de viejo lo dará cuando, la Nochevieja de 1999, conozca a un anciano, Marcos, que compra libros baratos en los puestos del Rastro madrileño y los revende en tiendas de expertos con, en ocasiones, beneficios de un mil por ciento o incluso más. Pol quedará fascinado con la ingente cantidad de dinero que se puede sacar de un objeto tan absurdo –a su entender– como pueda ser un libro, y no dudará en pedir a Marcos que le instruya en el arte de detectar el valor de los manuscritos, las ediciones prínceps y los libros firmados.

Pol y Marcos no tardarán en unir la pericia para el robo del primero con los conocimientos culturales del segundo, y se lanzarán a recorrer varios países para adueñarse bien de volúmenes enteros, bien de páginas sueltas de códices o incunables. Después los venderán a un precio exorbitado y guardarán los beneficios para, en un futuro cercano, poder retirarse.

Pero, evidentemente, la historia no estaría completa sin la complicidad de una librera. Se trata de Laura, una mujer que heredó la librería de su padre y que ahora, ahogada por las deudas y acosada por los prestamistas, se ve obligada a vender la joya de su establecimiento: una copia manuscrita del primer canto del Inferno de Dante fechado en el siglo XV. Es un libro codiciado por mucha gente. Tal vez por demasía. Pero lo que Laura nunca podía imaginar es que la persona que se lo habría de robar sería el hombre a quien ama: Pol.

El ladrón y la librera, dos mundos opuestos y, a la vez, muy relacionados. ¿Había algo de irónico en su mutua atracción?

Con todo, antes de que Laura pueda pedir explicaciones a Pol sobre dicho robo, éste muere en un accidente aéreo, dejando como única herencia las instrucciones –en clave– para localizar una libreta tipo Moleskine en la que hay anotaciones manuscritas del mismísimo Albert Einstein. El deseo del ladrón era entregar dicha libreta a Laura para que pudiera saldar las deudas y para que le perdonara por haberle robado el Inferno. Pero no parece que la jugada haya salido demasiado bien. Porque hay otras personas interesadas en las anotaciones del científico alemán. Unas anotaciones que, según dicen, podrían contener la fórmula para la elaboración de un arma de ondas gravitatorias.

Así, tras la muerte de Pol, Marcos y Laura se unirán para desentrañar el misterio de la libreta desaparecida. Y, para conseguirlo, tendrán que plantar cara a una librera neoyorkina (Carla di Modica) que está dispuesta a pagar lo que sea por conseguirla y a un hombre misterioso que, según todos los indicios, pertenece al Mossad. Además, mientras siguen la pista de la fórmula secreta, descubrirán que tanto el Inferno que posee Laura como las otras dos partes de la obra de Dante (el Purgatorio y el Paraíso) que posee Carla di Modica, esconden un secreto que tal vez haga que posean un valor, tanto cultural como económico, mucho mayor del que suponen.

Pocas novelas destilan tanto amor a los libros como La librera y el ladrón. Pese a que uno de los personajes diga en cierto momento que ‘este no es país para coleccionistas’, lo cierto es que los protagonistas de esta ficción son la demostración de que todavía existe entre nosotros una pasión desmesurada por los libros. Una pasión que el autor demuestra sentir en todas y cada una de las frases que componen este thriller cultural de enorme calado.

Oliver Espinosa Sorensen (Barcelona, 1985) es licenciado en Derecho por la Universitat de València. Después de trabajar para algunos de los bufetes de abogados y consultoras más importantes de este país y para el Ministerio de Economía, pasó al sector hotelero.

En La librera y el ladrón habla con conocimiento, por diversas experiencias profesionales, sobre el desconocido y fascinante mundo de los ladrones de libros, coleccionistas y bibliófilos y sobre un mercado negro de grandes obras culturales mucho más tenebroso de lo que podemos llegar a imaginar.

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