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29 de noviembre de 2020, 0:15:55
LITERATURA


Juego de infancia

Por Gustavo Gac-Artigas

Esperamos la vacuna como se esperaba el maná, para unos un alimento, para otros un poder sobrenatural con virtudes curativas, anticuerpos para el cuerpo, esperanza para la mente.


El virus, más terrenal y práctico, evoluciona, y rápidamente, su maná son nuestros cuerpos, su enemigo nuestras defensas, defensas rápidamente creadas, con urgencia creadas, débiles defensas, líneas Maginot frente al avance de la nueva peste.

Salidos del primer contagio aquellos que salieron, buscando el primer contagio aquellos que se creen invencibles, jugueteando con la muerte los buscadores de fortuna, el coronavirus pasó a ser pan de todos los días. Nos acompaña en casa, en el supermercado, en lo que nos queda de vida social, en el baile de la muerte.

Aprendimos a detectarlo. En un juego de niños, algunos juegan a yo te toco y tú la llevas y salen corriendo, tú me tocas, yo la llevo, y te persigo, y la espiral de la vida o de la muerte abre sus puertas, escojan, yo la tuve, soy inmune, tú me tocas, yo me enfermo.

La vacuna pondrá fin al juego, pensamos, y regresaremos a la normalidad –el virus lleva en sí su propia muerte–, el juego termina cuando nos cansamos del yo te toco, tú me tocas, yo lo llevo, tú lo llevas y en ese juego de niños no hay ganadores, hay perdedores, nadie sale bien librado, nadie sabe cómo se sale, cuáles son las reglas del juego.

Nos creemos invencibles y la peste se ríe de nosotros. “No aprenden, los humanos no aprenden. Yo puedo cambiar, de hecho cambio, cambio de un cuerpo a otro, cambio de una temporada a otra, estoy aquí para seguir jugando, quiero seguir jugando, soy la única que conoce las reglas del juego, yo te toco, tú me tocas, yo te infecto, tú me infectas, tú eres tú y no cambias, yo soy el río que se sale de su cauce, la fuerza que remece los cimientos de tu casa, yo soy quien aprende la lección y cambia, tú, tú eres mi maná.

No te toco, no te infecto, no me tocas, no me infectas, no te hablo, me defiendo, no me hablas, te defiendes, no salgo, tú no entras, ¡gané!”

La peste nos mira y sonríe. “No aprenden”, dice, “el que se aísla es presa fácil, tú te aíslas y tu mente absorbo puesto que, aunque no lo creas, yo tampoco cambio, muto, me demoro en mutar, pero no cambio, no necesito cambiar puesto que tú no cambias.

Y por los siglos de los siglos seguiremos jugando, yo te toco, yo te infecto, tú me tocas, tú me infectas, en este juego de nunca acabar.

¿Jugamos?”

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey, EE UU.

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