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26 de septiembre de 2020, 5:26:32
CRÍTICAS


"Algún día. Obra poética en aragonés (1989-2000)", de Josep Carles Laínez

Lastura, 2019
Por Gregorio Muelas Bermúdez

Lastura publica en el Nº 139 de su colección “Alcalima”, que dirige con mano maestra la poeta Isabel Miguel, Algún día. Obra poética en aragonés (1989-2000) de Josep Carles Laínez, un volumen que, como reza en el subtítulo, recoge una parte esencial de la poesía del aedo valenciano escrita en aragonés, lengua romance propia de la región de Aragón. Una rareza, como él mismo reconoce en la Nota final, pues se trata de un rico patrimonio lingüístico geográficamente arrinconado en unos valles pirenaicos que, sin embargo, se encontró con él a una temprana edad dado el conocimiento que tenía de algunas palabras significativas que en realidad pertenecían a la fabla o aragonés común. Nos encontramos, pues, con una antología bilingüe seleccionada y traducida por el propio autor en una bella edición, al cuidado de Lidia López Miguel.


El volumen, que no alberga ninguna cita que coadyuve al lector, se abre con una extensa introducción a modo de prólogo de la escritora Rosa María Rodríguez Magda, que con el elocuente título “La poesía en aragonés de Josep Carles Laínez” hace un recorrido por la trayectoria del poeta, primero centrándose en su tiempo, perteneciente por edad y vocación a la que Douglas Coupland denominó Generación X pero en la que muy pronto destaca por su frenética creatividad en muy diversos ámbitos. La filósofa valenciana abarca desde sus primeras composiciones hasta un estudio en profundidad de su poemario más elaborado, Bel diya, que da título al conjunto. Rosa María Rodríguez Magda explora las innovaciones del escritor del Alto Palancia en la lírica en aragonés común, como el carácter urbano que impregna buena parte de sus versos, en contraste con el ruralismo típico de la Renaxedura, y sobre todo su lenguaje actual, “pleno de referencias internacionales”.

Como podremos observar, el autor centró su producción en los años noventa, en los que se dedicó a rescatar y remozar todo un género en una lengua minoritaria pero de una gran riqueza léxica, una encomiable labor de la que da buena cuenta este libro. Para esta antología Josep Carles Laínez ha escogido cinco poemas de En o gudrón espígol xuto / En el asfalto espliego seco (1991), tres de Fosal de brempas / Cementerio de sombras (1991), siete de Peruigilium veneris (1992), veintiuno de Bel diya / Algún día (1998), y seis de Del tiempo enrunau / Del tiempo sepultado (2000), su último poemario en aragonés hasta la fecha. Dada la importancia que tuvo en su momento la publicación de Bel diya, nos centraremos en analizar esta obra, con la que el autor obtuvo un accésit en la VIII edición del Premio “Ana Abarca de Bolea”.

Con este poemario Laínez engrosa su estilema y alcanza su madurez creativa. Comienza con “Molestias”, una composición de carácter crítico e irónico, que será en adelante el tono dominante, donde adelgaza el verso hasta la mínima unidad de sentido. Del verso de arte menor pasa a los decasílabos y tridecasílabos de “Entreacto”, donde pone el acento en el ritmo frenético de la vida moderna y sus fatales consecuencias. Precisamente será el adiós que inevitablemente prosigue a todo encuentro, el que impregne la mayor parte de los poemas, así sucede en una de sus composiciones más emblemáticas, “Una fotografía”:

Estos rostros que miras ahora con delirio

mañana solo serán fragmento estéril,

la vida que fenece en cualquier zarzal,

el adiós más solitario desde todas las ventanas.

Otro tema recurrente será la soledad, que encontrará su mejor expresión en los versos libres de “París”, “Tiempos de sida” y “Última sesión”, y que de alguna manera empapará la práctica totalidad de los versos. Pero tal vez sea en el poema homónimo, verdadero paradigma y que no por azar se sitúa en el corazón mismo del libro, donde Josep Carles Laínez sintetice los rasgos más distintivos de su peculiar estilo. Lo que no fue, lo que no será y lo que ha pasado son los estadios del amor, “una palabra que nace en la anochecida”, en su ideario, un amor que devendrá en dolor y que será el motivo principal del último tercio del poemario, donde las composiciones se dilatan tanto en el número de sílabas como en el de versos, como si pretendieran atrapar con las palabras ese tiempo que “ya no es el mismo”.

En definitiva, Josep Carles Laínez hace en Algún día un recuento de un período crucial de su producción literaria y que le llevará a la reivindicación de una modalidad lingüística próxima a la desaparición y cuyo conocimiento debe en gran parte a su familia. Un decenio no es poco y este volumen recoge lo más granado de un autor comprometido cuya aportación es merecedora de elogio. Que “el beso que ofrecimos a la nada en los lindes del adiós” no caiga en saco roto.

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